Lunas cautivas, de Marcia Paradiso

Además de Sólo para payasos, mañana jueves también se estrena -en los cines Gaumont y Cosmos UBA- Lunas cautivas, documental de Marcia Paradiso sobre el funcionamiento del taller de poesía de la Unidad Penitenciaria 31 de Ezeiza y sobre la experiencia de tres mujeres presas con la oportunidad de trabajar la propia expresión escrita y de descubrir su condición contenedora. En sintonía con César debe morir de los hermanos Taviani, este estudio de campo cinematográfico también invita a reflexionar sobre la capacidad reparadora del arte en situaciones de encierro.

La cárcel de Ezeiza dista de ser una prisión modelo como la de Rebibbia; de ahí la envergadura que algunos espectadores argentinos le atribuimos al espacio que María Medrano y Claudia Prado coordinan con el apoyo de la asociación civil Yo no fui, y que llamó la atención de la guionista y directora. En este sentido cabe celebrar el interés de Paradiso por un tipo de iniciativa que algunos voceros de nuestra opinión pública consideran exclusivo del Primer Mundo e infructuoso en el nuestro.

El oxímoron deslizado en el título anuncia la sensibilidad poética de un documental irreductible a la crónica y retrato periodísticos. De hecho, Lunas cautivas no sólo ilustra las teorías criminológicas que advierten sobre los efectos perversos de la privación institucional de la libertad cuando el Estado la considera un mero castigo y no una instancia de recuperación. También ayuda a combatir los prejuicios y estereotipos que los medios masivos suelen explotar cuando se asoman a las problemáticas delictiva y carcelaria.

Además de retratar la (sobre)vida en la prisión, Paradiso se concentra en el proceso de creación, en la evolución de la relación que Lidia, Liliana y Majo establecen con las palabras… y con la fotografía en un segundo taller. Conmueve descubrirlas, ya no como presas que escriben, sino como las nombra el subtítulo del largometraje: (Historias de) «poetas presas«.

Esta suerte de metamorfosis revela la intención reivindicadora de un trabajo hecho con respeto, empatía y, porqué no, admiración. Los espectadores nos quedamos prendados de las tres protagonistas; por eso es un placer volver a leerlas en este artículo que Página/12 les dedicó el viernes pasado.

Lunas cautivas fue premiada tres veces como mejor documental nacional en el 14° Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos que tuvo lugar en mayo del año pasado: por decisión del jurado oficial, por voto del público, con una distinción Signis. Bienvenida, entonces, la oportunidad de (volver a) verla en el cine Cosmos UBA o en el renovado Gaumont.

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