‘En otro país’, o el placer de redescubrir a Isabelle Huppert gracias a Hong SangSoo

 «Un personaje no es más que un contorno, no existe. Se trata más bien de encarnar a una persona. Actuar es asumir una ficción para enseguida sacársela de encima. Frente a la pantalla, el espectador ve menos a un personaje que a mí misma. En films como el de Hong SangSoo casi no hay roles ni personajes; de ahí la posibilidad de acercamiento tan próximo a la persona real que soy. Y es interesante ir tan lejos para acercarse a una misma, porque allá una puede permitírselo. En cambio acá, en Francia, es algo casi imposible porque aparentemente una inspira la necesidad de fabricar más y más ficción a su alrededor».

 «Trabajar de esta manera es extremadamente liberador. No nos damos cuenta hasta qué punto en todo lo que hacemos terminamos sujetos a hábitos, a maneras de hacer. No hay nada peor que los «profesionales de la profesión», como decía nuestro amigo (Jean-Luc) Godard. Y nada es más agradable que encontrarse frente a alguien que inventa su propia manera de hacer cine, algo menos evidente de lo que parece. Cuando esto sucede, no se está ante un desafío sino, al contrario, ante un confort absoluto. En Francia, en los Estados Unidos, los usos y costumbres enseguida nos atrapan».

 «Es Godard, creo, quien habla de un país del cine que transcendería todas las fronteras. Es una idea bella, ¿no? Y es muy vasto, el país del cine. A mi me gusta la idea de viajar a todos los lugares donde el cine me permita ir».

Isabelle Huppert hizo éstas y otras declaraciones en una entrevista concedida al periódico Libération en octubre pasado. La transcripción de sus reflexiones sobre el trabajo actoral, sobre la satisfacción de rodar en el extranjero, sobre la eventual existencia de una nación cinematográfica ayuda a expresar el placer que provoca la experiencia de ver In another country o En otro país, película que la actriz francesa protagonizó bajo las órdenes del director coreano Hong SangSoo y que en principio desembarcará el jueves próximo en ¿más de una? sala porteña, tras el reciente pre-estreno baficiano.

Huppert prefiere evitar la palabra ‘desafío’, y sin embargo la admiración que despierta en este largometraje se relaciona con el reconocimiento de al menos cuatro decisiones osadas para una étoile de su trayectoria: aceptar la propuesta laboral de un realizador casi desconocido para el gran público de Occidente; trasladarse a Corea para filmar; encarnar a tres Anne(s) distintas pero retratadas en el marco de un mismo escenario; animarse a desnudar el alma, incluso cuando se trata de graznar frente a unas aves de corral.

Evidentemente Isabelle se siente (más) libre no sólo por el hecho de estar «en otro país» sino ante la mirada presumiblemente desprejuiciada de SangSoo. La observación resulta inevitable en los espectadores que sentimos la presencia de la cámara, sobre todo a partir de esos zoom-in apriori discordantes pero en definitiva afines a la costumbre de explicitar cierto homenaje cinéfilo (recordemos el artículo «Insensatez y sentimientos» que Sergio Wolf publicó aquí): esta especie de intervención intrusiva acentúa -porque establece un contraste con- la ilusión de desprendimiento interpretativo.

En general elegida para encarnar a personajes oscuros, a veces perversos, la actriz favorita de Claude Chabrol se luce en esta propuesta con apariencia de divertimento ligero aunque capaz de sobrevolar preocupaciones existenciales. Huppert da sobradas pruebas de versatilidad cuando en hora y media consigue interpretar, sin repetirse, a tres ciudadanas francesas que viajan al balneario de Mohang-ni por razones diferentes: profesionales para la directora de cine, aventureras para el ama de casa con amante, reparadoras para la profesora recién separada. También cuando debe intercalar algunos pasos de comedia en un contexto sentimental más bien melancólico.

Por supuesto, las virtudes de In another country son primero mérito de SangSoo que, además de revelarse en tanto conocedor del alma femenina, despliega su talento poético para recrear esa magia liberadora que muchos mortales -no sólo Isabelle- experimentamos cuando nos instalamos en otro país y hablamos otro idioma (inglés en el caso de las tres Annes). Por si esto fuera poco, el guionista y director coreano nos brinda la oportunidad de redescubrir a una actriz admirada que, aún en los escenarios más lejanos, si se quiere exóticos, sabe desenvolverse como pez en el agua.