BAFICI 2013. Anotaciones sueltas

A un día de la entrega de premios más relevantes y a dos del cierre de esta 15ª edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, Espectadores publica las siguientes anotaciones sueltas que con más tiempo habrían desembocado en la redacción de varios posts por separado.

Buen debut para el Village
Aunque todavía hay quienes resisten el reemplazo del shopping Abasto por el Village Recoleta (argumentan que el nuevo espacio es más chico y que los lugares para comer son más caros, además de más escasos y menos diversos), otros apreciamos la mejor organización y atención del mall ubicado en la calle Vicente López. Al margen de algunas desprolijidades como la ausencia de subtítulos en el segundo corto de Centro histórico y la confusión de películas en la proyección de Outrage beyond que tuvo lugar el viernes pasado a las 17.30 en la sala 1, la mayoría de las funciones cumplió (cumple) correctamente con el cronograma establecido en este centro neurálgico de exhibición.

La satisfacción del reencuentro
Quienes asistimos a alguna proyección baficiana en el nuevo Arte Multiplex de Belgrano, volvimos a celebrar la recuperación de un espacio tan querido por sus habitués y los vecinos en general. Además de las mejoras edilicias por los trabajos de restauración, constatamos una gran cantidad de rostros iluminados por la satisfacción y el orgullo propios de una batalla ganada.

Favio, presente. Ahora y siempre
De los tres cortos institucionales que Pablo Trapero filmó para esta 15ª edición del BAFICI, Cielo parece el más inspirado, o al menos el más consecuente con la intención de rendirle honores al cine independiente. El director de Elefante blanco entre otras encarna este tributo en la figura de Leonardo Favio, con la edición de imágenes correspondientes al rodaje de Gatica, el mono.

El corto incluye un primer plano del fallecido realizador argentino, que mira incómodo a la cámara indiscreta. Los aplausos del final que emanan del set de filmación (y por ende de la pantalla) se trasladan a las salas del festival: los espectadores saludamos el merecido y conmovedor homenaje.

Crónicas de pequeñas neurosis contemporáneas
Además de competir en la sección internacional del BAFICI, Soy mucho mejor que vos del Che Sandoval, The town of whales de Keiko Tsuruoka y I used to be darker de Matt Porterfield representan un tipo de película siempre presente en la oferta festivalera. Esta categoría reúne a las ficciones que recrean alguna porción de vida anodina atravesada por un conflicto afectivo sin inmediata resolución. Por ejemplo, mientras el primer film sigue al cuarentón Cristóbal durante una noche parrandera para mostrar cómo lidia con su separación, el segundo cuenta el viaje a Tokio que emprenden tres adolescentes en busca de un hermano distanciado, y el tercero relata cómo la inesperada e inoportuna visita de una sobrina irlandesa acelera la crisis familiar que viven sus tíos y prima norteamericanos.

Al margen de sus eventuales aciertos formales (la agilidad del guión en la producción chilena, la fotografía en el largometraje japonés y las canciones de Kim Taylor en el film estadounidense), estas propuestas suelen provocar indiferencia entre los espectadores cansados del protagonismo exacerbado que cierto cine les concede a las pequeñas neurosis contemporáneas.

Fans de Letourneur
Quienes descubrimos a Sophie Letourneur en el BAFICI antepasado gracias a La vie au ranch quisimos reencontrarla en esta 15ª edición a partir de la proyección de Les coquillettes. Una segunda película bastó para declararnos fans de la directora francesa, que aquí también actúa.

La realizadora gala vuelve a revelarse dueña de un sentido del humor inteligente a la hora de abordar el intrincado mundo femenino, esta vez con mujeres de treintaypico y en el contexto de un festival de cine: el de Locarno, Italia. La participación de los actores Louis Garrel (que hace de sí mismo en tanto objeto del deseo de la propia Letourneur) y del aristocrático Louis-Do de Lencquesaing (cuyo personaje se empecina en arrastrarla a la cama) encabeza la lista de aciertos de esta comedia con algo en común -cierto aire de autoparodia- con El crítico de Hernán Guerschuny.