Hannah Arendt, de Margarethe von Trotta

—————————————————
Especial. Cobertura BAFICI 2013
—————————————————

Si hay una tesis con la que me identifico con el mismo ímpetu de Hannah Arendt es ésa: no quiero condenar, no quiero juzgar, quiero comprender. Lo que no significa que siempre pueda entender, que llegue a un entendimiento o a un conocimiento, pero lo intento».

Antes o después de mirar Hannah Arendt, vale la pena leer la entrevista a la célebre realizadora Margarethe von Trotta que Página/12 publicó en febrero pasado cuando se estrenó en Alemania la película ahora exhibida en la sección Panorama del BAFICI. De hecho, según sea el caso, uno se prepara para (o termina de) apreciar las cualidades extraordinarias de un film capaz de transmitir las ideas centrales de una de los pensadores más importantes del siglo veinte.

Sin dudas, valió la pena esperar diez años para ver esta ficción irreductible a la categoría de biografía. Con un poder de síntesis admirable, Von Trotta consigue presentar la teoría de la banalidad del mal -e invitar a repensarla- a partir de la articulación de tres niveles discursivos conformados por 1) textos de la filósofa alemana, 2) el testimonio audiovisual del juicio a Adolf Eichmann y 3) el propio ejercicio de ficción cinematográfica.

La decisión de utilizar imágenes de archivo correspondientes al proceso llevado a cabo en Israel, en 1961, contra el jerarca nazi capturado en la Argentina ilustra de la mejor manera la definición del Mal no como un fenómeno supranatural, asociado por ejemplo a la figura de Satán, sino como un elemento constitutivo de la condición humana que suele aflorar cuando el individuo deja de pensar y por lo tanto de ser persona: corre entonces serios riesgos de convertirse en engranaje de una maquinaria que se rige por el principio de obediencia debida y por un mandato de destrucción.

Von Trotta señala la vigencia de una tesis que también se permite cuestionar la (in)acción de los líderes judíos durante la Shoa. A esta necesidad de analizar y comprender se refiere en la entrevista publicada por Página/12.

El antecedente de la relación sentimental con Martín Heidegger, la condición de exiliada en Nueva York, el simbronazo que su ponencia provoca en los planos académico, intelectual y personal son los otros aspectos que el largometraje aborda para darle carnadura humana a la figura pública.

La actriz Barbara Sukowa interpreta a la pensadora a tono con esta cuidada intención de pluridimensionalidad y profundidad. De esta manera, Arendt recupera no sólo vida, sino toda su lucidez y coraje, en una de las películas más estimulantes que ofrece la 15ª edición del BAFICI.