El Partido de la Red, o la ilusión de un ejercicio político aséptico

Periodista: Hace poco hablaba con una joven de 18 años que acaba de terminar el secundario. Una chica brillante en matemática, abanderada. Hace dos años empezó a militar y hoy habla de campo popular, referentes, categorías de por lo menos hace cuarenta años…
Entrevistado: Qué démodé. Para la Argentina son importantes tipos que están pensando teoría política, propiedad intelectual en núcleos de pensamiento en Stanford, en Silicon Valley.

P: ¿Cómo se concibe la política desde el Partido de la Red que estás armando?
E: El software e Internet nos hacen ser más tolerantes con el otro porque lo que decimos tiene una consecuencia. Un tuit es una unidad de pensamiento y, cuando retuitea, está «sinapsando» en una red de personas. Cada persona es una neurona en ese gran cerebro social. Estamos teniendo en Twitter la conversación más grande de la historia. Ahora queremos darle un cauce a todo eso.
Con el Partido de la Red queremos hackear al viejo sistema. El legislador es nuestro troyano [un programa de software que se introduce en otro y lo controla]. Vamos a presentar candidatos a las elecciones legislativas de este año, que tienen el compromiso explícito de respetar lo que decide la red.

P: ¿Es una especie de plebiscito virtual?
E: No. Lo vamos a hacer a partir de un software abierto y libre que estamos creando. Un software de pensamiento social. Como cuando [James] Madison se carteaba con [Thomas] Jefferson para discutir cómo sería el software de la República norteamericana. Necesitamos los Jefferson y Madison del siglo XX que entiendan cómo vamos a usar la red como un sistema de pensamiento social para construir un software y alcanzar lo que nosotros llamamos «democracia en red». Es un híbrido equilibrado entre la democracia directa y la democracia participativa.

P: ¿No queda toda una sociedad que vive en condiciones más desesperantes fuera de todo esto?
E: Eso es un mito. En Kenia se vendieron 350.000 smartphones en un día. El smartphone llega a lugares donde el Estado no llega y genera un acceso a la información, a la cultura. La idea de que la tecnología es lujo es una estupidez.

Ésta es una parte de la primera entrevista que La Nación le hizo al «emprendedor exitoso en Internet» Santiago Siri a propósito del Partido de la Red, iniciativa online que pretende, según la ocasión, «mejorar la democracia aprovechando las virtudes de Internet» o «hackear la democracia estancada». A la nota publicada en enero pasado, le siguió -un mes y medio después- esta «miniatura» donde Carlos Pagni anuncia el emprendimiento y la intención de sus impulsores de presentarse en los comicios legislativos de este año.

Mientras Espectadores publica este post, la home del sitio web correspondiente informa que el Partido de la Red está a 766 adhesiones de las cuatro mil requeridas para participar de las elecciones primarias. Dicho de otro modo, unos 3.200 conciudadanos encuentran atractivos el lema principal «Votá ideas, no personas», el objetivo de «abrir el ancho de banda de la democracia» y el argumento «No alcanza con votar cada dos años si podemos expresarnos todos los días usando la Red».

Meses antes de la oportunidad de difusión que le bindó La Nación, Siri presentó su proyecto en el «Tercer Desayuno de Trabajo» que CiGob organizó en julio de 2012. «Hay que hackear a la política» se titula la exposición cuyas diapositivas (o slides) se encuentran aquí, y cuya síntesis figura en el sitio web de la mencionada ONG.

«La juventud de esta época es la más poderosa de todos los tiempos: tiene ideales y, además, medios para llevar adelante proyectos, situación que no se daba anteriormente»; «Se puede pensar en un partido político cuyo representante en el Congreso tenga que votar de acuerdo a lo que resuelve el Partido vía Internet»; «Internet va a seguir impactando en distintos ámbitos; leyes que limitan o intentan limitar la colaboración y distribución de información son impracticables y los Estados deberán enfrentar las tensiones que implica el uso de las nuevas tecnologías» conforman algunas de las premisas desarrolladas en aquella oportunidad.

En el sitio a su nombre, Siri aloja el blog del Partido de la Red (aparece como ítem «BlogPdR» en el menú de navegación). Allí propone enfrentar la «democracia estancada» con «las nuevas tecnologías mediáticas». Mientras la primera se caracteriza por un «unilateralismo» donde «siempre alguien busca imponerse sobre el otro», las segundas nos permiten «objetivarnos como sujeto y mirarnos a nosotros mismos como pares en una red de interacciones».

