Behind the candelabra, o cuando Liberace evoca a Ricardo Fort

Desde el estreno televisivo anunciado en septiembre pasado, Behind the candelabra sigue colándose en los canales que HBO Latinoamérica administra en nuestro servicio de TV por cable premium. Las actuaciones de Michael Douglas y Matt Damon constituyen el plato fuerte de la película que Steven Soderbergh filmó sobre la relación entre el pianista pop Wladziu Valentino Liberace y su joven acompañante/secretario/amante Scott Thorson, a partir de las memorias que éste publicó en 1988. Por otra parte, más de un espectador argentino sentirá la tentación de comparar al -hace décadas difunto- entertainer norteamericano con nuestro recién fallecido Ricardo Fort.

En el artículo que redactó para el sitio Slate.com, Aisha Harris sostiene que la adaptación cinematográfica es «bastante fiel» al libro original pero se abstiene de afirmar lo mismo sobre la veracidad del testimonio de Thorson. «Si non è vero, è ben trovato» pensará el público ávido de las revelaciones que desnudan intimidades ajenas, cuanto más disimuladas/escondidas/desmentidas/contadictorias, mejor.

Como Fort al principio de su carrera mediática, Liberace se esforzó por aparentar una inverosímil condición heterosexual, a tal punto que -nos enteramos en el largometraje- inició (y ganó) un juicio contra un periódico británico que cuestionó esta verdad concebida para evitar una probable fuga de fans. «No quiero que me recuerden como una vieja loca con sida», le confiesa el showman estadounidense a Scott desde su lecho de muerte. Desoímos el deseo póstumo primero el amante ¿despechado?, luego Soderbergh, por último los espectadores de la ficción.

La obsesión por la estética personal (en realidad por cumplir con las exigencias anidadas en cierto estereotipo estético del individuo occidental) es otro rasgo que el apodado Li comparte con Fort. Esto y la convicción de que el dinero puede comprarlo todo, incluidos el amor incondicional y la juventud eterna.

La intervención del Dr. Jack Startz, que encarna el ex sex symbol Rob Low, contribuye a subrayar el consumo compulsivo de cirugía plástica y anfetaminas con un doble objetivo: por un lado, alcanzar el ideal de belleza imprescriptible (no falta, en boca de la inagotable estrella pop, la mención de Dorian Gray); por otro lado, llevar a extremos patológicos la apropiación que el pianista hace del protégé que más le duró (Liberace le encarga a su experto en liftings y dietas californianas que transforme el rostro de Thorson en una versión joven y rubia del suyo propio).

El guión de Richard LaGravenese -también autor de Los puentes de Madison, El espejo tiene dos caras, el corto Pigalle en Paris je t’aime, Posdata, te amo– alude en distintas oportunidades al desamor que los personajes interpretados por Douglas y Damon sufrieron durante su infancia y temprana juventud. Las especulaciones psi que entendidos y legos en la materia elucubramos a partir de este antecedente también evocan las interpretaciones que nuestra opinión pública intercambió en torno a la -ahora trágica- existencia del tempranamento fallecido Fort.

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Post complementario
 
El show de Ricardo Fort, un mediático de diseño