El otro líder camionero

Tras haber rondado en torno a la figura del ruralista Alfredo De Angeli en 2008, ayer el fantasma de León Vilarín Marín, León Vilarín a secas o León Pillarín (como parece que le decían) volvió a sobrevolar nuestro territorio argentino, sobre todo para quienes tememos que el paro “de Hugo Moyano” pueda encender una mecha parecida a la que el titular de la Confederación Nacional de Dueños de Camiones de Chile prendió tres décadas atrás contra el gobierno de Salvador Allende.

Al menos en Internet, cuesta encontrar información biográfica sobre este promotor del golpe militar que instauró la dictadura de Augusto Pinochet en nuestro país vecino. Escasean las referencias biográficas, y son todavía más atípicas aquéllas neutras o en principio libres de ideología: de hecho, es una rareza la breve mención aséptica en esta suerte de newsletter que La Prensa Austral distribuyó en agosto de 2009.

Tampoco abundan las fotos. Apenas lo distinguimos en esta primera parte del documental Santiago ensangrentada que el periodista Román Lejtman ideó, escribió y produjo en 2003 para Página/12 (“este paro va a durar hasta que triunfemos; si eso significa la caída de Allende, será mejor y será para felicidad de Chile”, sostiene Vilarín ante un movilero de televisión). Si prestamos atención, podemos reconocerlo en al menos dos documentos Word disponibles en Todo por Chile, sitio web que exige “libertad a los presos políticos de las Fuerzas Armadas y del orden (…) mientras los terroristas andan por ahí libres y en total impunidad”.

A partir de la transcripción de declaraciones del “dirigente de los transportistas y líder de la dirigencia gremial” y de funcionarios del gobierno allendista, ambos informes proponen una cronología de los sucesos políticos de octubre de 1972 (en el primero) y de noviembre del mismo año (en el segundo) en el país trasandino. Vale la pena repasar los extractos porque dan cuenta de la generación de un clima desestabilizador y destituyente, que los autores de estos documentos explotan para elaborar conclusiones como “las represalias (contra quienes adhirieron a la secuencia de protestas gremiales) constituyeron la afirmación más contundente de que no había tolerancia para los opositores. Sólo tendrían cabida los que apoyaban la revolución en la versión de la Unidad Popular y su visión marxista. La guerra civil parecía quedar sin alternativa” (ver última página del informe de noviembre ’72).

En su libro Las dos caras del golpe, el periodista Alfredo Barra ubica en el 25 de julio de 1973 la consolidación de “un nuevo líder que llevó a la Confederación de Sindicatos de Dueños de Camiones de Chile a decretar un paro nacional indefinido del transporte terrestre para inmovilizar al país. Este líder fue León Vilarín Marín, un transportista que si bien al principio también cayó en el embrujo socialista, a esas alturas se sentía más representado por el inconformismo ciudadano. Su afán esta vez era complicarle de tal manera la existencia a Allende que, asediado por todos los flancos, no le quedara otra salida que renunciar a la Presidencia” (página 14).

En cambio, en el artículo El paro que coronó el fin o la rebelión de los patrones, Susana Rojas se concentra en la “huelga de los transportistas” del 9 de octubre de 1972, y define a Vilarín como “uno de los dirigentes del grupo paramilitar de ultraderecha Patria y Libertad”. El presidente de la “Confederación Nacional del Transporte, (que) reunía a 165 sindicatos de camioneros, con 40 mil miembros y 56 mil vehículos, decretó un paro indefinido de actividades que comenzó a cumplirse con rigurosidad militar”.

“Tal y como consta en los documentos desclasificados sobre la acción de la CIA en Chile -prosigue esta otra periodista chilena- de los ocho millones de dólares que la agencia norteamericana destinó a la campaña de oposición al gobierno de Allende, más de dos financiaron el paro de los patrones, como se le denominó a la acción golpista de los transportistas. En opinión de quienes vivieron el hecho, la huelga de camioneros fue el detonante final”.

En su trabajo Chile 1972-1973: Revolución y contrarrevolución, el académico británico Mike González coincide con Rojas en presentar a Vilarín como abogado afín a la “extrema derecha chilena”. En el segundo pie de página de su escrito especifica la condición de miembro “de una pequeña organización de extrema derecha llamada Patria y Libertad que tenía fuertes simpatías por los teóricos del fascismo, y que estaría envuelta en el asesinato del General Schneider a finales de la década del 70 —el General era simpatizante de Allende— y en una serie de incidentes violentos. Desde octubre de 1972 participó activamente en la preparación del golpe militar, y sus líderes Pablo Gonzáles y Roberto Thieme se convirtieron en defensores del régimen militar. Irónicamente, más tarde ambos dos se volvieron contra Pinochet”.

[Dicho sea de paso, Wikipedia le dedica esta página a la agrupación Patria y Libertad. No aparece mencionado Vilarín… ni Pillarín.]

González señala algo en parte atendible desde la actualidad argentina: “La huelga no era simplemente el producto de una pequeña conspiración. Era un movimiento clave dentro de una estrategia donde los camioneros cumplirían el papel de fuerza de choque, para una clase decidida a reasumir el control sobre el Estado chileno, que sentía haber perdido”.

El 14 de agosto de 1999, el diario El Mercurio publicó (aquí) una carta-despedida a Vilarín Marín, que “dejó de existir hace algunos días y (de quien) muy poco se ha dicho en cuanto a la gran contribución que hizo a la historia de nuestro país”. El autor del homenaje se llama Juan Carlos Délano Ortúzar, que se desempeñó como ministro de Economía, Fomento y Turismo de Chile entre 1985 y 1987, es decir, hacia fines de la dictadura pinochetista.

