Vade retro, pasado

En menos de una semana, el anuncio de condena a reclusión perpetua para el ex Presidente de facto Reynaldo Bignone, los uno y dos artículos recientes de Horacio Verbitsky sobre el sinuoso accionar del ahora Papa Francisco durante nuestra última dictadura militar, la cobertura que el periodismo vernáculo le dedicó a la figura del fallecido José Alfredo Martínez de Hoz, la difusión mediática de una nueva provocación golpista de Jorge Rafael Videla desde la cárcel alteran los nervios de los argentinos hartos de un país en principio anclado en el pasado y por lo tanto incapaz de avanzar (léase progresar). La irritación aumentará de aquí al próximo domingo cuando otra (gran) porción de la sociedad vuelva a celebrar el Día Nacional de la Memoria.

Aunque rara vez mencionadas, las experiencias de Orfeo por un lado y la mujer de Lot por el otro constituyen los referentes que mejor ilustran la peligrosidad de mirar atrás. Así les fue a ambos mortales por desoír una advertencia supranatural: el primero perdió a su adorada Euridice en el infierno; la segunda se convirtió en estatua de sal.

Al margen de la moraleja que emana de estos relatos clásicos (uno de la antigua Grecia y otro bíblico), nada parece probar la conveniencia de darle la espalda a lo vivido. Al contrario, el ser humano se destaca entre las demás especies por su capacidad para reconocer el transcurso del tiempo y para articular pasado, presente y futuro a la hora de concebir su existencia.

El mal de Alzheimer y la enfermedad de Pick son algunas de las patologías que atentan de manera despiadada e irreversible contra nuestra memoria y nuestra facultad cognitiva. Sin ellas, el individuo padece confusiones espacio-temporales y termina despersonalizándose tanto que pierde lucidez, autonomía, subjetividad. Deja de distinguir entre presente, pasado, futuro, y por lo tanto vive en un hoy tan ininterrumpido como insignificante.

Curiosamente esta noción de presente continuo aparece en el reclamo de los argentinos que piden dejar atrás el pasado para reconciliarnos, para progresar, para convertirnos en un país serio. Desde esta perspectiva, el borrón-y-cuenta-nueva auspicia un aquí-y-ahora depurado de errores, taras, rencores, y por lo tanto garante de un futuro mejor.

Lo que en realidad altera no es tanto el reconocimiento del pasado, esa -al parecer inevitable- compulsión por mirar atrás de Orfeo y la mujer de Lot. Lo que en realidad molesta es la insolente ocurrencia de interpelarlo, discutirlo, cuestionarlo. Y si este ejercicio de análisis y eventual revisión contribuye a arrojar luz sobre hechos incómodos desconocidos -o, peor aún, silenciados- entonces el malestar de nuestros compatriotas es aún mayor.

La consigna de “mirar adelante” significa entonces acatar las verdades reveladas de la Historia oficial, y dejar a sus héroes en paz: aquéllos que nos salvaron del peligro indígena / criollo / rosista / comunista / peronista / tercermundista, y aquéllos cuya oportuna omisión también contribuyó a llevar adelante alguna guerra santa y a aniquilar al enemigo de turno.

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PD. El post estuvo a punto de titularse “Suéltame pasado” en honor a este sketch de Les Luthiers, pero ganó la alternativa afín a la euforia eclesiástica que los argentinos experimentamos desde el miércoles 13 de marzo.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

7 thoughts on “Vade retro, pasado

  1. Hola! A mí me parece que este continuo “mirar hacia atrás” es estéril porque no es ecuánime. Para entender verdaderamente lo que pasó, hay que sacar a la luz el comportamiento de la supuesta militancia idealista de los ´70 (al menos de sus cabecillas).

    Al inspeccionar con lupa una sola parte, queda una división ficticia entre puros, ingenuos, idealistas, “democráticos” por un lado, y el gran infierno por el otro. Con sólo reconocer que el infierno no empezó en 1976, sino antes, ya se empieza a descorrer el velo….

    De lo contrario, esto será un Boca-River eterno…….

    Hasta luego
    Stella

  2. Bienvenida a Espectadores, Stella.

    A mi juicio, no existe una versión unívoca del pasado (como tampoco del presente). De ahí la pluralidad de artículos periodísticos, libros, trabajos académicos, ficciones literarias y cinematográficas que proliferan en la Argentina.

    A nivel académico, las aproximaciones de Félix Luna, José Luis Romero, Norberto Galasso, Pacho O’Donnel, Tulio Halperín Dongui, incluso del norteamericano Nicholas Shamway son algunas de las más reconocidas.

    Ningún estudio serio recorta hechos aislados. Retomando tu ejemplo, el terrorismo de Estado perpetrado durante nuestra última dictadura militar es irreductible a la pretendida lucha contra la subversión de los ’70: como bien sugerís, hay que retroceder todavía más para encontrar sus orígenes en la tradición pendular de nuestro país que durante gran parte del siglo XX osciló entre el sistema democrático y la recurrencia a gobiernos cívico-militares de facto (fenómeno iniciado en 1930) y en la urticaria generalizada que el advenimiento del peronismo provocó en los estratos medios y altos de nuestra sociedad (ahora hablamos del período entre 1945-1955). También hay que tener en cuenta el contexto internacional de la guerra fría y de la influencia norteamericana en Latinoamérica y en nuestro país.

