Xenofobia a la suiza

Esta noche me llora el corazón… Sin sorpresa, engañado por un discurso alarmista sobre el 0,3% de la población, el ciudadano plebiscitó la décima revisión de la Ley de Asilo que privará de la libertad a hombres y mujeres que vinieron a nuestro país en busca de refugio; que echará a los desertores que huyen de dictaduras sanguinarias; que cerrará definitivamente la puerta de nuestras embajadas a los perseguidos y oprimidos del mundo entero.

(…)

Esta noche me llora el corazón en el país que vio nacer a la Cruz Roja y a las Convenciones de Ginebra. Esta noche pienso en Henry Dunant que, tras haber sido testigo de la carnicería de Solferino, emprendió las primeras acciones para proteger al ser humano en situaciones de conflicto. Pienso en el consejero federal Max Petitpierre que, en nombre de una política de neutralidad y solidaridad, presidió la eleboración del Derecho Humano Internacional. ¿Qué dirían esta noche si asistieran a la aniquilación de sus ideales, base de la gran moral de este país?».

Quienes vimos Vol spécial y su continuación Le monde est comme ça en las ediciones 2012 y 2013 del BAFICI enseguida buscamos alguna declaración de su autor, Fernand Melgar, cuando ayer nos enteramos (aquí, por ejemplo) del apoyo plebiscitario del electorado suizo al proyecto de reforma que pretende combatir la problemática de la inmigración con el endurecimiento de los requisitos burocráticos para tramitar el estatuto de refugiado.

Encontramos el comentario de rigor a pocos clics de distancia, en el muro facebookeano que el documentalista actualiza cada tanto. Entre la introducción y el cierre traducidos por Espectadores, Melgar se despachó a gusto contra distintos referentes de la derecha helvética que fogonearon la campaña de prensa a favor de la iniciativa xenófoba. También ironizó sobre la protección que su país les da a los extranjeros gestores de negocios millonarios, por ejemplo los aliados angoleses de Trafigura, multinacional petrolera con sede social en Lucerna que acumula varios affaires non-sanctos.

El senegalés Dia, tratando de entender la carta que le prohíbe regresar a Suiza, donde quedaron sus hijos.
El senegalés Dia repasa la carta del Estado suizo, que le prohíbe regresar a territorio helvético, ni siquiera para visitar a sus hijos.

El corazón de Melgar habrá llorado en parte por la suerte que la reforma recién sufragada les deparará a los sin-papeles entrevistados y retratados en los films mencionados. Entre ellos el camerunés Geordry, el kosovar Ragip, el senegalés Dia que en tiempos de rodaje todavía conservaban la esperanza de recuperar el permiso para vivir en el país que consideran propio: Suiza.

También habrá derramado lágrimas ante la constatación de que el sentimiento xenófobo cala profundo en muchos compatriotas mientras la indiferencia de tantos otros se convierte en sinónimo de complicidad. En este punto, cabe aclarar que el endurecimiento de la política migratoria helvética contó con el aval del 78.5 por ciento de los votos… en un referendum donde sólo participó el 39 por ciento de la población habilitada para pronunciarse en las urnas.

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