Cero en Comunicación y/o Educación Cívica para la AFIP

La segunda parte de la consigna falta del banner diseñado para la Web.
Falta la segunda parte de la consigna en este ‘banner’ diseñado para la Web.

“Registrá a la persona que trabaja en tu casa, dale derechos” es la consigna de la campaña de concientización ciudadana que la Administración Federal de Ingresos Públicos anunció en octubre pasado a través de su publicación digital, Diálogo Fiscal. La brevísima gacetilla de prensa invita a mirar los tres spots audiovisuales que, como las versiones gráficas y radial (¿no así online?) de esta iniciativa, tienen el tino de apostar a la dualidad del verbo “registrar” en tanto sinónimo de “inscribir” y de “reconocer”, pero cometen la imperdonable falta comunicacional y/o de formación cívica que confunde la acción de “dar” con la de “respetar” (u otra vez “reconocer”).

El desacierto institucional inspira al menos tres hipótesis. La primera señala la irrupción de un acto fallido, que Sergio Sinay describió en su sitio web y que seduce a los detractores del Gobierno. Desde esta perspectiva, la campaña de la AFIP revelaría la verdadera ideología kirchnerista, que promueve la concesión de derechos siempre y cuando los beneficiarios paguen con algo a cambio: militancia, obsecuencia, subordinación, silencio, enumera el autor de las reflexiones ontológicas que La Nación publica en su revista dominical. Luego remata: “Así han gobernado, así ven el mundo”.

En el polo opuesto de aquella interpretación, la segunda hipótesis seducirá a los compatriotas kirchneristas que se resisten a admitir errores, contradicciones, desmanejos en la actual gestión. Según este análisis, los autores de la campaña habrían entendido que la mejor estrategia para ganarse al destinatario -es decir al prototipo del patrón- consiste en interpelarlo con su propio discurso. En otras palabras, se trata de hablar su mismo idioma para que siga sintiéndose dueño -y por lo tanto administrador- de los derechos de sus empleados. Antes que educarlo (o recordarle que debe cumplir con sus obligaciones de empleador) importa convencerlo sin violentarlo, es decir, conservarle cierta ilusión de superioridad y de autoridad para que acate la Ley.

Curiosamente esta hipótesis comparte con su predecesora el reconocimiento de una mentalidad, aquélla que Sinay personaliza en su texto: “no creen en los derechos, (sino que) hay alguien que es más que el otro” y en el mejor de los casos ese alguien da porque quiere o le conviene, y no porque deba o le corresponda hacerlo. La diferencia radica, por un lado, en la identificación de los dueños de esa mentalidad (los “populistas y autoritarios” para el columnista de La Nación Revista; el patrón o empleador promedio en el imaginario de quienes respaldan el trabajo de los autores de la campaña). Por otro lado, también cambia la calificación de la estrategia comunicacional: fallida y a la vez sintomática de un gravísimo defecto enmascarado; pertinente pues busca dar en el clavo sin levantar la perdiz.

La tercera hipótesis deriva de la opinión crítica que algunos entendidos y legos en la materia tenemos sobre la estrategia comunicacional del oficialismo (aunque relacionados con otros temas, vale citar a modo de ejemplo este llamado de atención de Eduardo Aliverti en Página/12 y esta invitación al debate de Washington Uranga en el mismo diario). Desde este punto de vista, la campaña de la AFIP constituiría otro ejemplo de impericia, si se quiere retórica, que revela -no la mentalidad autoritaria y mafiosa que denuncia Sinay- sino la ignorancia de quienes desconocen que, en un Estado de Derecho, ningún ciudadano (por más empleador que sea) tiene la potestad de otorgarle o quitarle derechos al prójimo.

Desde esta perspectiva, la falta también es grave pues alimenta la creencia de que el empleado doméstico es un sujeto pasivo, a merced de la buena voluntad de su patrón que “da”, esta vez porque el Estado se lo pide. La consigna de la AFIP subestima tanto la Ley y/o sobreestima tanto al patrón que evita toda alusión al cumplimiento cívico de una obligación y al eventual reclamo del empleado cuando su derecho (a estar en blanco) no es respetado.

