Wakolda, de Lucía Puenzo

Lejos de los cuatro premios cosechados en el segundo Festival UNASUR Cine y del voto de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina para que represente a nuestro país en la carrera por el próximo Oscar extranjero, Wakolda provocó indiferencia en el 21º Festival de Cine de Biarritz, o al menos entre los miembros del jurado. De hecho, algunos de los espectadores que asistieron a la reciente entrega de la tradicional muestra en el país vasco francés expresaron vía Facebook su desacuerdo con la ausencia de la película de Lucía Puenzo en el palmarès anunciado antes de ayer.

El médico alemán -éste es su título internacional– también dividió aguas en Cannes meses atrás: por un lado recogió un “cálido y largo aplauso” del público; por otro lado perdió en la sección ‘Un certain regard’ donde había sido nominada.

La diferencia de peso que Puenzo tiene en nuestro territorio (más por propia trayectoria que por ser hija de…) y en Francia (una entre tantos cineastas de origen latinoamericano) podría explicar el contraste entre reacciones institucionales: reconocimiento acá; indiferencia allá. En cambio, resultan más discutibles las razones por las cuales su último largometraje conmueve más al espectador promedio que a algunos jurados.

Una primera gran hipótesis gira en torno a la cuestión ideológica, es decir, al tratamiento otorgado a un hecho histórico, en este caso a la estadía encubierta de criminales nazis en nuestro país. Desde esta perspectiva, es posible que Puenzo haya decepcionado a los entendidos franceses, con una historia que evita retomar la polémica habitual (aunque siempre apasionada) sobre el presunto colaboracionismo del primer gobierno peronista.

Para desilusión de quienes esperaban otra prueba de afinidad entre la Alemania de Adolf Hitler y la Argentina de Juan Domingo Perón, Wakolda está ambientada en 1960. Para entonces, ya habían pasado cinco años desde la Revolución Libertadora y dos desde la asunción presidencial de Arturo Frondizi, con el justicialismo proscripto.

Al menos en esta versión cinematográfica de la novela homónima que escribió la propia Puenzo, el secuestro de Adolf Eichmann en Buenos Aires es la única referencia histórica precisa. Lo demás es una aproximación libre a la personalidad de Josef Mengele, no tanto como personaje histórico, sino como representante de un tipo de individuo (amoral, que considera al semejante un mero objeto y/o instrumento funcional) y como encarnación de la peor versión del determinismo científico y criminológico occidental.

La escasa atención acordada al marco nacional e internacional del relato sugiere dos subhipótesis, con perdón del neologismo: o bien la directora quiso evitarse problemas (quizás porque hay menos gente dispuesta a aceptar que la cooperación con los nazis prófugos dista de ser una conducta exclusiva de la Argentina peronista) o bien se propuso declarar que los Mengele(s) son mucho más que el engranaje de un episodio acotado de la Historia contemporánea: constituyen la encarnación de una mentalidad, con más o menos visibilidad según las circunstancias, pero siempre vigente en el tiempo.

Quienes se inclinen por la primera alternativa acusarán falta de osadía. Quienes adhieran a la segunda opción celebrarán la voluntad de desarticular las definiciones estereotipadas del Mal.

Otra gran hipótesis gira en torno a la cuestión estrictamente cinematográfica. Tal vez los jurados de Cannes y Biarritz hayan considerado que Wakolda es un trabajo serio, con actuaciones convincentes (en especial las de Alex Brendemühl, Florencia Bado y Natalia Oreiro) y una cuidada fotografía (de Nicolás Puenzo), pero con altibajos narrativos.

De ser así, algunos espectadores coincidimos: en especial, quienes consideramos desaprovechada la alegoría de la fabricación serial de muñecas y superflua -incluso algo inverosímil- la anécdota de los archivos secretos que un grupo de alumnos apañados por la autoridad escolar esconde en los alrededores del colegio alemán de Bariloche.

Para quien suscribe, Wakolda es un trabajo correcto, hecho con buenas intenciones, pero sin la consistencia de las películas inolvidables. Aunque habría que ver los largometrajes distinguidos para determinar cuán (in)justa fue la indiferencia de los jurados de Biarritz, y antes de Cannes, a priori no suena descabellado que estos -e incluso otros- films en competencia hayan sabido superar la propuesta de Puenzo.

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Películas anteriores de Lucía Puenzo, reseñadas en Espectadores
 El niño pez
 XXY

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

4 respuestas a “Wakolda, de Lucía Puenzo

  1. Coincido con vos María. Vi la película y mi análisis es el siguiente. La primera evaluación es que va sintiendo uno mientras está viendo el film. En ese aspecto, me mantuvo siempre la atención atrapada. Me gustó mucho la fotografía, y me parecieron muy correctas las actuaciones. En la segunda evaluación, el análisis que queda después, donde baja el nivel de sensibilidad y comienza el decante emocional y aparece la razón…ahí la película comienza a bajar escalones. Me parece una narración muy lineal. Creo que se queda en el medio de todo. No profundiza en ningún aspecto. No ahonda en la problemática histórica y política, ni en la realidad científica, ni en la problemática ni social ni moral de la cuestiones planteadas. Le falta explosión en algún sentido. Mi pregunta final es: en un film basta sólo narrar una historia bien contada, sin que emerja y se profundice una de sus problemáticas y llevarla a tal extremo de definición que a uno, como espectador, lo ponga en el lugar de ponerse en una postura, en un cuestionamiento, o simplemente a quedar conmovido?
    En este sentido, la película en mí queda en deuda.

