Entre sollozos por Mandela, Suiza suma puntos al apartheid mundial

En 2010 filmé Vol Spécial en el centro de detención de Frambois, cerca de Ginebra. Este documental sobre el lugar donde anidan el sufrimiento y la angustia que provoca la máquina de expulsar indocumentados made in Switzerland terminaba con la muerte brutal de un detenido. En el aeropuerto de Zürich, los policías habían ajustado muy fuerte el chaleco de fuerza. Denis, el guardiacárcel de Frambois, prometió que la situación cambiaría.

Tres años más tarde, en un marco de absoluta indiferencia, la mayoría de los diputados ginebrinos decidió transferir la prisión de Frambois a la de Brenaz en 2017. La medida incluye una novedad: será posible encarcelar a familias enteras. La cantidad de celdas ascenderá a 168, contra las cincuenta disponibles en la actualidad. A tono con el deseo del ministro de Educación valesiano Oskar Freysinger, de que los docentes denuncien a los hijos de los inmigrantes sin papeles, el consejero de Estado Pierre Maudet propone privarlos de la libertad. Triste cantón, el de Valais, que encarcela a niños inocentes y protege a las multinacionales que hambrean al Tercer Mundo».

‘¡Detener la inmigración masiva!’ reza este afiche a favor del endurecimiento de la Ley de Asilo que el 78.5% del electorado suizo votó en el referendum de junio de 2013.

Los párrafos que el realizador suizo Fernand Melgar publicó antes de ayer en su muro de Facebook invitan a reflexionar sobre la hipocresía de esa porción de dirigencia primermundista que por un lado llora y homenajea al recién fallecido Nelson Mandela, y por otro lado sigue perfeccionando los engranajes del apartheid mundial. Se trata de esos mismos referentes políticos que conmemoran cada aniversario de la caída del Muro de Berlín mientras financian la construcción de otros muros con fines segregacionistas.

En su texto facebookiano, el director de la mencionada Vol spécial y de su secuela Le monde est comme ça (que algunos cinéfilos porteños descubrimos en la anteúltima y última edición de nuestro BAFICI) comenta este artículo que Le Courrier publicó a fines de noviembre pasado y que retoma información brindada a principio de ese mismo mes por su colega Le Matin. Efectivamente, el Gran Consejo de Ginebra aprobó un crédito de setenta millones de francos suizos -unos 78 millones de dólares- para crear cien lugares de detención suplementarios en el establecimiento de La Brenaz. La decisión obtuvo 53 votos a favor, 27 en contra y una sola abstención.

El titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de Abogados de Ginebra, Grégoire Mangeat, sostuvo ante Le Courrier que «el cantón se convierte en un centro mayor de deportación administrativa, cosa que complica a los abogados dedicados a recordarle a todo juez la protección que el Derecho debe ofrecerles a los más débiles». En el mismo artículo, el especialista advierte sobre el endurecimiento de la política de asilo en la ciudad suiza, que se manifiesta -entre otros fenómenos- con el «aumento de la duración de las detenciones» y con la «práctica forzada de la detención penal a partir de la Ley Federal sobre Extranjeros, con sentencias firmes dictadas en forma casi automática».

'Dictamen acelerado: lo deportamos antes de asilarlo', reza la viñeta del chiste publicado en el diario suizo La Liberté.
‘Dictamen acelerado: lo deportamos antes de asilarlo’, dice la viñeta del chiste del diario suizo La Liberté.

A mediados de 2013, Melgar también recurrió a Facebook para repudiar el apoyo plebiscitario del electorado suizo al proyecto de reforma que pretende combatir la problemática de la inmigración con el aumento de las exigencias burocráticas para tramitar el estatuto de refugiado. «Me llora el corazón«, escribió el documentalista ante la complicidad entre el sentimiento xenófobo de muchos compatriotas y la indiferencia de otros tantos. En este punto cabe recordar que el referendum sólo convocó al 39 por ciento de la población habilitada para pronunciarse en las urnas, y que el endurecimiento propuesto fue aprobado con el 78.5 por ciento de los votos.

Ante la muerte de Mandela, la prensa suiza adhirió con artículos como éste al fenómeno generalizado de santificación mediática. En un acto de ecuanimidad, también osciló entre limpiar las culpas originadas en su relación oscura con el régimen afrikáner y enfrentarlas abiertamente. Tal vez en algún futuro proceda de esta misma manera cuando algún hecho histórico exija analizar el desempeño del Estado helvético en relación con el apartheid, ya no sudafricano, sino ejercido a escala global.

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