Por si hiciera falta alguna otra prueba, los protagonistas de los tres spots que Diálogo Fiscal subió en octubre pasado (una mucama, un jardinero, una niñera) no protestan ante el ninguneo de sus empleadores. Al contrario, reaccionan con sentido del humor ante el destrato representado como distracción inofensiva y por lo tanto libre de sanción. 

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Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

19 thoughts on “Cero en Comunicación y/o Educación Cívica para la AFIP

  1. En realidad el evasor fiscal no debería ser persuadido para que cambie su conducta, sino solamente denunciado y perseguido. En ese sentido sería inobjetable un spot que – por ejemplo – mostrara a una trabajadora de servicio domestico quejándose ante sus empleadores porque al estar en negro no tiene obra social y no puede acceder a servicios médicos. El empleador le contesta: Bueno querida, pero te tratamos bien, y ella responde – Explíquelo en el Ministerio de Trabajo, ya hice la denuncia. Final, una voz en off dice “No nos explique nada, tratar bien a sus trabajadores es respetar la ley”

    Me imagino que en ese caso Sinay denunciaría la violencia creciente del discurso kirchnerista y su desprecio por las redes interpersonales que se tejen en los hogares entre las familias y sus queridas muchachas, cuando no la vocación de acabar con esos vínculos y con la armonía de esos hogares, porque así son ellos.

    Lo que a mi me parece, María, es que siempre a los evasores fiscales en las campañas publicitarias se los trata amablemente. Se los invita a cambiar, se les dan facilidades, planes, blanqueos, oportunidades nuevas, mimos para que respeten la ley.

    Tal vez porque sería demasiado hipócrita e irritante tratarlos como delincuentes cuando el mismo estado (municipal, provincial, federal, todos…) toma durante años personal tercerizado o con contratos que encubren relaciones de dependencia, o porque el personal de la agencia de publicidad que diseña la campaña tiene parte de su sueldo en negro y – sobre todo, como vos ya estarás pensando – porque la publicidad está dirigida a la clase media y media alta a ella y siempre se la trata bien.

    Carlos Tacchi – un Secretario de Ingresos Públicos menemista – dijo en los 90 “Voy a hacer mierda a los evasores”, y la frase tan correcta en términos jurídicos (¿Qué otra cosa se debe hacer con los que infringen la ley?) sirvió para que lo ridiculicen y lo ataquen como a un loco violento.

    En fin, creo que en el caso que analizamos la agencia siguió las líneas habituales de la publicidad, en el marco de tu segunda hipótesis, y me parece que hablar de impericia comunicacional es tener un concepto muy elevado del gobierno.

    Yo creo que es un spot para las clases media-media alta (o sea ellos, los publicistas, los funcionarios, todos) y nadie piensa en agredirlos. Efectivamente el mensaje es que pueden “dar” un beneficio, no que son infractores pasibles de sanción penal.

    Que va cerle, es lo que me parece a mi.

  2. Hola! No ví los spots, pero trabajé en publicidad. Dudo mucho que las piezas comunicacionales hayan sido objeto de semejante análisis, y mucho menos del parte del cliente, que es la Afip. Es muy común que se trabaje contra reloj, que se presenten las ideas para la campaña a las 3 de la mañana, que los creativos tengan 20 años, y el equipo (seguro que son muchos) debieran entender de comunicación en Afip no la tengan, y observen las piezas al modo de Facebook: me gusta o no me gusta. Puede que me equivoque, pero…..
    Un beso
    STella

  3. Estamos de acuerdo, Jorge, en que el Estado argentino tiene la costumbre de tratar amablemente a los evasores (en parte porque él tambien infringe la Ley). En términos comunicacionales, es impensado el spot que imaginás y, fuera de toda especulación, vale recordar el escándalo que provocó la Presidenta de la Nación cuando a mediados de 2012 aprovechó un discurso en cadena nacional para escrachar al empresario Jorge Toselli. Ahora bien, lejos de reclamarle a la AFIP una campaña agresiva, este post apenas pide cierta precisión retórica: dicho de otro modo, no creo que el slogan “Registrá a la persona que trabaja en tu casa, respetá sus derechos” resulte especialmente provocador e indigesto. Por eso creo más bien en la hipótesis de la impericia.

