A world not ours, de Mahdi Fleifel

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Especial. Cobertura BAFICI 2013
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Ojalá A world not ours integre la lista de películas baficianas que luego se estrenarán en la cartelera porteña, al menos en algún ciclo de cine sobre el conflicto israelo-palestino. Seguro, los interesados en el tema apreciarán el trabajo de Mahdi Fleifel que, en la línea del escritor asesinado Ghassan Kanafani, aborda ya no la problemática de la ocupación territorial sino aquélla del exilio en los campos de refugiados: en este caso en el asentamiento de Ain al-Hilweh, ubicado al sur del Líbano.

El realizador elige para su documental el título de un libro que Kanafani publicó casi medio siglo atrás, y que aparece entre las pertenencias de un amigo nacido y criado en el mencionado ghetto. Aquí cabe señalar la dimensión biográfica de este largometraje suscripto a la competencia internacional del festival: actualmente radicado en Inglaterra, el director también vivió parte de su infancia en Ain al-Hilweh y suele regresar allí en época de vacaciones para visitar a un abuelo, un tío y demás seres queridos.

Fleifel combina los testimonios e imágenes que filmó en sus múltiples viajes con material de archivo y con videos hogareños que su propio padre realizó décadas atrás. La cuestión de la identidad palestina -la aparente paradoja de reivindicar una patria despojada de su tierra; el hartazgo de las nuevas generaciones respecto de una lucha considerada estéril- constituye el nudo central de una aproximación tan sentida como original.

Todavía más que las declaraciones del abuelo, del tío y del amigo del documentalista, impacta el segmento dedicado a la celebración de los mundiales de fútbol en Ain al-Hilweh. La costumbre de apropiarse de un equipo y de hinchar a su favor revela la imperiosa necesidad de experimentar en carne propia el sentimiento de orgullosa pertenencia a una nación.

Aunque de manera menos explícita que Le monde est comme ça de Fernand Melgar, A world not ours también desmiente la pretendida procupación de las grandes democracias occidentales por garantizar una convivencia mundial basada en los principios de igualdad y de respeto por los derechos humanos. En este caso David Ben Gurion y Golda Meir se revelan como voceros del pensamiento segregacionista y genocida que el discurso propagandístico de las grandes potencias cómplices se empeña en disimular.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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