A vos, Alice Domon

AliceDomon_LNO_PlusHace algún tiempo el diario Le Nouvel Observateur inauguró la sección Le Plus que publica «ideas, análisis, opiniones, descubrimientos gracias a la participación activa de sus miembros». A propósito de nuestro juicio por los vuelos de la muerte (que interesa a Francia por los ciudadanos de ese país víctimas del terrorismo de Estado ejercido en la Argentina entre 1976 y 1983), el mencionado periódico aprovechó su nuevo apartado para cederle la palabra a Jean-Pierre Jacquet (a no confundir con el animador haitiano) que conoció muy bien a Alice Domon, una de las dos monjas francesas desaparecidas. El aporte consiste en una emotiva aclamación que Espectadores traduce a continuación.

Pensamos en vos, Alice, víctima de terribles bárbaros al igual que tu compatriota Léonie, cuando el 28 de noviembre pasado empezó el megaproceso por los vuelos de la muerte en Buenos Aires. Este proceso apunta contra doce jefes de la abominable Escuela Superior de Mecánica de la Armada Argentina (ESMA), ya condenados a cadena perpetua, entre ellos el famoso Astiz y 68 co-inculpados, acusados de la muerte de 789 personas.

A vos, Alice, que en 1957 ingresás al Instituto de Misiones Extranjeras de Muret y te convertis en Hermana Marie-Catherine, alias Cathy, para escuchar y ayudar a los otros.

A vos, que en 1966 recibís tu nombramiento para trasladarte a la Argentina donde te gusta correr entre los barrios pobres, donde la gente se sienta en el umbral de la puerta, siempre dispuesta a charlar un ratito, contás.

A vos, que junto con una de tus compañeras vivís entre los pobres en Villa Lugano, barrio de emergencia situado en los suburbios de la Buenos Aires. Compartís sus vidas, admirás su coraje a la hora de enfrentar dificultades y a menudo el sufrimiento. A vos que ya luchás por los derechos humanos de todos.

A vos que no dudás en trasladarte al mundo rural, cerca de Perrugoría, en la provincia de Corrientes, donde el peón de campo es considerado un vasallo. «Nos encontramos ante un sistema feudal o algo similar, donde el dueño de la tierra tiene derecho a la cosecha y, cuando tiene ganas, también a la mujer y a las hijas de quien la trabaja», le escribís a tu amiga Monique.

A vos, que te comprometés junto con otras compañeras a acompañar este mundo explotado, para ayudarlo a luchar contra injusticias y humillaciones, a organizarse en ligas agrarias, cosa que intimida al gobierno y provoca represión y desapariciones.

A vos y a varias de tus compañeras, que se niegan a obedecer el mandato de sus superiores que les piden «desempeñarse como religiosas y sólo eso…», cuando ustedes viajaron a la Argentina para compartir la vida de sus habitantes y sostenerlos, compartir la vida de todos y en especial de los pobres, los enfermos, los desamparados, los explotados, los perseguidos.

A vos, que en 1975 sos designada por tus colegas para representar a la Argentina en tu instituto en Muret, Francia, y que justo en esta ocasión decidís -junto con doce de tus compañeras- romper con el vínculo que te liga al establecimiento, para abandonar la protección que te brinda tu condición de religiosa, para ser reconocida como una más sin por eso dejar de serle fiel a tu fe.

A vos, que durante la misma estadía en Charquemont le contás sobre tu nueva situación a Monique y le decís que seguro ésa es la última vez que se verán… Porque tomaste la decisión de regresar a Buenos Aires, a sabiendas de las dificultades que vas a encontrar y ciertamente más, dado que te desvinculaste del instituto.

A vos, que, de nuevo en Argentina, te reencontrás con la gente de Perrugoría donde las condiciones son más difíciles y la represión se amplifica. Allí las desapariciones se multiplican y te empujan hacia la capital, donde terminás ayudando a buscar desaparecidos.

A vos, que en Buenos Aires te alojás en la casa de unos y otros, en particular en la de Léonie. Trabajás sobre el problema de las prostitutas y de la prostitución en general, colaborás con el movimiento ecuménico por los derechos humanos y con las Madres de Plazas de Mayo, más ahora que la dictadura se endurece y los desaparecidos se contabilizan de a miles.

A vos, que te secuestran con otras 12 personas a la salida de la iglesia de Santa Cruz, el 8 de diciembre de 1977.

A vos, que sólo volveremos a ver en diarios y pantallas de TV alrededor del mundo en una foto mentirosa, sin dudas trucada, al lado de una Léonie secuestrada dos días después, el 10 de diciembre. Ambas con el rostro marcado por el sufrimiento y seguramente la tortura.

A vos, cuyo cuerpo sigue sin aparecer, quizás convertido en sedimento entre los sedimentos del fondo del Río de la Plata o del océano, o en parte de los numerosos cadáveres marcados por el sello de la tortura, reencontrados en el litoral uruguayo, y de cuya existencia nos enteramos recién hoy.

Entonces sí, Alice, nuestro pensamiento estará con vos este 8 de diciembre de 2012. Sos una Gran Dama, un ejemplo de vida completamente consagrada al otro, una defensora extraordinaria de los derehos humanos, condiciones recordadas por la bella placa que te rinde honores desde escasos meses en la Municipalidad de Charquemont. ¡Bravo Alice! ¡Mil veces bravo!«

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