    Nunca trabajé con la AFIP, Stella, pero sí tengo experiencia profesional en el ámbito de la comunicación institucional al servicio del Estado. Te puedo asegurar que a veces irrita el excesivo cuidado que suelen tener los funcionarios a la hora de elegir palabras y expresiones por miedo a desvirtuar el mensaje que se quiere transmitir y/o por temor a dejar picando una pelota que alguien podría patear en contra. Por lo tanto, no estoy tan segura de que la falta de esta campaña se origine exclusivamente en el trabajo contra-reloj. Quizás haya habido un poco de eso, pero un profesional con mejor manejo del lenguaje sabe distinguir conceptos básicos por más que el tiempo lo apure.

    Gracias por sus comentarios. Un saludo a ambos. 😉

  4. María: creo que subestimás a un estado que ha dado muestras claras de saber lo que quiere decir, cuándo y a quién. De no haber sido así no serían gobierno desde hace rato, y fijate que ganaron 3 elecciones con la “impericia” comunicacional que mencionás.
    El tema es más profundo que tu planteo. DERECHOS tenemos todos, eso nadie lo duda en un sentido teórico y para los libros, pero a una persona que trabaja en casas de familia esto no le es tan familiar, entonces creo que lo que se quiso decir con esta campaña es que el poder de darlo está en el empleador, en forma metafórica, no literal.
    El “malo” es el empleador. No nos podemos quedar en una discusión semántica sobre la forma en la que hay que decirlo como para quedar bien con las teorías, porque a veces hay que hacer ruido y ser más prácticos. No creo que todo deba ser correcto en la comunicación y mucho menos cuando se trata de temas delicados como este: gente que NO TIENE DERECHOS porque el empleador no se los da. Efectivamente: NO LOS TIENE. Teóricamente sí, obvio.

    Tomi – Publicista

  5. Bienvenido a Espectadores, Tomi, y gracias por el comentario. Una pequeña digresión antes de responderlo: me causa un poco de gracia la doble reacción que provoca la expresión “impericia comunicacional”. Para Jorge, revela una sobreestimación del Gobierno. Para vos, una subestimación “del Estado” (prefiero seguir hablando de “Gobierno” para no confundir los tantos).

    Ahora sí, algunas observaciones en respuesta a tu comentario.

    1) Me resulta algo reduccionista explicar las últimas victorias electorales del kirchnerismo a partir de la comunicación formal, es decir, a partir de la elaboración de campañas institucionales más o menos efectivas. No quisiera extenderme en este punto porque terminaría yéndome por las ramas, pero básicamente creo que el kirchnerismo se ha mantenido en el poder porque sabe renovar el contrato de representatividad con su electorado, a partir de políticas públicas que mantiene y extiende en el tiempo. En todo caso, creo que la comunicación “informal” (llamémosles así a los discursos de la Presidenta, a la organización de actos públicos, a la difusión boca-a-boca a cargo de la militancia rasa, a la agenda mediática alternativa que el periodismo tildado de “oficialista” construye a diario) ha contribuido mucho más que las campañas formales. Ni hablar de la oposición cuyos defectos también juegan a favor de cierta adhesión K.

    2) Tampoco estoy de acuerdo con equipar compañas proselitistas y campañas de información/concientización como ésta de la AFIP. Dicho mal y pronto, las primeras están más cerca de la publicidad comercial porque buscan vender un producto (un candidato en este caso) en un tiempo acotado, mientras las segundas tienen más bien una misión pedagógica (educar a la ciudadanía sobre tal o cual derecho u obligación) a largo o mediano plazo.

