Dixit, de Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez

Dixit resulta un título inmejorable para quienes encontramos en el largometraje de Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez una serie de argumentos contundentes, acaso irrefutables, para seguir discutiendo con los compatriotas convencidos de que ya se ha dicho todo sobre la dictadura de 1976-1983, y por lo tanto es hora de mirar hacia adelante. De hecho, las voces que los directores rescataron para este documental no sólo retrotraen a aquel pasado doloroso que algunos quieren callar; también interpelan en tiempo presente y de esta manera subrayan la importancia de la tan resistida continuidad temporal.

El uso de la locución latina anuncia el protagonismo acordado a la cita textual, es decir, a la palabra que revela, sugiere, enmascara mientras convive con el silencio y su otra contracara: la comunicación que algunos entendidos denominan «gestual». Sin ánimo de jerarquizar los testimonios por criterios de conmoción y/o relevancia, algunos impresionan especialmente: del lado de los victimarios, estas declaraciones de Monseñor Victorio Bonamín cuando la Comisión Internacional de Derechos Humanos visitó nuestro país en 1979; del lado de las víctimas sobrevivientes el testimonio del delegado gremial Rubén Ríos.

Como otros documentales de temática similar, Dixit también articula las entrevistas hechas por los realizadores con material de archivo televisivo. Su carácter distintivo aparece en la edición: primero, en la decisión de presentar el contenido filmado/recuperado por segmentos titulados con el nombre de un centro de detención (la Escuela de Mecánica de la Armada, la Escuelita de Faimallá, el Hospital Posadas entre otros); segundo en la visibilización de otras víctimas además de aquéllas secuestradas y desaparecidas (por ejemplo, el caso de un cadete de la ESMA y aquél de la hija de una kiosquera forzada a cocinar para el grupo de tareas que operaba en la escuela de la mencionada localidad tucumana); tercero en la selección de fragmentos televisivos que ponen en evidencia la connivencia eclesiástica y mediática con el terrorismo de Estado.

Chiesa y Martínez también privilegian un escenario pocas veces mencionado en el cine (la fábrica de Ford) y dos testimonios (las declaraciones de Julio López en el juicio contra Miguel Etchecolatz y la reacción del represor tras escuchar la sentencia de prisión perpetua) cuya difusión previa atenta un poco contra la condición original del largometraje, pero que subraya la mencionada relación (crono)lógica entre pasado y presente.

Entre las virtudes cinematográficas de Dixit, cabe destacar la delicadeza con la que la cámara de Julio Santamaría aborda a los entrevistados y la elección de una banda de sonido igualmente conmovedora, que combina cánticos interpretados por el coro ‘Quiero retruco’ con música original de Sergio Iglesias. En tanto reconstrucción histórica, el film exuda años de trabajo.

De hecho, Chiesa y Martínez concibieron este largometraje en plena crisis de 2001, cuando accedieron a archivos de noticieros de TV realizados en tiempos de dictadura y, tras limpiarlos y convertirlos a VHS, se encontraron con el retrato de un país ideal, sin conflictos, sin protestas, con discursos repetitivos sobre una guerra de la que no se mostraba una sola imagen. El film fue terminado recién en octubre de 2011; según explican los directores en la gacetilla de prensa correspondiente, la versión final (ahora proyectada en el cine Gaumont) «es menos de la mitad de lo filmado y seleccionado en un primer corte».

En pocas palabras, Dixit es una película saludable en una sociedad tan sometida a la tergiversación mediática, y con cierta propensión ciudadana a la indiferencia política e histórica. A las palabras no siempre se las lleva el viento; he aquí la prueba.

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