Après Mai, de Olivier Assayas

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Especial. Cobertura BAFICI 2013
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Si Olivier Assayas fuera argentino, su película Après Mai o Después de mayo causaría tanto revuelo como El estudiante (que, dicho sea de paso, también se presentó en un BAFICI). Aunque ambientada en otro marco espacio-temporal (la Francia inmediatamente posterior a Mayo del ’68), esta otra aproximación a la militancia estudiantil coincide en ponerle paños fríos a la fiebre ideológica y hormonal que aparece junto con todo proyecto de pretensiones revolucionarias, en manos de una nueva generación (¿de quiénes, sino los jóvenes?). Existe una diferencia clave, sin embargo: la mirada escéptica del realizador parisino parece originarse en la madurez que dan los años, en un ejercicio de intro y retrospección ausente en el largometraje de Santiago Mitre.

Sin llegar a ser autobiográfica, Après Mai recrea recuerdos del director, y por carácter transitivo de muchachos y muchachas que enfrentaron el statu quo con la esperanza de derribarlo para luego instaurar un sistema político y económico popular, (más) justo y equitativo. Assayas propone un relato cronológico centrado en Gilles, una suerte de alter ego que pasa progresivamente del compromiso fervoroso al desapego resignado.

Los cambios posturales y en el andar del actor Clément Métayer ilustran la transición de la euforia a la desolación. Da la sensación de que quienes fueron jóvenes en el ’68 dejaron de serlo apenas dos o tres años después.

Assayas filma de manera cruda tanto las escenas de represión policial en tiempos presidenciales de Georges Pompidou como las instancias de desmembramiento paulatino del grupo de compañeros que integra el protagonista. A la crónica generacional, el director le intercala retazos de historia personal, sobre todo en el plano de la amistad y el amor. El entramado de distintas capas narrativas sin dudas enriquece el retrato de esta juventud parisina pero también prolonga demasiado la película.

Al margen de este pequeño reparo, Après Mai atrapa por partida doble. Primero en tanto repaso de lo ocurrido en Francia más de cuarenta años atrás; segundo porque resulta inevitable reflexionar sobre el alcance global de aquel movimiento estudiantil con alianzas sindicales. Por estas latitudes, más de un espectador pensará en las revueltas libradas acá cuando la Noche de los Bastones Largos (antes mismo que en mayo del ’68) y cuando el Cordobazo de 1969, y quizás en la necesidad de algún ejercicio público de intro/retrospección por parte de los jóvenes militantes de aquella época.

Nobleza obliga… También cabe preguntar cuál habría sido la suerte de Gilles y sus compañeros -incluso del mismo Assayas- si hubieran actuado en la Argentina de los incipientes años ’70 como en su país de residencia.