    3) Estamos de acuerdo en que muchos empleados domésticos desconocen sus derechos laborales, y en que es necesario concientizarlos al respecto. Pero la campaña de la AFIP interpela al patrón, no al empleado…. Y si esta estrategia es un tiro por elevación a favor del empleado, entonces se revela todavía más aberrante: ¿cómo vas a concientizar a partir de una falacia?, ¿cómo vas a decirle a la mucama, al jardinero, a la niñera que efectivamente tiene derechos… porque el patrón se los ‘da‘? En todo caso hay que decirles que efectivamente tienen derechos, y que el patrón ‘debe respetarlos’.

    4) Metáfora y falacia son cosas muy distintas.

    5) Nadie pretende quedar bien con la teoría, Tomi. Se trata de comunicar de manera efectiva. En este caso, se trata de reemplazar un solo verbo. Si la consigna de la AFIP fuera “Registrá a la persona que trabaja en tu casa, respetá sus derechos”, entonces -además de recordarle al patrón que debe cumplir con sus obligaciones como empleador- combatiría el desconocimiento de los empleados domésticos por partida doble: por un lado les avisaría que son sujetos de derecho, por otro lado les dejaría en claro que estos derechos existen por Ley, independientemente de la buena (o mala) voluntad del patrón.

  6. El problema de ponerse del lado de los buenos justamente es ése: hay que ser bueno. Conozco una maestra jardinera estatal que cobra una parte de su sueldo en blanco y la otra parte en negro. Si a esto sumamos las maniobras millonarias fraudulentas por parte de representantes del gobierno (que son propias de todo gobierno, pero éste justamente pregona ser de los buenos), llegamos a la conclusión que la campaña es un chiste.

    Llevado esto al terreno de las cuidadoras de ancianos -que es el tema que más cerca tengo-, las familias terminan optando por los geriátricos, donde no refuerzan el personal (y por lo menos en la provincia de Buenos Aires nadie inspecciona), y las cuidadoras quedan con derechos, pero sin trabajo.

    Que me sea leve!!!
    Stella

  7. Stella, tu comentario me hizo recordar a mi abuela materna, que solía decir “no sólo hay que ser bueno; también hay que parecerlo”: digamos que vos invertís el orden de los factores… Al margen de este paralelismo, me pregunto si existirá algún Gobierno -en la Argentina y en el extranjero- que, retomando tus palabras, no pregone “ser de los buenos”.

    No sé si la maestra jardinera que mencionás trabaja en una escuela pública nacional, porteña, bonaerense o de algún otro distrito. Por lo tanto tampoco sé a qué gobierno malo (o que no está del lado de los buenos) te referís. En cambio, sí sé que Scioli, Macri y los demás gobernadores están tan convencidos como Cristina de que sus respectivos gobiernos figuran en la lista “de los buenos” o, en otras palabras, en la lista de los gobiernos sensibles/atentos a las necesidades del pueblo (o de la gente según quien pronuncie el discurso).

    Me explico mejor… Cristina, Scioli, Macri están convencidos de gobernar a favor de los buenos, y sin embargo gobiernan de manera muy distinta. Aunque apenas representativa, esta muestra debería bastar, por un lado, para relativizar el peso de la autopercepción gubernamental cuando tratamos de analizar/evaluar una gestión y, por otro lado, para prescindir de las categorías “buenos” versus “malos”… salvo cuando hablamos de historietas y películas de superhéroes (y villanos) o cuando recordamos a alguna abuela.

    Porque confía en el rédito que le da el clientelismo (tal como sugiere Sinay) o porque de verdad le interesa combatir el trabajo en negro (tal como sostiene Tomi), lo cierto es que el actual Gobierno fue el que impulsó y consiguió la aprobación del Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Casas Particulares. Este Gobierno que dice estar con los buenos, y no sus predecesores que se arrogaban (y quizás poseían) otras virtudes.

