Las violaciones seriales en Villa Urquiza, otra buena excusa para difamar

Puntapié inicial para la patada contra Eva Giberti. Clic para ampliar la captura
Puntapié inicial para la patada mediática contra el programa ‘Las víctimas contra la violencia’ y su coordinadora Eva Giberti. Clic para ampliar.

A diferencia de años anteriores, en 2013 la contienda electoral pasa desapercibida en Espectadores. El silencio habrá resultado evidente para los lectores atentos a la frecuencia de actualización de las distintas secciones del blog: la proliferación de posts sobre cine y televisión es proporcional a la reducción de las opiniones sobre política y medios. La decisión editorial responde, por un lado, al reconocimiento de la propia incapacidad para seguirle el ritmo a la vorágine de declaraciones, revelaciones, desmentidas que calientan la disputa por el voto ciudadano y, por otro lado, al hartazgo que siento ante la intencionalidad proselitista del 99% de los contenidos publicados por el periodismo autodefinido como «independiente».

[Antes de seguir, aclaro por las dudas… También reconozco la intencionalidad proselitista del 99% de los contenidos publicados por el periodismo «militante» u «oficialista» según lo califican sus detractores. Pero en este caso el fenómeno me satura menos porque lo que me molesta no es la partidización de los medios sino la hipocresía de aquéllos que siguen negando sus operaciones políticas y blandiendo el estandarte de objetividad y neutralidad.]

No es la primera vez que Espectadores se refugia en el cine y la televisión para correrse de la realidad. Sin embargo, estos time out (perdón por la expresión en inglés) son parciales -de la boca para afuera, como quien dice- pues me resulta imposible ignorar las novedades de la agenda mediática. De hecho, tarde o temprano, siempre termina filtrándoseme alguna gota que colma el vaso y que por lo tanto atenta contra el silencio deliberado.

En esta ocasión, la gota en cuestión es/fue el tratamiento de la prensa antikirchnerista a la detención del presunto violador serial de Villa Urquiza: concretamente el hincapié hecho en su condición de empleado del Estado (dato que La Nación convirtió en título catástrofe) y específicamente del programa «Las víctimas contra las violencias» que depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

En este primer artículo revelador, el mismo diario centenario sostuvo que el también psicólogo colaboró «durante años» con el programa a cargo de Eva Giberti. Clarín, más recatado, utilizó la expresión «algunos meses» en el encabezado de esta nota aún cuando más abajo citó declaraciones de la mencionada especialista, transcriptas por la agencia Télam, que dijo que el sospechoso «estuvo a prueba unos días».

Olvidemos por un momento el contexto proselitista y reconozcamos la lógica periodística en el propósito de destacar que un violador serial haya estado a punto de ingresar a un equipo de asistencia a víctimas de violencia sexual. Dicho mal y pronto, la prensa y la opinión pública son afectas a esta suerte de «colmos» que parecen ilustrar el cinismo y/o la perversión de los criminales.

Como de costumbre, la intencionalidad política se encuentra en la interpretación del dato, en este caso, en la sugerencia de que el Ministerio de Justicia y la propia Giberti son incapaces de detectar a un violador y por lo tanto terminan cobijándolo durante meses o años según la fuente. El antecedente laboral del sospechoso inspira títulos, incluso artículos de opinión como éste «del editor al lector» en Clarín. No así las rectificaciones de Giberti.

Ni uno ni otro diario se molestaron en difundir el trabajo que el programa aludido está llevando adelante con las víctimas de este violador serial. Esta conducta extensible a los medios oficialistas se encuadra en una lógica que supera el contexto proselitista y que concuerda con la indiferencia generalizada que Espectadores ya señaló unados veces. Para botón de muestra, basta con ingresar «Eva Giberti» en los buscadores de Clarín y de La Nación para constatar la escasa atención que ambos periódicos le prestan a la labor de quienes sí trabajan para «Las víctimas contra las violencias».

De las operaciones antiK que el periodismo independiente lleva adelante en tiempos de campaña electoral, ésta es una de las más repudiables porque se ampara en un tema prioritario para la opinión pública (la inseguridad) y porque ensucia no sólo un programa que sentó precedente más allá de nuestras fronteras (de hecho llamó la atención de la ONU en marzo pasado) sino a una profesional de trayectoria impecable. En mi caso, la indignación pudo más que la preferencia por el silencio: de ahí la redacción de este texto.

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