Superman, el alien bueno

«Un joven periodista se ve obligado a confrontar su legado extraterrestre secreto cuando miembros de su raza invaden la Tierra». Con estas palabras, la Warner Brothers presenta Man of Steel, nuevo intento de resucitar al Superman de celuloide, esta vez a cargo de Christopher Nolan (como productor y colaborador autoral), David S. Goyer (guionista), Zack Snyder (director) y Henry Cavill (actor protagónico). Más allá de la promesa de innovación, ¡incluso de subversión!, Hollywood insiste en volver a contar los orígenes del «Hombre de Acero», como si ésta fuera la única estrategia para conquistar una exitosa reivindicación.

Resulta muy interesante este artículo que el New York Times le dedicó al largometraje cuyo estreno mundial tendrá lugar entre mediadios y fines de junio próximo (el desembarco en nuestras salas está previsto para el jueves 13). Las declaraciones de Nolan y Snyder revelan la intención de reproducir el éxito de taquilla -por lo tanto económico- obtenido con Batman: menuda responsabilidad para Goyer, que escribió los guiones de Batman inicia, El caballero de la noche y El caballero de la noche asciende.

Desde esta perspectiva, el desafío pasa por encontrarle a Superman una característica narrativa tan rica y contundente como la psiquis violenta y esquizoide del Hombre Murciélago. Para Snyder -leemos en el NYT- la clave está en explotar la «contradicción mitológica» de un personaje «increíblemente afín a la cultura americana y a la vez extraterrestre, exótico, bizarro».

Con este argumento, el director de 300 rescata la condición atemporal de un superhéroe que no conviene trasladar al contexto actual donde prima el modelo hípertecnologizado de Batman y Iron Man. Esto explicaría el fracaso del intento más reciente, Superman regresa.

Quienes también criticamos la versión contemporánea que Bryan Singer dirigió en 2005 nos preguntamos, sin embargo, si la incompatibilidad del Hombre de Acero con nuestro atribulado presente no admitirá otra alternativa además de la reedición de los años mozos de Clark Kent/Kal-El. ¿Acaso no bastaron la primera Superman de Richard Donner y las diez temporadas de Smallville?

A fines del año pasado, USA Today anunció con bombos y platillos el despido (o «renuncia a lo Jerry Maguire«) de Clark Kent según la pluma de Scott Lobdell. Década y media antes, Mark Waid imaginó en Kingdom come a un Superman desplazado por colegas mucho más jóvenes. ¿Por qué Hollywood se resiste a recrear éstos u otros episodios que el cine de consumo masivo nunca abordó?

El artículo del New York Times adelanta que Man of Steel juega con elementos narrativos tradicionales como la tensión que provoca la superposición de dos padres (el biológico a cargo de Russell Crowe y el adoptivo en manos de Kevin Costner), la atracción permanente hacia Luisa Lane (Amy Adams) y el duelo con un villano igual de súperpoderoso (el General Zod en lugar de Lex Luthor).

En palabras de Sydner, el film también se propone sacarle provecho al mismísimo «ADN del personaje», es decir, a su condición alienígena. De ahí la apuesta al género de ciencia ficción, y por lo tanto, la decisión de elaborar un trailer que prefiere concentrarse en el enfrentamiento de Kal-El con su «legado extraterrestre secreto» -retomando palabras de la sinopsis de la WB- antes que en el conflicto familiar y sentimental del «joven periodista» Clark.

La mayor innovación de El Hombre de Acero consiste entonces en liberar públicamente a Superman de su disfraz de ciudadano común. «Cuando la gente se entera de que el tipo es un ET: éste es el gran acontecimiento que cambia el mundo para siempre», sostiene Goyer ante el NYT, mientras Snyder opina que lo que hay de subversivo en la creación de Jerry Siegel y Joe Shuster es justamente la ausencia de toda pretensión de subversión.

«Qué conveniente para Hollywood», agregará más de un cinéfilo malpensado.

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