Fantasma diabólico acecha al nuevo largometraje de Brian De Palma

Días atrás los medios cinéfilos comenzaron a difundir el segundo trailer de Passion, la nueva película de Brian De Palma que en 2012 obtuvo críticas tibias tras su presentación en los festivales de Venecia y Nueva York, y cuyo estreno comercial está previsto para fines de agosto en los Estados Unidos y para mediados de noviembre próximo en Buenos Aires. El afiche de la película provoca una sensación de déjà-vu en los espectadores argentinos que tuvimos la suerte de ver Crime d’amour en la TV premium. La ficha técnica del largometraje promocionado confirma el presentimiento: tras cinco años de inactividad, el director de Scarface, Doble de cuerpo, Los intocables, la primera Misión imposible decidió volver al ruedo con una adaptación del excelente thriller galo que nuestra cartelera nunca exhibió.

La sola mención de De Palma y de la ascendente Rachel McAdams habrá convencido a nuestros distribuidores para -esta vez sí- darle una chance a la historia que Alain Corneau concibió poco antes de su muerte. También los habrán influenciado los fragmentos del mencionado trailer que prometen escarceos lésbicos entre las jóvenes protagonistas: pocos anzuelos tan efectivos a la hora de atraer al público masculino.

En este punto cabe señalar que la remake no reproduce la diferencia generacional entre Christine e Isabelle, a cargo de Kristin Scott Thomas y Ludivine Sagnier en la versión original. La licencia poética se parece a aquélla que Jeremiah Chechik empleó en 1995 cuando les encargó a Sharon Stone e Isabelle Adjani la reversión de los personajes que Simone Signoret y Véra Clouzot hicieron célebres cuarenta años antes en Les diaboliques.

Segunda vuelta de tuerca a favor del voyeurismo: las protagonistas de Passion trabajan en una agencia de prensa/publicidad; no así las de Crime d’amour que se desempeñaban en la filial de una multinacional del rubro alimenticio. En otras palabras, además de deleitarse con McAdams y Noomi Rapace, el espectador podrá disfrutar de las mujeres esculturales que participan de los cocktails, desfiles y demás eventos típicos del sector. 

En la reseña que redactó en tanto enviado especial al Festival de Venecia para The Hollywood Reporter, Neil Young definió el regreso de De Palma como una «recuperación momentánea» que sobre todo conmoverá a los admiradores del cineasta. «Da la impresión de que (Brian) se homenajea a sí mismo y a sus grandes éxitos hitchcockeanos, con resultados que por momentos se acercan a la autoparodia y que terminan demostrando cuánto se ha desplomado este otrora director de creatividad excepcional», concluyó.

Griffith Maloney fue igual de duro con su reseña publicada por Quiet Earth en el marco del Festival de Nueva York, y cuyo título incluye la palabra wreck (naufragio, descarrilamiento). Antes de calificarla lisa y llanamente de «aburrida», el crítico sostuvo que esta producción «posee poco y nada de la elegancia y valentía que definían a las primeras películas de De Palma».

La prensa gala, en cambio, parece haber sido más indulgente con el realizador norteamericano. Por lo pronto, cuando Passion se estrenó en Francia a principios de este año, Isabelle Regnier escribió para Le Monde que el film «golpea por su modernidad y por la manera maliciosa en que su autor, como liberado de sus cadenas, se entrega al placer de la puesta en escena». La periodista también elogió la elección de las actrices protagónicas, cuya «belleza sublime es el reflejo de una potencia extraordinaria».

En esta entrevista concedida al diario Libération, De Palma contó que el productor de Crime d’amour le había enviado un DVD de la película por si tenía ganas de volver a filmarla. «Hacía más de veinte años que no realizaba este tipo de thriller, y vi en esta propuesta cierto potencial para mejorarla, para hacerla más misteriosa, sexy, divertida», recordó.

El cineasta también explicó que borró «todos los elementos demasiado reveladores en el desarrollo de la intriga criminal», y que quiso provocar cierta confusión mendiante una serie de despertares sobresaltados que afectan a uno de los personajes y que cuestionan permanentemente los datos de la investigación. «Como a este personaje, a mí también me asaltan muchas ideas en medio de la noche: abro los ojos y no sé si sigo soñando o no», agregó.

Casi tres años antes, el guionista y director de la versión original había declarado ante Le Figaro sus ganas de filmar «un crimen (casi) perfecto» y de desarrollar «el concepto de probar la propia inocencia acusándose a uno mismo». Corneau también subrayó su intención de deslizar «un suceso mayor, que es el ejercicio de la humillación en la empresa», y definió a Crime d’amour como un «largometraje riguroso, matemático, sin una puesta en escena espectacular».

Otra vez, el precedente que Diabolique sentó a mediados de los ’90 irrumpe en la mente de quienes disfrutamos de Crimen de amor años atrás. La admiración que alguna vez sentimos por De Palma no alcanza para disminuir el temor de que Pasión represente un sacrilegio similar al que Chechik cometió con aquella imperdonable -ahora fantasmagórica- adaptación.   

——————————————————————————————————-
Posts relacionados
 Crime d’amour (reseña)
 Sin reservas / Bella Martha
 El juego de las diferencias
 Las más indigestas
 Hollywood reinventado