¿Acaso los críticos sabrán protegernos de la Googlemanía made in Hollywood?

Días antes de su estreno oficial en los Estados Unidos (previsto para el próximo viernes 7 de junio), la aquí anunciada The internship empieza a cosechar las primeras críticas en la prensa norteamericana, más precisamente en los medios especializados Variety y The Hollywood Reporter. Sin dudas sendas reseñas expresan desencanto, pero ninguna se permite hacerlo con la sorna que el británico The Guardian sí desplegó -a modo de primicia absoluta- en marzo pasado.

La centenaria revista «de variedades» muestra más piedad a la hora de calificar la comedia que algunos interpretamos como otro avance publicitario de Google. El crítico Scott Foundas la define (en este artículo) «extremadamente afable y bonachona así como innegablemente previsible».

Al parecer, el reencuentro entre Owen Wilson y el también guionista Vince Vaughn evoca demasiado a Los rompebodas. Dicho esto, la sensación de déjà-vu cinematográfico pesaría menos que la pertinencia de algunos gags, la gracia innata de la dupla protagónica, el entusiasmo de los actores secundarios (comediantes en ascenso), la buena onda de quienes participaron con cameos (Will Ferrell por ejemplo) y cierta «calidez» inexplicable.

Un poco al pasar, el periodista de Variety también comenta que las oficinas del buscador estrella aparecen como el ámbito de trabajo más feliz del mundo. «En los anales del cine funcional a la promoción de algún producto -agrega entre paréntesis- ningún otro gigante corporativo estuvo tan bien integrado a la concepción de una película desde la experiencia de FedEx con Náufrago«.

En The Hollywood Reporter, en cambio, Stephen Farber explicita lo que Foundas reconoce muy al margen. De hecho define a Los becarios (al menos así se llamará en España) como una «carta de amor a Google».

«La previsibilidad no es el único problema», sostiene este crítico. Las caracterización de los personajes también habría fallado: así como los dos protagonistas se parecen mucho («hablan rápido, son indiscretos»), tampoco existen mayores diferencias entre los pasantes secundarios (nerds con dificultades de socialización). «Los actores hacen lo que pueden para compensar la ausencia de texturas en el guión de Jared Stern y Vaughn», advierte Farber que además (les) reprocha «falta de imaginación».

Casi tres meses atrás, The Guardian destrozó el largometraje con la nota titulada «The internship: ¿una seria advertencia contra las megacorporaciones? ¡No! ¡Una publicidad para Google!«. La estrategia del autor, Stuart Heritage, consistió en repasar nueve fragmentos y capturas fotográficas del film para poner en evidencia la modalidad persuasiva a favor de la compañía.

Ésta es la conclusión extraída del anteúltimo fragmento…

Al final ni siquiera me importa que The internship sea un perezoso y cínico ejercicio de posicionamiento a favor de Google. No. Tampoco me importa que básicamente se trate del equivalente para el siglo XXI de Mi amigo Mac, dados todos los intentos entre insultantes e ingeniosos para convencer a un público desprevenido sobre las ventajas ilimitadas de una marca. Menos me importa todavía que la película contenga una escena donde Vaughn y Wilson encuentran dos pares de anteojos Google y pasan unos 45 minutos evangelizando ante cámara sobre el potencial lúdico del dispositivo. Todo lo que sé es que, gracias a The internship, ¡adoro Google! ¡Estoy listo para que Google me encierre en una celda llena de mugre y absorba toda la energía de mi cuerpo con el fin de trasladarla a Skynet o lo que sea!».

El sitio especializado Rotten Tomatoes calculó que un 97% de su audiencia quiere ver Los pasantes (¿nuestros distribuidores elegirán este título cuando la estrenen el 22 de agosto en Argentina?). Ojalá los críticos supieran/quisieran proteger al menos a una porción de estos espectadores incautos.

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