“Durante la Unidad Popular la gran mayoría de los chilenos sentíamos indignación por la situación de constantes atropellos que se vivía y nos encontrábamos sin saber cómo expresarla”, escribió el ex funcionario en su sentida misiva. “Él logró organizar y reunir bajo su dirección a las principales asociaciones gremiales del país y convocar al mayor paro de actividades de que se tenga recuerdo (…). Me parece de toda justicia dejar un testimonio de la forma en la cual un hombre de tremenda fuerza en sus principios tuvo la valentía de rebelarse, la capacidad de liderar a millones de chilenos y transmitirnos la clara conciencia de que nuestros valores no estaban perdidos y de creer en el futuro de Chile”.

Por el bien de la democracia argentina, ojalá nuestro líder camionero Hugo Moyano sepa distinguirse de su fallecido colega trasandino. Ojalá nunca aspire a tributos póstumos como aquél publicado en El Mercurio.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

8 respuestas a “El otro líder camionero

  1. Contradiciendo a León (Gieco)creo que bueno q nadie recuerde a un traidor ni haya rastros de el en internet

  2. Me parece que una parte de la sociedad chilena recuerda muy bien a Vilarín Marín, Mabel. Incluso hay quienes siguen admirándolo por su gesta destituyente. Así lo demuestran los informes de Todo por Chile, el libro de Alfredo Barra y la carta de Délano Ortúzar.

    La escasez de información en Internet no siempre es sinónimo de olvido. Y aún si así fuera, creo que es necesario saber/recordar el papel que este tipo de personajes jugaron en la Historia. De ahí la ocurrencia de elaborar este post, justamente a favor de la memoria.

  3. Pregunta: En el caso chileno, ¿también hubo un apoyo explícito y fundamental para la concentración de su poder, de parte del gobierno nacional hacia el líder camionero?

    Saludos…..

  4. Hola Miguel,

    Por lo que escribe Barra (“Este líder fue León Vilarín Marín, un transportista que si bien al principio también cayó en el embrujo socialista…”), parece que en algún momento hubiera habido coincidencia entre Vilarín y el gobierno de Allende. Pero no creo que esto haya supuesto un apoyo explícito por parte del gobierno socialista.

    Entiendo que tu pregunta no es inocente. De ser así, aclaro por las dudas que este post reconoce las diferencias entre las realidades chilena y argentina (de ahí el último párrafo). Por lo pronto, la trayectoria de Moyano es diferente a la de Vilarín, y ciertamente la relación del primero con el kirchnerismo no es la misma que la del segundo con el allendismo.

    Saludos.

  5. La verdad, amiga, que la comparaciòn entre Hugo Moyano y Vilarìn tampoco es inocente. No podría serlo, ni siquiera hay que aclararlo.

    Pero Moyano es un chofer de camiones que ahora es secretario general de una de las varias CGT y el dirigente chileno era dueño de camiones y dirigente de los patrones del transporte de cargas.

    Los colegas argentinos de Vilarín son los de la FADEEAC . y los colegas chilenos de Moyano seràn los del sindicato de choferes de camiones, naturalmente enfrentados en la mesa de Vilarìn.

    Vilarìn era un dirigente patronal, como los de la mesa de enlace, y un golpista explícito y furioso. La verdad es que hasta ahora cuando este gobierno enfrentò un intento destituyente Moyano estuvo del lado de las instituciones, y fue muy ùtil.

    Ahora se sienten mas fuertes , deciden tirarlo por la escalera y el Hugo se junta con gente muy mala (y nosotros con Calò, Cavallieri, Gerardo Martinez…) para no quedar a la intemperie.

    Està bien, yo estoy en contra de ese rejunte y el martes trabajè para romper el paro, pero nada tiene que ver Moyano con un momio chileno al servicio de la CIA.

    besos, igual nos queremos.

  6. Insisto, Jorge… Nadie dice que Moyano y Vilarín sean iguales. Entre otras cuestiones, creo que el post deja bien claro que el “camionero chileno” representaba a la Confederación de Sindicatos de Dueños de Camiones. También señala su condición de abogado, su adhesión a un grupo de extrema derecha y la inversión que la CIA hizo en su persona (o en el paro que comandó): no creí necesario aclarar que Moyano no comparte ninguna de estas tres características.

    Del mismo modo, tampoco son idénticos el Chile del ’72 / ’73 que la Argentina de 2012. Sí me llaman la atención 1) cierta construcción discursiva (en los informes de Todo por Chile) que a mi juicio se asemeja a la retórica apocalíptica del antikirchnerismo, y 2) la reflexión del historiador Mike González sobre esa “clase decidida a reasumir el control sobre el Estado chileno, que sentía haber perdido”.

    Comparar no significa equiparar u homologar. Lamento que el post se entienda de esa manera.

    Un abrazo.

  7. Hola Jorge y maría Bertoni, León Vilarín recibia de la CIA el pago diario en dólares de cada camión en huelga. Esto está confesado por el propio Vilarín en una entrevista a un periodista italiano de apellido Graziani. Buscaré de vuelta la entrevista de Graziani en la Internet ya que le traducí al castellano algunas de sus notas (ha pasado mucho tiempo y no recuerdo bien tampoco el nombre de pila de tal periodista. Pero recuerdo el hecho y la confesión de Vilarín de que la CIA le había prometido un Chile de mayor bienestar si adhería a mantener la huelga pagada en dólares diariamente a sus afiliados.
    Creo que detrás de Moyano está la misma fuerza oculta (La CIA). Moyano por si mismo no tiene talla para pensar en semejante tamaño. Tampoco Magnetto tien la talla. Pero la Reserva Federal de Estados Unidos, si la tiene e inflan desde la sombra las estrategias necesarias para acabar con este gobierno.

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