La cacería, de Thomas Vinterberg

Al margen de sus cualidades cinematográficas, La cacería es una película altamente recomendable porque además invita a reflexionar sobre la tendencia individual y social a confundir justicia y venganza. Fiel a la tradición de pintar una aldea para representar el mundo, Thomas Vinterberg -director y coautor del guión junto con Tobias Lindholm- ambienta en una pequeña y acogedora localidad danesa el via crucis que transita un maestro de jardín de infantes acusado de un delito sexual inexistente. La fábula tiene un indiscutible alcance universal, tanto que su planteo parece aludir a nuestra actualidad porteña, es decir, al reclamo de pena de muerte -si es con tortura previa, mejor- que muchos conciudadanos reflotaron días atrás, cuando el crimen de Ángeles Rawson irrumpió en los medios.

Quien también nos conmovió con La celebración vuelve a abordar la problemática del abuso de niños pero desde una perspectiva diferente. Mientras el largometraje de 1998 parte de una acusación verdadera (dos hermanos aprovechan una cena de cumpleaños organizada en honor a su padre para escracharlo por haberlos violado cuando eran chicos), el film aquí comentado gira en torno a una desafortunada concatenación de hechos que algunos adultos interpretan como prueba suficiente de que el protagonista atentó contra la integridad sexual de sus pequeños alumnos.

Vinterberg juega limpio en uno y otro caso: así como los espectadores sabemos que los hermanos del primer largometraje no mienten, en el segundo somos únicos testigos de todos los sucesos que incriminan falsamente a Lucas. La honestidad intelectual del realizador danés contrasta con los escarceos retóricos del neoyorkino John Patrick Shanley en La duda, adaptación de su propia obra de teatro que también sigue de cerca la evolución de una sospecha de conducta pedófila (esta vez en el seno de una institución católica) pero con más morbo que intención de reflexión/discusión.

Hecha esta distinción, también corresponde señalar que a Vinterberg le conviene contar con un público convencido de la inocencia del maestro. De lo contrario, el director tendría menos chances de conmover con su ponencia sobre cuán dispuestos estamos a violentar los principios fundamentales del Estado de Derecho, cuando devenimos presa del miedo a la inseguridad.

Si el espectador no estuviera seguro de que Lucas es un hombre de bien, tampoco accedería a reconocer que los chicos no siempre dicen la verdad, que a veces confunden fantasía y realidad, y que los adultos corremos el riesgo de equivocarnos cuando elegimos creerles ciegamente.

Casi todo el peso de la película recae sobre Mads Mikkelsen, que vuelve a hacer gala de maleabilidad (es capaz de encarnar al villano en una de James Bond como de convertirse en entrañable pastor en Las manzanas de Adán). También impresiona la actuación de Annika Wedderkopp como la niñita que sin querer arroja al docente a las fauces de una comunidad ansiosa por castigar -si fuera necesario matar- en nombre de una necesidad de sanción y reparación menos afín al sentido de justicia que al principio de venganza.

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Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

4 respuestas a “La cacería, de Thomas Vinterberg

  1. Interesante. En realidad el sentido común es muy dado a pedir linchamientos, tanto más grandes cuanto más grave sea el delito.
    Sólo la reflexión posterior nos permite ser conscientes de nuestra falibilidad y concluir que tomar decisiones irreversibles bajo un estado de emoción violenta, no es lo más prudente en ningún caso.
    La pena de muerte no repara el daño, no corrige las conductas, y se ha visto que tiene un nulo poder disuasivo, porque el delincuente siempre cree que no será atrapado, pero es la primer opción para el sentido común ante el crimen violento, cometido por alguien socialmente mal visto,o susceptible de ser presentado como tal,eso sí.
    No por nada hemos eliminado del sistema legal las vendettas y el juicio directo por parte de los afectados, y -al menos en teoría, dictado leyes parejas para todos. Lamentablemente muchos jueces aun actúan según su sentido común, obviando que este es arbitrario y prejuicioso.

  2. La propuesta de Vinterberg es muy interesante, Iris.
    No sé si el reclamo de venganza se origina en el sentido común o en algo más pulsional, en cierta convicción primitiva de que la violencia engendra (y se combate con) igual o más violencia. De ahí el éxito de la Ley del Talión.

    En La cuestión criminal Zaffaroni cuenta que la aplicación de Justicia como alternativa racional al ejercicio de venganza aparece tarde en la historia de la Humanidad, a la par de la constitución del Estado de Derecho. Probablemente por eso, y porque la mencionada pulsión parece grabada en nuestro ADN, todavía tendemos a creer que la Justicia más eficiente es aquélla que venga el delito cometido.

  3. La caceria, este rito noreuropeo, por el cual el nino se convierte en adulto, alude ironicamente a una sociedad en la que los ninos son una version desdibujada de los adultos y los adultos se caracterizan por sus pasionales e infantiles comportamientos.
    Como dice maria se trata de una pulsion primitiva, mas emocional que racional, temerosa y agresiva, que se resuelve en el acto y no en la palabra.
    Pero este rito nos dice que el paso de la infancia a la adultez, se alcanza mediante el muy arcaico acto de convertirse en cazador. Dramatica imagen de una sociedad de adultos que entregados ciegamente a su instinto cazador pueden convertir a un dulce e inocente profesor de infantes en un blanco, iracionalmente justificado, por el otro tambien muy fuerte instinto,
    de proteger a los crios de la maldad adulta.

  4. El desenlace deja al espectador ante una gran incógnita respecto a la autoría del disparo final. Uno puede imaginar o suponer desde lo más simple (Un integrante de la comunidad que sigue convencido de la culpabilidad del protagonista) hasta algo más complejo y cercano como su querido compadre,o bien el extraño hermano mayor de Karla e incluso hasta su propio y adorado hijo en el acto de su iniciación como adulto

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