    Con este antecedente en mente, critico la campaña de la AFIP. Si fueras una ciudadana extranjera que acaba de llegar a la Argentina, te explicaría mi indignación de la siguiente manera: “justo esta administración que tiene el mérito de haber reconocido -por Ley, no de palabra- los derechos de los empleados domésticos lanza una campaña de concientización que dice que a estos derechos los ‘da‘ el patrón”.

    A mi entender, la contradicción flagrante está ahí, no en el contraste con una característica estructural del Estado argentino (me refiero a la condición de empleador en falta permanente), atribuible no sólo a todos los gobiernos que nos tocaron en suerte (incluida la actual administración K) sino también a una porción importante de nuestra ciudadanía.

    Esta respuesta excede ampliamente el análisis de la campaña de la AFIP; no quisiera extenderme mucho más. Me permito, sin embargo, la siguiente última observación sobre tu frase “las cuidadoras quedan con derechos, pero sin trabajo”…

    Por un lado cabe preguntar porqué estos empleados pierden su trabajo justo cuando el Estado exige por ley que los derechos de estos mismos trabajadores también sean respetados. Por otro lado, sugiero escaparle a la tentación de elegir entre una y otra alternativa, y de llegar a la conclusión de que conviene tener trabajo sin derechos antes que derechos sin trabajo. Si nos dejáramos llevar en ese sentido, correríamos el riesgo de terminar minimizando -e incluso justificando- el trabajo en negro.

    Un saludo, Stella, y perdón por el choclazo. 😳

  8. Qué nivel de comentarios !
    Una nimiedad lo mío .
    Si bien este gobierno logró q se hagan ley algunos derechos q no teníamos llegalizados les obvio
    q los votantes ya han olvidado q hace diez años esos derechos no eran ley y es más ni siquiera recuerdan las luchas previas para poder hacerlo ley .Digo esto y pienso en las leyes de matrimonio igualitario por ejemplo
    La lley de personal doméstico es distinta porq sorprendió y se mira c recelo más como obligación q como beneficio Cuesta mucho entender la ley .para ambos sectores.”Más lío te dicen y más plata para la AFIP menos para mí ” te dicen los empleados/as .El verbo” dar “creo, hace hincapié en esto ;es el empleador quien tiene q “dar “sin sacar nada ,
    Creo q respetar es mejor que dar, pero mejor es” Luchá para q te Registren “

  9. Es cierto, Mabel. Hay empleados que entienden que la Ley les juega en contra un poco porque, retomando la observación de Stella, temen que el patrón prefiera echarlos antes que blanquearlos, otro poco porque consideran que los trámites correspondientes son engorrosos y le complican la vida al empleador (lo cual, sin llegar al despido, puede afectar la relación laboral entre ambos). Por otra parte, conozco una empleada que prefiere seguir en negro porque no quiere perder la asignación universal por hijo (sospecho que éste no es un caso excepcional).

    En contra de lo que suele pensarse, el Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Casas Particulares no puso contentos a todos sus beneficiarios. Ojo, con la Ley de Matrimonio Igualitario, pasó lo mismo: algunas personas homosexuales la consideran una trampa del Estado para aumentar su afán por normativizarlo todo, en detrimento de la vida privada de los ciudadanos.

    Todos estos casos revelan la necesidad de una buena campaña de concientización en torno a los términos “derechos” y “obligaciones”, algo que los argentinos solemos confundir y/o comprender de una manera muy personal.