El emprendedor exitoso positiviza el verbo hackear. «No es otra cosa que lograr descubrir la clave de algo», sostiene para luego representarlo como una «disciplina que tiene sus raíces en la seguridad informática cuyo arte es una abstracción intelectual del mismo acto que representan la llave y su cerrojo».

Por si esta información resultara escasa, la Web también alberga el Manifiesto del Partido, su Carta Orgánica, las Preguntas Frecuentes. Según este tercer documento, acompañan a Siri el asesor en Planeamiento Urbano de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires Agustín Frizzera, la jefa de Asesores de la Subsecretaría de Asuntos Políticos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Pía Mancini, el fundador de Guía Oleo Esteban Brenman y su esposa, la ex diputada macrista, radical y/o guardapolvoblanquista Florencia Polimeni.

Quizás efectivamente se impone una brecha generacional que impide creer en una alternativa como el Partido de la Red (dicho sea de paso, nótese el grado de subestimación con el que Siri se refiere al cuarentón Áxel Kicillof en la entrevista concedida a La Nación). Por lo pronto, esta blogger contemporánea del viceministro de Economía duda de toda propuesta intelectual que se pretende aséptica: ya sea un programa político, una investigación histórica, un emprendimiento periodístico. Dada la existencia de grandes centros detentores de tecnología e información, también cuesta creer en el postulado de paridad tecnológica (ni a nivel mundial, regional, tampoco nacional).

La libertad que suele adjudicársele a Internet evoca el ideal de un mercado y de una prensa libres que desarrollan todo su potencial «en el mejor de los mundos posibles» (parafraseando al Cándido de Voltaire) y que, ante imponderables naturales y/o determinadas dificultades y vicios de nuestra condición humana, saben autorregularse solos. La figura de «la mano invisible» que pergeñó Adams Smith disimula los intereses en juego que movieron (siguen moviendo) los hilos de nuestra civilización occidental.

En este sentido, la propuesta de Siri y compañía dista de ser innovadora en materia ideológica. Descalifica la militancia y el ejercicio político (los acusa de anacrónicos y de estancar la democracia) mientras deposita todas sus expectativas en la neutralidad/objetividad de una suerte de divinidad justa, proba, incorruptible: antes fueron el mercado, luego la prensa o «Cuarto Poder»; hoy son los «medios tecnológicos».

Causa un poco de gracia que estos chicos no reconozcan al menos un ápice de militancia en el trabajo que supone montar un partido y promocionarlo. Asimismo impresiona la confusión entre «universalidad» y «representatividad».

La supuesta paridad tecnológica (y los 350 mil kenianos con smartphones*) niega(n) las diferencias económicas, sociales, culturales, educativas, laborales que hacen a la diversidad humana y, en una escala menor, a la ciudadanía de un país. A diferencia de los partidos tradicionales que representan a una porción de electores con intereses y deseos parecidos, el de la Red apuesta a una alteridad incorpórea («votá ideas; no personas») cuyos integrantes son todos iguales ante Internet (olvidémonos de la Ley y del Estado de Derecho).

A esta igualdad le debemos la conformación de una juventud sin precedentes, «la más poderosa de todos los tiempos, con medios e ideales para llevar adelante proyectos». Otra vez, Siri y compañía niegan su condición o aspiración representativa de un tipo de joven argentino: admirador de los próceres norteamericanos y del pensamiento gestado en Stanford, Harvard, Silicon Valley, y sin mucho en común con sus congéneres de alguna villa porteña, del Impenetrable chaqueño o del monte salteño.

Como todo discurso antipolítico, éste también considera al Estado como el enemigo público n°1. De ahí la definición de las TICs como un antídoto contra cualquier amague totalitario y, de paso, como un elemento civilizador.  «Nos hacen ser más tolerantes con el otro», explica Santiago en consonancia con la pretensión de alteridad desideologizada y pasteurizada.

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* El argumento de los 350.000 smartphones vendidos en Kenia un solo día de 2011 evoca aquella reflexión de Jorge sobre los «Cuatro de cada diez chicos con Internet» que el diario Clarín anunció años atrás.

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