Postales de la Plaza

A simple vista la conmemoración del 24 de marzo de 1976 en Plaza de Mayo supone un folklore a esta altura bien afianzado: el aplauso cerrado y el abrazo cantado ante la llegada de las Madres y las Abuelas; el desfile de agrupaciones militantes con sus inconfundibles íconos, banderas, ritmos, consignas, cantitos, coreografías; las peleas territoriales ocasionales (ayer volvieron a enfrentarse integrantes de La Cámpora y del Partido Obrero); el ir y venir constante de familias, amigos, parejas y espíritus solitarios dispuestos a charlar con quien(es) tienen al lado; una escenografía donde son protagonistas los pañuelos blancos y los rostros de los desaparecidos («presentes ahora y siempre»); ese raro perfume que combina extractos de pólvora, porro y paty/choripán (para escándalo de los compatriotas bienpensantes); la escasa presencia mediática salvo por algunos fotógrafos encaramados a los lugares más inverosímiles).

Las consignas también parecen repetirse. En relación con el pasado, les rinden homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado y subrayan las dimensiones económica, mediática, civil del golpe militar. En relación con el presente, señalan a los cómplices de ayer que hoy atentan contra la estabilidad democrática, y advierten sobre la relatividad del «Nunca Más» mientras sigamos desconociendo el paradero de Julio López y Luciano Arruga

Los colectivos que algunos llaman «minoritarios» también replican sus reclamos. Los pueblos originarios exigen visibilidad y la recuperación de las tierras que les fueron robadas. Las agrupaciones LGTB apuestan a seguir avanzando más allá del matrimonio igualitario y de la Ley de Identidad de Género.

Dicho esto, el ejercicio conmemorativo también se renueva con los años. Por ejemplo, en la 37a edición celebrada ayer sirvió de marco para juntar firmas a favor de una ley de fomento para las revistas culturales y, en este marco, para que La Garganta reforzara su merecido lugar en el podio de proyectos editoriales alternativos (para no escribir independientes).

De hecho, la foto que ilustra este post muestra el arco que la publicación villera instaló en Avenida de Mayo y Perú para patearle penales a Constancio Vigil (en realidad, a un infatigable arquero que portaba una careta con el rostro del dueño de Atlántida). Una muchacha disfrazada de jueza arbitraba el juego y un cartel ubicado a la entrada de la cancha imaginaria recordaba la complicidad de esta editorial con la dictadura.

En contra de lo que algunos imaginamos, el nombramiento papal de Jorge Bergoglio apenas sobrevoló el cielo azul de la Plaza. A lo sumo, algunos carteles PRO que se comprometen a rezar por el Sumo Pontífice aparecieron retocados con la firma del Partido Comunista para denunciar la connivencia de las sotanas con el eufemístico «Proceso de Reorganización Nacional».

En su discurso Estela de Carlotto prefirió no nombrar al ahora Francisco. Sí en cambio, pidió «juicio y castigo para esa parte de la Iglesia que no sólo optó por el silencio, sino también por participar en los crímenes». Por otra parte reivindicó «como un justo homenaje (…) a quienes desde la base de esa institución decidieron abrazar las luchas del pueblo»; de ahí la mención de «Angelelli, Murias, Longueville, Silva, Adur, Domon, Duquet y Mugica».

La atención de esta edición del Día de la Memoria también se concentró en las denuncias contra una Justicia colaboracionista y en el reclamo de democratización. Una vez más, pasado y futuro volvieron a articularse en un presente capaz de reconocer la importancia de la memoria colectiva.

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