    PD. Aprovecho este comentario para responder tu tweet: Espectadores publicará el lunes o martes próximo la reseña sobre El lobo de Wall Street. 😉

  10. Yo tengo la sospecha de que la AFIP tiene cierta independencia comunicacional respecto al gobierno. No quiero decir que no estén en línea, pero percibo diferencias entre la imagen/gestión cotidiana de la AFIP con respecto a otros organismos oficiales. Como contraposición me viene a la mente ANSES, el más importante y visible, pero hay muchas otros.
    Hay algo obvio, y es que la AFIP existe desde hace mucho, es el famoso recaudador de impuestos, es una entidad “monstruo” burocrática que va a seguir estando y trabajando más o menos parecido bajo cualquier signo político. Si bien está claro que las políticas impositivas pueden ser muy diferentes según quién dirija el Poder Ejecutivo, no es una agencia de acción social, si no de recaudación, y su “cliente” es el empresariado, no el trabajador. En esa trampa se encuentra encerrado el monotributista (aquí va mi catarsis personal, aunque no venga al caso) que suele ser un trabajador camuflado, rindiendo cuentas a la AFIP que no tiene ninguna amabilidad para responderte ni facilitarte la vida.
    Pienso en la imagen del director de la AFIP, en sus campañas publicitarias (me acuerdo de aquella poco feliz de “Don Carlos”), en sus trámites “kafkianos”, en el maltrato que uno siente al enfrentarse a algunos de sus representantes que recuerdan a la empleada pública de Gasalla, en sus servicios web que son complicados y confusos hasta para un contador experto… todo eso me hace sentir que la AFIP es un ente no del todo alineado con la imagen del kirchnerismo.

  11. Jorge, comparto en general tu comentario (al igual que las ideas que expresa María en este post), pero disiento con esa idea genérica (aunque sea teórica) de que al que infringe la ley hay que “hacerlo mierda”. Creo que todos coincidimos en que el castigo dependerá de cuál sea el delito y su gravedad. “Hacerlo mierda” suena al castigo más severo siempre, por principio.
    A mí no me gustan las campañas que apelan a esa idea, a la visión despersonalizada del delincuente. Suena muy lindo como discurso, pero yo sé que vos lo decís pensando en el gran evasor, pero en esa política va a caer el kiosquero que no pagó 2 cuotas del monotributo, por ejemplo (entiendo que hablamos del tema impositivo, pero podría aplicarse al ladrón de gallinas).

  12. Stella, el caso de la maestra jardinera estatal que mencionás, ¿no será que cobra una parte “no remunerativa”? Digo porque es frecuente que se confunda eso con “cobrar en negro” y no es lo mismo. Veo muy difícil que alguien cobre algo del Estado en negro. Eso no quita que hay un reclamo válido, es que todo lo que cobra un empleado debe ser remunerativo, pero no hay que confundir.
    María, el hecho de que efectivamente el Estado tenga empleados en relación de dependencia encubierta no creo que tenga ningún efecto en una campaña publicitaria, aunque eso sea considerado hipócrita por parte nuestra. Creo que la publicidad oficial y las políticas concretas van por caminos de gestión muy diferentes, aunque en la práctica puedan resultar en línea o no, dependiendo de cada gestión circunstancial. Justamente es como vos decís en otro comentario: todo gobierno se considera “bueno y honesto”, más allá de cómo lleve a la práctica su gestión. Nadie imagina un gobierno que hiciera una campaña publicitaria así: “Señor contribuyente. la verdad es que no podemos exigirle que pague sus impuestos porque nosotros también afanamos, así que sólo le pedimos de onda que haga un esfuerzo y trate de pagar lo más posible”.

  13. ¡Hola Aberel!

    Escribo las siguientes notas sueltas, en respuesta a tus comentarios.

    1) Aunque el Gobierno nacional tiende a concentrar las decisiones de comunicación en la figura de la Presidenta, de algunos ministros (Áxel Kicillof y Julio De Vido por ejemplo) y de la Secretaría de Comunicación Pública, las dependencias tienen cierto margen de autonomía, administrado a juicio del titular correspondiente. De ahí los matices que señalás.

    En este caso, la AFIP debe haber recibido la instrucción de apuntalar el blanqueo del personal doméstico. A partir de ahí, el organismo habrá encargado a su propia área de comunicación institucional o a terceros la elaboración de la campaña que aquí criticamos. En esta instancia se produce el mayor o menor alineamiento con el discurso central.

