La suerte está echada

Entre los estrenos comerciales programados para hoy jueves, Elysium es uno de los más esperados tanto por los espectadores sensibles a las campañas de prensa prolongadas como por aquéllos temerosos de lo que Hollywood pudo haber hecho con el (hasta Sector 9) ignoto Neill Blomkamp. De hecho, en más de una entrevista concedida a los medios anglosajones, el realizador reconoció tímidamente la influencia de la industria en un proyecto concebido como algo discreto, con actores poco o nada conocidos, pero ahora devenido en megatanque protagonizado por Matt Damon, Jodie Foster y el ascendente Sharlto Copley.

Aunque presente en otros relatos futuristas, siempre atrae la idea de una sociedad global cuya elite vive en un reducto aislado y protegido de las miserias que soporta el resto de los mortales. En esta ocasión, los amantes del género creemos reconocer el aporte de Blomkamp a, por ejemplo, Un mundo feliz de Aldous Huxley: me refiero al escenario tercermundista que el escritor británico circunscribió a una región vasta pero de límites precisos, y que el cineasta sudafricano extendió a la totalidad del planeta, circunstancia que explica el éxodo de la dirigencia privilegiada a una estación espacial hipertecnologizada (tal como hizo la Humanidad entera en WALL.E).

En este encuentro que mantuvo con John Hiscock de The Telegraph, Neill Blomkamp detalla pormenores del film y le niega características de ciencia ficción. «Esto pasa hoy; esto pasa ahora», enfatiza.

El director cuenta que empezó a imaginar Elysium en el marco de un desafortunado viaje a Tijuana. Allí, dos agentes de la policía local lo subieron de prepo a un patrullero, le quitaron el pasaporte y dinero, y lo abandonaron en plena frontera mexicano-estadounidense, donde se sorprendió asediado por el vuelo rasante de unos helicópteros Black Hawk y el ladrido exasperante de perros entrenados para cazar inmigrantes ilegales.

Tiempo después, el realizador encontró en los basurales de las afueras de México DF el escenario ideal donde recrear la versión paupérrima, contaminada, enferma de la existencia humana en el planeta Tierra. «A diferencia de los miembros del equipo de filmación, los actores no podían usar máscaras protectoras, a tal punto que un sindicato comenzó a objetar la toxicidad de las condiciones laborales», recuerda ante el periodista británico.

Elysium llega a la Argentina (también a Bolivia, Chile, Colombia y Venezuela) casi dos meses después del estreno en los Estados Unidos. Resulta nimio el tiempo transcurrido, y sin embargo los primeros días de octubre ofrecen un contexto de lanzamiento no sólo inimaginable a principios de agosto, sino más afín a la percepción de que el megatanque propone un diagnóstico antes que un pronóstico.

Por lo pronto, la decisión de Barack Obama de licenciar por tiempo indeterminado y sin goce de sueldo a casi un millón de empleados públicos y la presentación de un nuevo proyecto de ley de reforma migratoria en el Congreso norteamericano parecen dignos de la estrategia de marketing viral que el sitio oficial de la película explota tan bien, por ejemplo con este examen de admisión para aspirantes a vivir en la mencionada estación espacial.

Por otra parte, las escenas que Blomkamp filmó en las basurales mexicanos evocan el documental E-wasteland, que data de 2012 (es bien reciente) y que algunos espectadores porteños vimos en la reciente 15ª edición del Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos. El trabajo del australiano David Fedele retrata el proceso de reciclado manual de chatarra electrónica en Ghana y, de paso, advierte sobre las cincuenta millones de toneladas de este desperdicio que los países consumidores de tecnología y electrodomésticos producimos anualmente.

Al parecer el director sudafricano tiene razón. No es necesario viajar en el tiempo -tampoco en el cine- para asomarnos el año 2154, cuando transcurre la fábula de Elysium. La suerte que la Humanidad correrá en ese entonces ya está echada hoy, con siglo y medio de anticipación. Eso sí… A través de Hollywood.

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Posts complementarios
 Sector 9, de Neill Blomkamp (reseña)
 Un mundo feliz, de Aldous Huxley (reseña)
 WALL.E de Pixar (reseña)