    Las variables son muchas. Cuantas más sean tenidas en cuenta, menos riesgo habrá de caer en versiones maniqueas y/o edulcoradas.

    Antes que ecuanimidad, me permito exigir rigurosidad intelectual, sobre todo en los ejercicios periodísticos y académicos: me refiero a la cita de fuentes, a la transcripción fiel de testimonios, a la aclaración de la perspectiva ideológica desde donde se reconstruye el pasado, al análisis de las distintas dimensiones (políticas, económicas, culturales) que permiten entender lo sucedido.

    En este sentido, creo que es sano el ejercicio continuo (yo lo llamaría sistemático). Como familiar de un enfermo de Alzheimer, bien sabés cuán importante es la persistencia y sistematicidad para desacelerar el avance del olvido patológico, y por lo tanto para preservar la integridad física y psíquica de una persona.

    Creo que esto también es válido para la salud de un país.

    Un abrazo.

  3. Es cuestión de Justicia, y de Poder. Esa vieja argucia de la “teoría de los dos demonios” (esgrimida por Stela), ha perdido toda vigencia, ha caído en desgracia por su propia invalidez. Acá lo que hubo fue una dictadura asesina, que troturó y mató a miles de personas para implantar un plan econonómico/social de entrega y desguace del patrimonio nacional. Acá hubo traición a la patria.

  4. Magnífico post .
    Es cierto q a veces hay hechos dolorosos o vergonzosos q todos quisieramos olvidar .Es cierto q ahora ya nadie puede decir “Yo no lo sabía”y es cierto tb q la justicia aunq lentamente ,esta accionando Podriamos entonces darnos un respirito con el pasado y mirar el presente pero …aun hay asesinos sin ajusticiar ,archivos sin desclasificar y hechos sin aclarar de manera q la memoria es vital para retomar el camino de pedido de justicia despues del respiro

    Pd No sabia de la enfermedad de Pick.Siempre se aprende con vos María

  5. Sobrevolamos un poco lo que planteás, Jor El, cuando nos referimos a la polémica que Magdalena Ruiz Guiñazú desató meses atrás en torno a la reedición del Nunca más. Resulta interesante la comparación de los dos prólogos para volver a cuestionar conceptos como el de “objetividad” y “ecuanimidad” históricas.

    Coincido con vos, Mabel. Difícilmente se puede dar vuelta la página mientras la Justicia tarda en pronunciarse ante tantas violaciones a los derechos humanos. La intervención directa del Estado en el secuestro, tortura, asesinato y desaparición de ciudadanos fuera de todo marco legal es un fenómeno tan difícil de digerir: si lo sabrán los alemanes por mencionar el caso más emblemático de crímenes de masa cometidos desde el Poder.

    Es como cuando un individuo atraviesa un episodio traumático en el plano personal: necesita repasarlo una y otra vez -incluso con ayuda profesional- para enfrentarlo, entenderlo y por fin aceptarlo y dejarlo partir (si es que realmente parte del todo).

    Dicho sea de paso, en el post sobre los avisos fúnebres que despidieron a Martínez de Hoz en La Nación, una lectora de Espectadores advirtió sobre la publicación de este sitio-homenaje al ex ministro de Economía e ideólogo de la última dictadura militar. Un detalle nada menor: se trata de un trabajo anónimo, sin ninguna referencia autoral.

    Evidentemente no hay una única porción de la sociedad empecinada en mirar atrás y en ofrecer su propia versión de los hechos.

    ————————————————-
    PD. Gracias por el piropo, Mabel. Si alguien creía que nada supera al Alzheimer en términos de olvido patológico, ahí está la enfermedad de Pick para demostrar lo contrario.

  6. sigo tu columna desde Uruguay y siempre me resulta muy interesante los enfoques de distintos temas. En Uruguay el gobierno del FA, es el que más ha hecho, y están presos los principales responsables de aquella demencial época, parece mentira que homb res “normales ” lleguen a esas atrocidades, y lso uruguayos que felizmente no nos tocó estar presos, ni ningun ser querido, también la sufrimos, pero es diferente, y ya quisiéramos dar vuelta la página, y olvidar, pero yo pienso que si yo que no fui tocada por esa crueldad, no la olvido, como puede una madre que perdió su hijo, o quien sabe que torturaron a un ser querido, como puede quedarse Tranquilo????? y como dijo nuestro presidente esto se acabará el día que todos los protagonistas esten muertos, quizás, y faltan unos años todavía

  7. Una vez más, gracias por opinar desde el otro lado del charco, Beatriz. Estoy de acuerdo con vos: heridas como las sufridas en tiempos de dictadura cierran difícilmente. Ni siquiera estoy segura de que esto ocurra cuando los protagonistas hayan muerto.

    Estuve atenta a lo que sucedió en Uruguay casi un mes atrás cuando la marcha contra el dictamen de la Corte Suprema de Justicia de ese país, que declaró inconstitucional la Ley de Caducidad, y con la posterior carta pública que Eduardo Galeano y Juan Gelman escribieron en repudio a la misma resolución.

    Evidentemente allá también necesitan seguir mirando atrás.

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