    2) Creo que los organismos recaudadores son antipáticos en todos los países. Apelo a tu cinefilia para recordar la (mala) fama que las películas Más extraño que la ficción y Atrápame si puedes le endilgan a la IRSS norteamericana. Si vas a Francia, más de un galo estará dispuesto a contarte cuán perversa es la DGPiP.

    3) Fue Jorge quien esgrimió el argumento sobre los empleados públicos en negro. A riesgo de reiterarme, insisto en lo que escribí tras la segunda intervención de Stella: critico la campaña de la AFIP con el antecedente de la aprobación del Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Casas Particulares en mente, no con la inconducta histórica de nuestro Estado.

  14. Hola! Creo que en el imaginario de la población ya está instaurada hace rato la oración que mencionás: “Señor contribuyente. la verdad es que no podemos exigirle que pague sus impuestos porque nosotros también afanamos, así que sólo le pedimos de onda que haga un esfuerzo y trate de pagar lo más posible”.

    Y como se repite la desviación de fondos estatales a cuentas privadas (por más ideología humanista que se embandere): no hay educación de calidad (el contribuyente que puede paga escolaridad privada), no hay buena salud pública (el contribuyente que puede paga una pre-paga), no hay buen transporte público (el contribuyente que puede contrata a una combi, se compra un Renault 12, lo que sea). Por eso cada tanto surge el reclamo que ya habrán escuchado: “Que todos los empleados estatales -desde el Presidente hacia abajo- concurran a hospitales públicos y eduquen a sus hijos en escuelas públicas”…..

    Con respecto a la maestra jardinera y su cobro, recibía dinero que no figuraba en su recibo de sueldo. Si la encuentro, tendría que preguntarle exactamente el concepto.

    Hasta luego
    Stella

  15. Stella, muchos de los argentinos que hoy le exigen a nuestro Estado educación, salud, transporte de calidad, en los ’90 celebraron la privatización de los servicios públicos y miraron con sorna las marchas en defensa de la educación y la salud públicas. En general, los padres y abuelos de estos mismos compatriotas aplaudieron la destrucción y/o vaciamiento de escuelas y hospitales públicos que la denominada “Revolución Libertadora” llevó adelante en 1955 de manera violenta y que gobiernos sucesivos prolongaron de una manera más bien solapada.

    Sé de tu reticencia a relacionar el presente con el pasado, pero me parece importante recordar esto para señalar el doble discurso de quienes postulan el reclamo que mencionás. Es más, esta misma porción de compatriotas que se rasga las vestiduras por el desvío de fondos estatales a cuentas privadas hoy no reconoce o descalifica la inversión de fondos estatales en iniciativas públicas como la Asignación Universal por Hijo o el aumento del presupuesto destinado a la educación. Para ellos, el Gobierno que invierte el dinero de los contribuyentes en obra pública y/o en programas sociales hace clientelismo para perpetrarse en el poder.

    Aprovecho tu respuesta a Aberel para recordarte mi pregunta sobre la maestra jardinera que mencionaste en tu segundo comentario: ¿trabaja en una escuela pública nacional, porteña, bonaerense?

    ¡Un saludo!

  16. Hola! Esta maestra jardinera trabaja en una escuela pública del Partido de Pilar.

    A mí me parece que la gente valora los servicios de calidad, y ahí los paga. No creo que se alineen ideológicamente para aplaudir o bajar el pulgar a una medida: si un servicio estatal es ineficiente y te tratan mal, entonces suponen que uno privado va a funcionar mejor, porque detrás hay alguien al que le importa lo que está pasando, y si un empleado es negligente, no ocupará ese espacio. Eso es lo que deducen, no significa que eso se cumpla (porque ahí debiera entrar un férreo control estatal, sin corrupción mediante).

