Retazos de Margaret Thatcher en Internet. Necrológica(s) para armar

Ante la muerte de figuras públicas de la envergadura de Margaret Thatcher, la Web ofrece un compendio de retazos mediáticos que los internautas utilizamos para elaborar nuestra propia necrológica. En Espectadores, por ejemplo, destacamos y traducimos las declaraciones textuales que The Guardian difundió hoy, a horas de conocerse la noticia del deceso de la ex Primer Ministro británica.

 «No creo que alguna vez asuma una Primer Ministro mujer mientras yo viva», cuando fue secretaria de Educación en 1973.

 «La gente que proviene de mi misma clase social necesita escuelas de gramática para competir con niños provenientes de hogares privilegiados como (los laboristas) Shirley Williams y Anthony Wedgwood Benn», cuando fue líder del Partido Conservador en 1977.

 «Donde haya discordia, traeremos armonía. Donde haya error, traeremos verdad. Donde haya dudas, traeremos fe. Donde haya desesperación, traeremos esperanza», cuando se postuló para Primer Ministro en 1979.

 «No le pedimos a la Comunidad un solo centavo para Gran Bretaña. Lo que pedimos es la devolución de la gran suma de dinero que aportamos para contribuir con la construcción de la Comunidad», mientras negociaba la participación británica en el presupuesto de la entonces Comunidad Europea en 1979.

 «Simplemente regocíjense con las noticias y feliciten a nuestras fuerzas armadas. Regocíjense», cuando anunció la liberación de la isla Georgia del Sur durante la guerra de Malvinas en 1982.

 «Están arrojando sus problemas a la sociedad. Y, ¿sabe una cosa?, no existe tal cosa como ‘la sociedad’. Existen individuos (hombres y mujeres) y existen familias. Ningún gobierno puede hacer nada si la gente no se cuida en primer lugar. Es nuestro deber cuidar de nosotros mismos y recién después cuidar de nuestro vecino», en una entrevista concedida a Women’s Own en 1987.

 «Es irónico que, justo cuando países como la Unión Soviética, que trataron de administrar todo desde el centro y ahora están aprendiendo que el éxito depende de la descentralización del poder y de las decisiones, hay quienes en la Comunidad (Europea) quieren avanzar en la dirección opuesta. No hicimos retroceder las fronteras del Estado en Gran Bretaña para asistir en el plano europeo a la restitución de un súper Estado europeo que pretende ejercer un nuevo dominio desde Bruselas», en su Discurso de Brujas en 1988.

 «El presidente de la Comisión (Europea), Señor (Jacques) Delors, dijo el otro día en una conferencia de prensa que quería que el parlamento europeo fuera el cuerpo democrático de la Comunidad (Europea). Quería que la Comisión ejerciera el poder ejecutivo y que el Consejo de Ministros fuera el Senado. No, no, no.» en un debate parlamentario en 1990.

Estas declaraciones evocan cierto sello british que excede la personalidad y la gestión de quien fuera ascendida a la categoría de heroína hollywoodense. En este sentido, la difunta Maggie supo condensar la arrogancia del ocupante imperialista, la tradicional inquina contra la ahora Unión Europea (debido a un corazoncito muy apegado al Commonwealth), la «monstruosa acepción del otro» (Sandra Russo dixit) que vive agazapada en el discurso neoliberal.

Entre las curiosidades que arroja Internet, también encontramos el sitio de la Fundación Margaret Thatcher cuyas principales metas son 1) «promover la mayor aceptación de la democracia, de los principios del mercado, del imperio de la Ley, de la defensa fuerte» y 2) «fortalecer los lazos transatlánticos entre Gran Bretaña, Europa y Norteamérica». En las antípodas ideológicas (y de corrección política) se encuentra el foro Maggie Thatcher’s Dead, en principio concebido en 2003 pero, según indica su historial, online desde enero pasado «para celebrar la desaparición de la vaca demoníaca y maligna».

Por último rescatamos esta suerte de entrevista colectiva que el mismo The Guardian publicó justo cuatro años atrás, sobre las consecuencias de la administración Thatcher en el ámbito de la cultura. Entre las dieciséis personalidades consultadas, figura el realizador Ken Loach.

«No puedo separar el arte de lo que sucede políticamente», advertía el cineasta. «El programa thatcherista atacó con tres puntas de lanza a la clase trabajadora y a sus representantes. La primera consistió en el cierre de fábricas que generó un desempleo masivo, que a su vez aumentó la pobreza y la alienación vigentes hoy en día. La segunda fue la sanción de legislación en contra de los sindicatos para desarmarlos ante el ataque patronal, legislación igualmente vigente en la actualidad. Y la tercera punta de lanza está constituida por una serie de conflictos gremiales provocados por el Gobierno».

Loach también recordaba que nunca emitieron la serie documental que hizo para Channel 4, Una cuestión de liderazgo. «Trataba sobre la colusión (a no confundir con una conspiración articulada) entre los líderes sindicales y Thatcher -explicaba- colusión en el sentido de que los líderes sabían que estaban suprimiendo la militancia de sus miembros. No era que empezaron a ponerse de acuerdo por teléfono, sino que enseguida entendieron la coreografía del baile… En los ’80, la izquierda reveló su faceta de derecha».

El director citaba otro trabajo –¿De qué lado estás?– sobre la huelga de mineros inspirada en razones políticas. «Estaba desperado por dedicarle un programa a esta medida de fuerza porque las noticias presentaban lo opuesto a lo que realmente estaba sucediendo: la brutalidad de la policía, los subterfugios del Gobierno, el poder estatal, el hecho de que los demás líderes sindicales les dieran la espalda a los mineros. No se hablaba de nada de esto en ese entonces: era un universo paralelo».

Loach señalaba ante The Guardian que la huelga también había provocado una explosión cultural en las zonas mineras. «Mi film trataba sobre los poemas y canciones de los mineros; la hice en una semana (…) pero me dijeron que sólo tendría chances de ser exhibido si le quitaba las escenas de la represión». Finalmente -contaba- «lo proyectaron en un festival de documentales en Florencia donde ganó un premio. Recién después lo pasó Channel 4 a cambio de que, una vez terminado, emitieran un programa donde Jimmy Reid -líder sindical de los constructores de buques devenido en columnista de un diario- hablara directo a cámara en contra de los mineros».

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