Siete años, siete

– Qué querés que te diga, me quedo con los blogs.
– Y… Es como si te quedaras con los tranvías».

La transcripción de más arriba recrea una porcioncita de conversación con el amigo Jorge, a propósito del fenómeno de comunicación online sobre todo a través de Twitter y Facebook. Desde entonces (un par de meses atrás) sigo pensando en esta metáfora del blog como medio extemporáneo: imposible ignorarla justo hoy, cuando Espectadores cumple siete años.

La nueva edad evoca la crisis pronosticada a todo matrimonio joven. La sola mención del número cabulero basta para advertir sobre los desencuentros que atentarán contra el proyecto de vida en común, y que habrá que reparar con ternura, imaginación, voluntad, paciencia, tal vez con algo de resignación.

La comezón del séptimo año refleja el paso del tiempo: la convivencia -con la pareja, con un blog- erosiona el estado inicial de novedad. A la distancia, otros amores (aquéllos que experimentamos en nuestro inconfesable pasado y/o aquéllos que hoy reconocemos en nuestro entorno) lucen más pasionales.

Desde esta perspectiva, es innegable que Espectadores pierde el tren (de nuevo la metáfora transportista) en términos 2.0. Por un lado, su frecuencia de actualización resulta irrisoria frente a la inmediatez de las redes sociales. Por otro lado, el uso que este blog hace de Twitter, Facebook, Google+ se limita a la réplica automática de posts. En otras palabras, no aprovecha dichas plataformas para ofrecer contenidos suplementarios.

Al margen de estos síntomas de extemporaneidad, nuestro blog también atraviesa una pequeña crisis existencial, en parte atribuible a sus flamantes siete años, en parte originada en la pretensión de una diversidad temática impracticable: cine, literatura, televisión, teatro, música, medios son demasiados rubros para un emprendimiento unipersonal.

Tanto tiempo de continuidad online exige cambios más allá de la incorporación de aplicaciones (en especial widgets) y de cierta renovación estética a partir de la alternancia de headers. En 2013 da la sensación de que, salvo en casos excepcionales (la cobertura del BAFICI por ejemplo), las reseñas cinematográficas perderán su protagonismo habitual.

En contra de lo que algún lector pueda pensar, esta decisión no supone el abandono de la sección Cine sino el intento de una aproximación distinta, libre de la compulsión de comentar la mayor cantidad de estrenos, y en cambio más atenta al séptimo arte en tanto fenómeno ideológico. Los artículos sobre Zero Dark Thirty (éste fue el más reciente) y The internship ilustran un poco esta decisión (extensiva, dicho sea de paso, a la sección TV).

En este sentido el tranvía Espectadores también atrasa con respecto a las redes sociales, especialistas en anunciar primicias cinematográfico-televisivas y en evaluar un film/programa con una sola oración (¡a veces unimembre!).

A sus siete años recién cumplidos, este blog lleva publicados casi 2.100 posts y unos 16.400 comentarios. Con semejante carga, es lógico que transite por el carril lento de la autopista virtual (con perdón del oxímoron). Descartada la velocidad, deberá perseguir otras metas -otras virtudes- para madurar con dignidad y por lo tanto para evitar convertirse en pieza de museo. Quizás los tranvías de las ciudades modernas valgan como fuente de inspiración.

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Cumpleaños anteriores: seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno.