Gracias, Don Duilio

Ayer jueves, la muerte de León Ferrari opacó otro anuncio fúnebre: el deceso de Duilio Marzio. Hoy, en cambio, la segunda noticia ganó repercusión mediática, con necrológicas más completas en cuanto a datos de la trayectoria teatral, televisiva, cinematográfica del actor porteño de 89 años. 

Aquí en Espectadores elegimos recordarlo con una anécdota propia, ocurrida más de seis años atrás cuando quien suscribe asistió a la función de prensa del entonces nuevo show del grupo Macarras New Flamenco en el barrio de San Telmo. Imaginen la situación: una perfecta desconocida se presenta ante los organizadores del evento como una simple blogger sin credencial corporativa (mucho menos renombre) y con la invitación impresa para desmentir de antemano su aparente condición de colada.

Dos acomodadoras verifican el papel impreso y, aunque miran con desconfianza a la sospechosa, le permiten ingresar a la sala apenas iluminada. El problema es que no saben dónde ubicarla. Las mesas del teatro-restó están parcialmente ocupadas; tampoco es cuestión de fastidiar a algún invitado de honor con la compañía impuesta de una mera aficionada.

Escoltada por estas expertas en protocolo estelar (o estelarizador), la blogger mira los rostros de los prenseros, cronistas, críticos ya instalados. Nadie parece advertir la situación de búsqueda incómoda.

De repente, alguien abandona su silla y se dirige hacia las tres mujeres. La intrusa reconoce enseguida primero el porte elegante, luego los rasgos armoniosos de Duilio Marzio. «Acá en mi mesa hay lugar, chicas» avisa con sonrisa generosa y enseguida su mano derecha nos invita a acompañarlo.

Las acomodadoras sueltan a la intrusa que termina compartiendo mesa, a solas, con el actor. Antes y después de la función, Don Duilio se ocupa de reparar las secuelas del maltrato infligido a la blogger ignota, que desde entonces -y especialmente desde ayer jueves- lo recuerda con emocionada gratitud por su don de gente excepcional.

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