Outrage beyond, de Takeshi Kitano

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Especial. Cobertura BAFICI 2013
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Más allá del ultraje es una traducción posible para la última película de Takeshi Kitano, secuela de Outrage (o Ultraje) a secas que la 15ª edición del BAFICI exhibe fuera de competencia, en la sección ‘Panorama’ de su programación. Aún los espectadores que no hayan visto aquella primera parte rodada en 2010 pueden disfrutar de esta segunda entrega y, lo más importante, reencontrarse con el mismo director japonés que hace casi dos décadas irrumpió en nuestro corazón cinéfilo de la mano de la insuperable Flores de fuego.

Además de la proyección baficiana per se, los admiradores del autor de Sonatine, El verano de Kikujiro, Zatôichi celebramos la oportunidad de deshacernos del sabor amargo que tiempo atrás nos dejó la indigesta Takeshis. Lejos de aquel ególatra desvarío onírico, Kitano vuelve a ser fiel a sí mismo con la crónica de un enfrentamiento entre facciones mafiosas que reúne las dos grandes virtudes de este maestro del séptimo arte: 1) cierto estilo inconfundible a la hora de retratar la violencia más despiadada (cabe destacar, por ejemplo, la ocurrencia de convertir una lanzadora automática de pelotas de baseball en elemento de tortura y muerte) y 2) la capacidad de combinar este virtuosismo formal con una buena dosis de ironía que nos protege contra cualquier riesgo de saturación o anestesia visual.

Sin dudas hay algo más sustancioso detrás del pandemonio abarrotado de gritos, golpes, balaceras, puñaladas. Por un lado, un homenaje al héroe solitario, incorruptible, acaso invencible que encarna el mismo director bajo la piel del yakuza Otomo. Por otro lado, la osadía de retratar a la mafia japonesa como otro bastión que cae ante el avance destructor del capitalismo salvaje.

En efecto, la lógica darwinista del mercado también irrumpe en el crimen organizado y lo despoja de sus principios de jerarquía, territorialidad, lealtad. Igual que los actuales CEOs de las multinacionales, las cabezas de cada familia prefieren ascender a jóvenes ambiciosos y relegar a los integrantes veteranos a puestos secundarios: aquí también, la condición trepadora -por lo tanto la ausencia total de ética- pesa más que la experiencia de los años.

Este ultraje supera ampliamente las humillaciones propias del sistema verticalista yakuza. La venganza, tan cara al director nipón, adquiere la misma dimensión generacional que adquirió el Poder económico-financiero en nuestra era global. Da la sensación, por lo tanto, de que Kitano dista de tener alguna esperanza puesta en los jóvenes (que en el film ridiculiza de una u otra manera); de ahí su tributo al añejado pero honorable e inquebrantable Otomo.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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