    Tiempo atrás observé en Capital, en la 9 de Julio, una gran cantidad de combis privadas esperando para partir hacia provincia. El pasaje suele ser mucho más caro que el del transporte público, sin embargo ahí estaba la cola de gente esperando para viajar……Me parece que así es todo…..

    Hasta luego
    Stella

  17. Gracias por tu respuesta, Stella… Ayuda a ser más precisos a la hora de argumentar. Cuando empezamos a intercambiar opiniones, estábamos hablando del Estado (también del Gobierno) nacional y parecía que el ejemplo del recibo de la maestra jardinera ilustraba la inconducta patronal de ese Estado/Gobierno. Ahora falta saber si esa porción de sueldo es efectivamente en negro o, como advierte Aberel, se trata de un suplemento no remunerativo; entonces podremos seguir evaluando al Estado/Gobierno… bonaerense.

    Me resulta artificioso separar las constataciones hechas en la vida cotidiana (la elección de las combis privadas antes que el transporte público) del contexto general y de los antecedentes de ese contexto. Las deficiencias en los servicios públicos de transporte, salud, educación y la inoperancia del Estado argentino a nivel nacional, provincial, distrital no nacieron por generación espontánea, tampoco por obra de los funcionarios que roban (quizás convenga recordar que no todos lo hacen).

    Me parece, más bien, que hubo una seguidilla de gobiernos de facto y elegidos en las urnas que convencieron a buena parte de la ciudadanía de que “el Estado no sirve para nada” (o para todo lo malo que podamos imaginar) mientras vaciaban ese Estado y/o lo convertían en una especie de idiota útil al servicio de intereses privados nacionales y extranjeros (algo bastante más nocivo que el funcionario que coimea en beneficio propio). Para estos mismos gobiernos y estos ciudadanos, cualquier intento de reconstrucción del Estado y de los servicios públicos constituye un avance intervencionista que pone en peligro las libertades individuales y que apuesta al clientelismo como estrategia para retener el poder.

    Desde esta ideología, exigir un Estado eficiente corre el riesgo de provocar la reaparición o consolidación de los peores defectos del Estado: su pretendida naturaleza coimera, ladrona y/o tirana. Entonces, mientras se pueda pagar un servicio alternativo, se lo paga. Es la única manera de convivir con una realidad irreversible pues, se sabe, nosotros no somos países probos ni serios como Suecia o Dinamarca, donde el Estado y sus servicios sí son de calidad (ojo: el ejercicio ciudadano, también).

  18. María, totalmente de acuerdo en todos los items. Efectivamente los recaudadores de impuestos son antipáticos en todas partes, sin dudas. Pero eso no me lleva a pensar que no hay que cobrar impuestos, todo lo contrario.
    Lo que pienso es que estos organismos son grandes nidos de burócratas (somo otros, seguramente) que no les debe importar mucho qué gobierno circunstancial los dirija, o a quién tienen que perseguir. El personaje de Tom Hanks era un poco eso: tenía una obsesión por cumplir con su trabajo, como un policía. De hecho creo que la AFIP es una “agencia”, como la policía también lo es. Son esas entidades cuya subordinación no me queda muy clara.

  19. Estamos de acuerdo, Aberel…

    Una pequeña corrección: en Atrápame si puedes, el personaje de Tom Hanks es agente del FBI, un investigador especializado en estafas. La IRSS aparece representada de manera indirecta, a partir de la persecusión tributaria que arrincona al padre del protagonista.

    Me permito señalar esto a tono con el paralelismo que trazás entre los organismos recaudadores y la policía. Aunque de manera distinta, ambas instituciones cumplen un rol controlador y punitivo al servicio del Estado; de ahí su naturaleza más bien conservadora o poco sensible a los cambios de gobierno.

    Dicho esto, creo que la AFIP actual no es exactamente igual que la DGI del Proceso o la del menemismo. Con esto no estoy negando los mecanismos perversos que sin dudas siguen existiendo, pero sí creo que antes la cosa era todavía peor.

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