  2. Los principales beneficiarios de la élite científica de nazis salvada del incendio han sido los norteamericanos… los que llegaron a la argentina fueron traídos con documentos falsos por la iglesia católica que los protegió. Muchos de ellos radicados en Córdoba, en la Cumbrecita o aquí mismo en la capital han llegado con sus capitales para armar parte de la industria textil (especialmente de nacionalidad croata y de ideología nazi, que NO ERA NI ES patrimonio de los alemanes exclusivamente). La señora de los grandes crucifijos que suele pontificar sobre la corrupción del régimen (como ella desde el programa de Mariano Grondona llama al gobierno nacional) intentando compararlo con la dictadura de Hitler.
    Por supuesto que jamás han mencionado la participación de la iglesia católica, ni ella (Lilita Carrió) ni él. Una cosa es desprestigiar a Cristina o Nestor Kirchner y otra hablar de quienes sostienen ese programa anacrónico y golpista a través del tiempo.
    Si algo hay que señalar sobre el film Wakolda es más la oportunidad de su estreno en este momento de nuestra historia política, que criticar su realización -por otra parte impecable- sin duda. Volver a responsabilizar al peronismo de aquella época y relacionarlo con la actualidad es lo que me apareció al ver el film. El espectador recibe la historia que se cuenta en la pantalla, puede ver el horror que subyace en la manipulación del doctor y sus experimentos con seres humanos, pero difícilmente pueda leer todos los entrelineas políticos de la época.
    El cine, al proyectarse, es siempre tiempo presente y da poco margen a la reflexión salvo que el espectador tenga especial entrenamiento. Es a ese aspecto al que me refiero más que al film a su percepción hoy, en este particular momento de nuestra historia política en vísperas de una elección de medio tiempo, cuando hay una campaña desde los medios -llamados de comunicación- para bloquear desde el Congreso Nacional toda iniciativa que consolide la política sostenida desde el año 2003.

  3. Coincido con vos, Gabriel, en la doble impresión que provocan Wakolda y, a mi juicio, las dos películas anteriores de Lucía Puenzo: XXY y El niño pez. Me refiero a las dos instancias que tan bien señalás: durante la proyección, cuando uno se siente atraído por la trama, y la instancia posterior (en mi caso, apenas abandono la sala) cuando uno tiene la sensación de que faltó algo (al principio cuesta identificar qué)…

    Como vos, también pienso que le falta profundidad a Wakolda. La trama de alianzas que sostienen a Mengele exceden el ámbito del colegio alemán y de la casa vecina a la hostería. La atracción que este personaje ejerce sobre la mujer a cargo de Oreiro es la punta de un iceberg interesante (llamémosle “iceberg social” o “sociológico”) al que lamentablemente Puenzo le retacea visibilidad. También me molestó la decisión de reducir tanto el contexto histórico (adhiero al reproche contra la falta de osadía, que figura en el post): como se dice ahora, “me hace ruido” que la única referencia concreta sea el secuestro de Eichman.

    En sintonía con lo que decís, Julio, me pareció pertinente señalar las expectativas que suele provocar -no sólo en miembros de jurados franceses- una película argentina sobre el refugio que los nazis encontraron en nuestro territorio. Porque muchos esperan la confirmación de la cantinela sobre la condición colaboracionista del peronismo, me permito reprocharle a Puenzo esta suerte de jibarización histórica que anula toda discusión sobre la problemática nazi más allá del legendario sanbenito colgado a Juan y Eva Perón.

    Por supuesto, el endiosiamiento de la ciencia -y de la genética en particular- al servicio de la ideología racista no es exclusividad de la Alemania nazi. En este sentido, pienso en la posibilidad de que Puenzo no haya querido meterse en honduras históricas, justamente para evitar esta otra asociación tradicional.

    Gracias a ambos por sus comentarios.

  4. Más que la participación de la película en el certamen de los premios OSCAR, estimo que no se puede pasar por alto lo que representan dentro de la industria y los favores comerciales que producen. “Pertenecer tiene sus privilegios”, reza un eslogan publicitario muy difundido. Para participar hay que tener poder de lobbie y estar dispuesto a aceptar reglas de juego. Sin duda Luis Puenzo lo conoce y, si la película de Lucía pasa los filtros participará. Hace muy pocos días Ricardo Darín se refería a este hecho y la falta de interés de su persona por el evento, cosa que ahorra abundar sobre el tema.
    Por eso mi lectura trata de colocar en plano el tema político. Hacer cine a más de 10000 Km del imperio y participar del mencionado certamen de la industria que tapona con sus tanques nuestra cartelera y quita posibilidad de exhibición a los países de nuestra América, al sur del río bravo.
    Cada uno es responsable de lo que dice su película y también de lo que oculta. Siempre me pareció que basar en una historia real una ficción es opinar sobre el hecho de un modo u otro, y no basta con poner un cartel que lo mencione, como en el caso de “INFANCIA CLANDESTINA”.
    El fascismo es acumulación de capital en pocas manos, si alguien acusa al Perón de esto, no ha vivido ninguna de las etapas en donde hubo gobiernos realmente peronistas y no cooptados por las improntas neoliberales que exhibieron traidores a la patria como Menen y su ministro Cavallo, hoy acogido por Rodriguez Saá; otro trasnochado que anda entre extraterrestres pero vive muy bien en su pequeño reinado en San Luis.
    Hacer cine es un privilegio sin duda y los privilegios exigen compromisos éticos que los realizadores no deberíamos olvidar o dedicarnos a hacer ficciones no comprometidas, nadie puede juzgarnos por ello.-

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