Gravedad, de Alfonso Cuarón

Otra vez esa palabra: pesado. ¿Por qué las cosas son tan pesadas en el futuro? ¿Acaso existe algún problema con la gravedad?»

Así le contestó el Dr. Emmett Brown a Marty McFly cuando éste comentó cuán pesada (léase indigesta) le resultaba la constatación de que había enamorado a su propia madre en ese inolvidable viaje al pasado que convirtió a Volver al futuro en parte de un cine sin fecha de vencimiento. Pasaron casi treinta años desde el estreno de la comedia de Robert Zemeckis, y sin embargo el recuerdo de este parlamento irrumpió en la mente de quien suscribe, apenas terminó de ver Gravedad de Alfonso Cuarón.

La película que el director mexicano co-escribió con su hijo Jonás (y con alguna que otra sugerencia narrativa del también actor co-protagónico George Clooney) parece validar la inquietud del científico loco que Christopher Lloyd encarnó a mediados de los años ’80. Por lo pronto, si la gravedad nos resultara indiferente en este presente que alguna vez fue futuro, difícilmente se habría convertido en título de una película tan promocionada, tan vista, tan nominada/premiada y tan bien reseñada por gran parte de la crítica profesional (incluso la nuestra).

En realidad, el gran tema/conflicto/desafío es la ausencia de gravedad. Para magnificarlo, y de paso asegurar la atención del espectador, los Cuarón apuestan al sentimiento de identificación que en principio despierta -no un astronauta avezado como suele suceder en los thrillers espaciales- sino una científica apenas entrenada en materia de supervivencia extraterrestre (mujer, tenía que ser), despojada de los co-equipers que la acompañaban en la misión, y sometida a diversos incidentes/accidentes que la colocan al borde de la muerte (desde una reserva de oxígeno que disminuye inexorablemente hasta dos tormentas de esa basura tecnológica que envuelve a nuestro planeta).

La Dra. Ryan Stone (nótese el nombre de varón y el apellido alegórico) las tiene todas en contra, pero cierta fuerza y templanza (masculinas) y la dureza de una piedra/roca a favor. Esta caracterización primaria basta para adivinar qué suerte correrá la protagonista y, por lo tanto, para adosarle de antemano y sin temor a equivocarnos la etiqueta de survivor (sutantivo que los norteamericanos valoran tanto). Sin embargo, los Cuarón ajustan todavía más la tuerca de la obviedad y refuerzan la condición heroica del personaje a cargo de Sandra Bullock con el antecedente de una tragedia familiar irremontable para la mayoría de los mortales pero que a ella la fortalece todavía más.

Admitamos que el final es la parte que menos importa en Gravedad. Asumamos que el atractivo de este largometraje se relaciona con su capacidad para sumergirnos en un espacio exterior más tangible e inhóspito que las versiones de Stanley Kubrick en adelante. Concedamos que éste es el mejor simulador cinematográfico en décadas y que padre e hijo guionistas nunca tuvieron la intención de contar una gran historia (de hecho, eso sugiere esta entrevista concedida a la versión digital de la revista Esquire en noviembre pasado).

De ser así, cuesta todavía más digerir los parlamentos cancheros en boca del astronauta que encarna Clooney y las posteriores réplicas en boca de la Dra. Stone. Tal vez porque nunca viajamos al espacio, algunos espectadores lo imaginamos incompatible con los chistes y anécdotas simpáticas que cuenta el verborrágico e insoportablemente superado Matt Kowalski (repasemos, de paso, cuántos Kowalski hay en la historia del cine estadounidense).

Desde esta perspectiva, el durante de Gravedad no sorprende mucho más que su final. Como otros thrillers espaciales de la industria (Alerta solar por ejemplo), el largometraje de Cuarón se reduce a una sucesión de hechos desafortunados que atentan contra la integridad física y psíquica del protagonista pero que jamás nos hacen temer realmente por su suerte, básicamente porque estamos demasiado familiarizados con cierta fórmula hollywoodense.

Dada esta realidad, son ínfimas las esperanzas de que Cuarón vuelva a filmar como al principio de su carrera, cuando se animó con Y tu mamá también. Lo supusimos desde que presentó Harry Potter y el prisionero de Azkaban y la aquí reseñada Niños del hombre; lamentablemente Gravedad dista de ser la tercera capaz de torcer el destino cantado.

Pesado es un adjetivo válido para calificar la película de Alfonso y Jonás. Tal vez por eso quien suscribe recordó aquel diálogo entre el joven McFly y el Dr. Brown apenas terminaron las desventuras de la indestructible Ryan Stone.

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PD. Gravedad se estrenó el jueves 10 de octubre de 2013 en las salas porteñas. Actualmente se encuentra fuera de cartelera, a la espera de editarse en DVD con más de un chiche suplementario.

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Post complementario
 Niños del hombre de Alfonso Cuarón