Los otros simuladores

Como con El puntero en 2011, hoy cuesta ver Farsantes sin tener en cuenta nuestro contexto actual, esta vez la discusión en torno a la necesidad de democratizar la Justicia. Aún cuando la nueva tira de Canal Trece -al menos sus tres primeros capítulos- elude(n) esta cuestión, el hecho de que los protagonistas trabajen en un estudio de abogados provoca necesariamente alguna reflexión sobre el ejercicio del Derecho en nuestro país. Difícilmente los guionistas Mario Segade (también autor del mencionado Puntero) y Carolina Aguirre (algunos televidentes la recordarán por Ciega a citas) se permitan cuestionar a la institución judicial, pero la calificación convertida en título deja en claro la apuesta a la convicción argentina de que gran parte de los bogas son estafadores de guantes blancos.

Lejos queda el recuerdo de los hombres de Ley probos que Federico Luppi, Rubén Stella y Norberto Díaz encarnaron en 1987 para el entonces ATC. Al Guillermo de Julio Chávez no le interesaría contratarlos para su estudio; en cambio sí lo tentaría un perfil como el que Ricardo Darín interpretó para la película Carancho de Pablo Trapero. Por lo pronto, aquel Sosa parece la versión oscura del Marcos a cargo de Alfredo Casero.

Estos farsantes también evocan a Los simuladores que Damián Szifrón imaginó una década atrás. Ambos equipos se especializan en el arte de engañar para salvar a sus clientes: aquél que se hizo famoso en la pantalla de Telefé descreía de la Justicia (es más, sus integrantes no eran abogados); éste que recién debuta en El Trece la concibe como una suerte de idiota útil, nada afín al ideal de Señora entrenada para fallar con idoneidad y honestidad.

Como toda generalización, esta caracterización de los abogados puede herir susceptibilidades, sobre todo la de quienes ejercen el Derecho con verdadera vocación de servicio al ciudadano indefenso, y no al canalla desesperado por zafar. Dicho esto, ningún doctor en Leyes podrá declararse sorprendido por esta caricatura, cuando la televisión global suele atentar contra la sacralización de la profesión: recordemos el caso de Boston legal por ejemplo.

Al margen de la urticaria que pueda provocar en miembros de la corporación judicial, Farsantes es una propuesta de calidad. Por un lado, Segade y Aguirre consiguen atrapar al público desde el primer capítulo, apenas presentan a los distintos personajes y anuncian los nudos dramáticos que el tiempo (des)enredará. Por otro lado, da gusto reencontrar a los mencionados Chávez y Casero y a Leonor Manso, ¡Edda Díaz!, Mario Pasik, Griselda Siciliani. Asimismo cabe agradecer las oportunidades otorgadas a Facundo Arana (para que se corra un poco de los personajes que suelen encargarle), a Benjamín Vicuña (con un rol que lo habrá retrotraído al buen trabajo realizado en el film español Fuera de carta) y a Esteban Lamothe (que, después de lucirse en el cine, merece más espacio en nuestra TV).

Daniel Barone y Jorge Bechara dirigen esta serie casi diaria que arrancó el miércoles pasado, y que en principio se emitirá de lunes a jueves a partir de las 22.45. Cuesta tomar la decisión de seguirla en detrimento de la segunda temporada de En terapia. Por suerte, existe Internet…

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