Chávez según Lula

«Latinoamérica después de Chávez» se titula el artículo de Luiz Inácio Lula da Silva que el New York Times publicó en su versión impresa de hoy y que aporta una perspectiva local o regional a la cobertura dedicada a la muerte del líder venezolano. No queda claro si el ex Presidente brasileño lo redactó especialmente para el periódico norteamericano (eso parece a priori) o si éste lo rescató de algún otro medio. Sea como sea, resulta interesante la oportunidad que el diario les brinda a sus lectores, en general poco acostumbrados a leer/escuchar textos/discursos enteros de nuestra dirigencia.

A continuación, Espectadores traduce la pieza impresa.
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La Historia confirmará, de manera justificada, el rol que Hugo Chávez jugó en la integración de América Latina, y el significado de los catorce años de su Presidencia para los ciudadanos pobres de Venezuela, donde murió el martes pasado tras una larga lucha contra el cáncer.

No obstante, antes de que la Historia dicte nuestra interpretación del pasado, debemos entender el significado de Chávez en el contexto político local e internacional. Recién después los líderes y habitantes de Sudaméricamerica, quizás el continente más dinámico del mundo hoy, podrán definir claramente las tareas que nos esperan con miras a consolidar los avances hacia la unidad internacional que logramos en la década pasada.

Aquellas tareas adquirieron más relevancia ahora que dejamos de contar con la energía ilimitada de Chávez; su profunda creencia en la potencial integración de las naciones latinoamericanas; su compromiso con las transformaciones sociales necesarias para combatir la pobreza de su gente.

Las campañas sociales de Chávez, especialmente aquéllas implementadas en las áreas de salud pública, vivienda y educación, consiguieron mejorar la calidad de vida de decenas de millones de venezolanos.

No es necesario estar de acuerdo con todo lo que Chávez dijo o hizo. No puede negarse que era una figura controvertida, en general polarizadora, que nunca le escapó al debate y para quien ningún tema fue tabú. Confieso que a menudo sentí que Chávez debería haber sido más prudente y no decir todo lo que dijo. Pero ésta era una característica de su personalidad que no debería, ni siquiera de lejos, desacreditar sus cualidades.

Uno puede disentir con la ideología de Chávez y con un estilo político que sus críticos perciben como autocracia. Es cierto que no tomó decisiones políticas fáciles y que nunca titubeó a la hora de hacerlo.

Sin embargo, ninguna persona honesta, ni siquiera su oponente más acérrimo, puede negar el nivel de camaradería, confianza e incluso amor que Chávez sintió por los pobres de Venezuela y por la causa de la integración latinoamericana. De los muchos dirigentes políticos que encontré en mi vida, pocos creyeron tanto en la unión de nuestro continente y en la diversidad de su gente: aborígenes, descendientes de europeos y africanos, inmigrantes recientes.

El rol de Chávez fue clave en el tratado que en 2008 estableció la Unión de Naciones Suramericanas, organización intergubernamental de doce miembros que algún día podría trasladar al continente el modelo de la Unión Europea. En 2010, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños pasó de la teoría a la práctica cuando ofreció un foro político para la Organización de Estados Americanos (que no incluye a los Estados Unidos y a Canadá). El Banco del Sur, nueva institución monetaria de desarrollo independiente del Banco Mundial y del Banco de Desarrollo Interamericano, tampoco habría sido posible sin el liderazgo de Chávez, que también se interesó profundamente en estrechar lazos entre América Latina, África y el mundo árabe.

Si una figura pública muere sin dejar ideas, su legado y espíritu también desaparecen. Éste no es el caso de Chávez, figura fuerte, dinámica e inolvidable cuyas ideas serán discutidas por décadas en universidades, sindicatos, partidos políticos y cualquier otro ámbito con gente preocupada por la justicia social, la lucha contra la pobreza y por una distribución más justa del poder mundial. Tal vez sus ideas inspiren a los jóvenes del futuro, así como sucedió con Simón Bolívar, el gran libertador de Latinoamérica que inspiró al mismo Chávez.

Es necesario trabajar sobre el legado ideológico de Chávez si queremos convertirlo en realidad en el intrincado mundo de la política, donde las ideas son debatidas y cuestionadas. Un mundo sin su presencia requerirá otros líderes capaces de desplegar la misma fuerza, esfuerzo y voluntad que él tuvo, de manera tal que sus sueños trasciendan los papeles.

Los seguidores de Chávez tienen mucho trabajo en este sentido, y en términos de construcción y fortalecimiento de las instituciones democráticas. Deberán contribuir a organizar un sistema político más orgánico y transparente, a alentar una participación política más accesible; a mejorar el diálogo con los partidos de la oposición, a consolidar grupos sociales y sindicales. De todo esto dependerán la unidad de los venezolanos y la continuidad de las merecidas conquistas de Chávez.

Sin dudas a esto deben aspirar todos los venezolanos —oficialistas y opositores, militares y civiles, católicos y evangélicos, pobres y ricos— para desarrollar el potencial de la nación prometida. Sólo la paz y la democracia pueden concretar estas aspiraciones.

Las instituciones multilaterales que Chávez ayudó a crear seguro contribuirán a asegurar la consagración de la unidad sudamericana. Ya no estará presente en los encuentros, pero sus ideales y el gobierno venezolano conservarán su representación. La camadería democrática que vincula a los líderes de América Latina y el Caribe es la mejor garantía de la unidad política, económica, social y cultural que nuestros pueblos desean y necesitan.

No existe posibilidad de retroceso en términos de unidad. Pero por más firmes que nos sintamos, debemos reforzar nuestra capacidad de negociación en general y de participación en foros internacionales como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario internacional y el Banco Mundial. Estas instituciones surgidas de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial no supieron responder a la realidad del actual mundo multipolar.

Carismático e idiosincrático, capaz de construir amistades, de comunicarse con las masas como pocos, Hugo Chávez nos faltará. A título personal, atesoro la amistad y la sociedad que, en ocho años de trabajo conjunto como Presidentes, nos permitieron generar importantes beneficios para Brasil, Venezuela y sus gentes.