La violencia contra la comunidad Qom, y las hilachas de una pronunciación incorrecta

Desde que tomó estado público la brutal golpiza al hijo del cacique Félix Díaz y a un amigo, compatriotas afectos a las redes sociales pegaron en sus muros mensajes de solidaridad con los integrantes de la comunidad Potae Napocna Navogoh (La Primavera) y de repudio contra la in/acción de los gobiernos formoseño y/o nacional según la ideología del indignado. Ayer martes Amnistía Internacional dijo lo suyo, bastante después que la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y que el CELS. También ayer Eduardo Amadeo criticó «que nadie intervenga para evitar estos abusos» en el programa Magdalena Tempranísimo por radio Continental.

Mientras duró la conversación telefónica, Amadeo y María O’Donnell insistieron en referirse a la comunidad «cuom». Por las dudas consultamos esta página web con infomación académica sobre la lengua toba y no encontramos ningún indicio de que ésta sea la pronunciación correcta para el vocablo «qom». En Wikipedia despejamos dudas cuando leemos «se pronuncia parecido a /kjom/, pero nunca /kuóm/«.

Vaya a uno a saber porqué el diputado y la periodista agregaron esa «u». Descartada la hipótesis de furcio, quizás haya que entender este error como un indicador de la verdadera atención que los argentinos blancos les prestamos a nuestros compatriotas descendientes de los pueblos originarios.

Osvaldo Bayer es quizás el referente más reconocible de la porción caucásica minoritaria realmente informada sobre -y preocupada por- el destino de exclusión y muerte que la dirigencia representativa de una ciudadanía con ínfulas europeas les reservó a las comunidades aborígenes desde la época de la conquista y sobre todo desde la constitución de nuestra nación. Lo ha probado sobradamente a lo largo de su trayectoria periodísitica, ahora con las contratapas que publica en Página/12, y con el documental Awka Liwen, por el cual los nietos de José Alfredo Martínez de Hoz le iniciaron juicio.

Aunque con un estilo académico y por lo tanto menos pasional, Eugenio Raúl Zaffaroni también aborda el tema de las masacres étnicas en nuestro país. Para botón de muestra, basta repasar algunos párrafos de al menos tres libros escritos por el penalista y juez de nuestra Corte Suprema de Justicia: Crímenes de masa, La Pachamama y el humano, La cuestión criminal.

Asimismo destacamos a los representantes y representados de La Poderosa como parte de esta argentinidad realmente sensible a la estigmatización, represión, exclusión sistemáticas de nuestros aborígenes. Las razones de tal reivindicación figuran en esta carta abierta a la Presidenta,

Otra vez Wikipedia… Sus editores comparten (aquí) una lista de masacres perpetradas en la Argentina a lo largo del siglo XX. Concentrémonos en esta centuria y preguntémonos cuántos de nosotros sabemos sobre el envenenamiento de Springhill y la matanza de la playa de Santo Domingo en Tierra del Fuego, sobre las masacres de Fortín Yunká y de Rincón Bomba (o genocidio pilagá) en Formosa, sobre la masacre de Napalpí en Chaco, sobre la masacre de Oberá en Misiones… O limitémonos a los últimos dos años y medio, y preguntémonos cuánto podemos recordar de la huelga de hambre que los líderes de La Primavera realizaron en plena Ciudad de Buenos Aires.

Los espíritus positivos preferirán pasar por alto esta invitación a reflexionar sobre nuestra responsabilidad cívica en relación con la golpiza del viernes pasado, y celebrar la contribución de las redes sociales, de programas periodísticos como el de Magdalena, de declaraciones como las de Amadeo a la visibilización de una deuda social histórica. Los menos optimistas, en cambio, no podemos dejar de señalar el tufillo a oportunismo político proveniente de ciertos sectores políticos y mediáticos. También nos permitimos dudar del pretendido compromiso ciudadano que algunos compatriotas expresan con mensajes twitteros y facebookianos pre-fabricados.

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