El origen de los guardianes

De reciente estreno en las salas comerciales argentinas, El origen de los guardianes incita a redactar un panfleto anti-imperialista (de esos bien rojos) sobre los artilugios de la penetración cultural estadounidense por medio del cine y, para peor, destinada a los chicos. Si hasta el gag sobre el ratoncito perteneciente a la “división latina” -así lo explica Tooth, el hada de los dientes- patea el hígado de quienes detestamos el folklore de las multinacionales y demás taras del mundo globalizado.

El estereotipo americano se apodera impunemente de personajes universales como Papá Noel (que aquí se llama North, aún en la versión doblada) y el Coco (el Cuco para nosotros). También de criaturas con poca difusión (el conejo de Pascuas con sus huevos coloreados, el silencioso vendedor de arena) o directamente desconocidas en estas latitudes (la mencionada hada odontofílica y el gélido protagonista Jack Frost).

Éste último constituye el sumun del adolescente hollywoodense con fondo bueno y aspecto rebelde, cabello despeinado, bucito con capucha, pantalones ajustados, zapatillas potentes y toda la gestualidad digna del marketing teen. En el mismo sentido, Santa Claus y el Easter Bunny asumen la apariencia bravucona de los héroes que las producciones made in USA -en este caso Dreamworks Animation– reeditan una y otra vez.

Causa gracia que parte de esta nueva fábula sobre el enfrentamiento entre el Bien y el Mal -entre los defensores de los niños y el rey del miedo y las pesadillas- gire en torno al tema de la identidad: porque Frost olvidó su historia personal, ignora su lugar/rol en el mundo y se resiste a integrar el equipo de Guardianes (como si se tratara de Los Cuatro Fantásticos).

Por un lado, la película alecciona sobre la importancia de nuestros orígenes en tanto determinantes de quiénes somos/seremos. Por otro lado, resulta un canto al fenómeno de aculturación o hibridez cultural.

El doblaje agrava el hastío de quienes experimentamos una sensación de déjà vu casi todas las veces que asistimos a megaproducciones animadas para público infantil. En esta ocasión, nos perdemos las voces de Alec Baldwin (a cargo de Papá Noel), Jude Law (el villano Coco o Pitch), y Hugh Jackman (el conejo de Pascuas). ¿Alguien querrá escucharlo a Chris Pine detrás de Frost?

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

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