Sólo para payasos, de Lucas Martelli

Sólo para payasos se titula la «comedia documental» de Lucas Martelli que el renovado cine Gaumont estrenará el próximo jueves 25, y que invita a descubrir los entretelones del viejo oficio de hacer reír. El testimonio de referentes reconocibles -el catalán Jaume Tortell Poltrona Mateu de Payasos sin Fronteras y el argentino Toto Castiñeiras del Cirque du Soleil por ejemplo- conforma apenas una porción de un inmenso trabajo que articula éstas y otras entrevistas realizadas a clowns, mimos, animadores circenses de distinta procedencia y trayectoria en un soporte ficcional: una parodia de road movie cuyos protagonistas buscan el «acto ideal», capaz de conmover a todo tipo de público, incluso aquél conformado por los expertos en la materia.

«Osado» es el primer adjetivo que irrumpirá en la mente de los espectadores preocupados por calificar un proyecto a contramano de cierta tendencia general a reducir la palabra «payaso» a cinco estereotipos: el personaje simplón (a veces decadente) que recordamos de alguna fiesta infantil y/o espectáculo a los que asistimos cuando fuimos niños; el villano por antonomasia que encarna el Guasón (y que el fallecido Heath Ledger actualizó en Batman, el caballero de la noche); la versión inescrupulosa que Matt Groening concibió para Los Simpsons (Krusty); el terapéutico -también edulcoradísimo- Patch Adams a cargo de Robin Williams; el buscavidas que actúa a la gorra en medios de transporte y espacios públicos. No olvidemos, por otra parte, las expresiones «Es un payaso» o «Es una payasada», que muchos compatriotas serios suelen utilizar con la intención de descalificar.

La diversidad de testimonios registrados por Martelli derriba prejuicios y amplía el abanico de categorías y definiciones disponibles para los herederos de los célebres Yusze, Tersites, Cicirro, Estúpido, Filemón y de los otrora bufones cortesanos (imposible no pensar en el Yorick de Hamlet). En este punto, cabe destacar el raconto histórico que Mateu hace ante cámara mientras se maquilla para convertirse en Tortell Poltrona.

Entre las muchas revelaciones, resultan interesantes las discrepancias sobre qué ser interior liberan los payasos (¿al niño o al adulto desquiciado que llevamos dentro?) y el toque distintivo que aportan las payasas mujeres (por lo visto, también en este oficio existe el fenómeno de reivindicación feminista). Asimismo despiertan especial atención los testimonios respecto de la actividad artística en tiempos de dictadura -en España con el Franquismo y en Argentina con el Proceso de las Juntas- y el eventual exceso de profesionalismo en emprendimientos como el mencionado Cirque du Soleil.

La comedia documental de Martelli es, sin dudas, un trabajo impecable desde el punto de vista narrativo y técnico (además de la cantidad y la pertinencia de las entrevistas, cabe elogiar una fotografía muy cuidada). Por otra parte, transmite la pasión y el compromiso por el desafío de hacer reír.

Vale preguntar, sin embargo, por la capacidad de convocatoria de un largometraje de 1.40 hora, concebido para abordar un mundo en general subestimado, cuando no ignorado por gran parte del público, aún por el más cinéfilo. En este sentido, el título del film invita a imaginar una alternativa extendida: Sólo para payasos, aspirantes, aficionados y fieles admiradores.