Cracks de nácar

A simple vista, el título Cracks de nácar descoloca tanto como la apertura de la película que Daniel Casabé y Edgardo Dieleke presentaron en la 13a edición del BAFICI, y que en principio estrenarán el próximo jueves 7 de febrero en el los cines Malba y Gaumont. Rómulo Berruti y el menos recordado Alfredo Serra juegan ¿a la ruleta?, ¿al billar?, ¿al metegol?, ¿al TEG? en torno a -suponemos- una mesa rectangular. La respuesta a la incógnita es igual de desconcertante: fútbol de botones.

El hobby singular se convierte en motor narrativo de la crónica de amistad entre estos dos periodistas veteranos. Cada partido dispara recuerdos de juventud y comentarios avezados sobre un juego cuyas reglas hacen de separadores (así como los antecedentes profesionales de quienes se destacan en la cancha: el pícaro Bordavere o los hermanos Amarilla por ejemplo).   

Casabé y Dieleke contagian afecto por Berruti y Serra y, por carácter transitivo, por un tipo de porteño que ambos representan. Los protagonistas comparten anécdotas que nos remiten a una Buenos Aires en vías de extinción (si no desapareció ya) y al ejercicio de un periodismo casi mítico.

Algunos espectadores considerarán innecesario el episodio, evidentemente guionado, de la competencia argentino-brasileña. Otros lo entendemos afín al retrato de nuestra idiosincrasia capitalina y futbolera.

Cracks de nácar entretiene por su efectiva mezcla de sentido del humor, admiración y sensibilidad. Cuesta mantener a raya la ilusión de alguna aparición -o al menos mención- de Carlos Morelli en una película que Berruti (co)protagoniza gran parte del tiempo con un vermucito en mano. Pero el fútbol de botones admite sólo una dupla posible: con Serra.