El ministro, estreno postergado (por cuarta vez)

La distribuidora local Zeta Films dejó de actualizar la fecha del estreno porteño de El ministro (o El ejercicio del Estado), que cambió al menos cuatro veces desde agosto pasado. Por lo pronto, en el sitio web correspondiente, todavía figura el 18 de octubre que reemplazó al 20 de septiembre y que luego perdió pie ante dos reprogramaciones: la primera para hoy 15 de noviembre y ¿la última? para el próximo jueves 22.

Los legos en materia de distribución y exhibición cinematográfica creemos percibir una puja constante entre estas dos actividades, con tendencia a complicarse cuando intervienen los productores de las películas nacionales que pretenden proyectar en salas comerciales y no tanto. La padecimos mientras esperamos el desembarco de La León de Santiago Otheguy y de La máquina que hace estrellas de Esteban Echeverría.

El desconocimiento hace pensar que el imperativo lucrativo no respeta ningún cronograma o ninguna palabra empeñada, con perdón del anacronismo. Parece no haber empacho en bajar un estreno prefijado porque conviene darle prioridad a otro en principio más redituable o con mayor aliento publicitario. Si la sospecha de este procedimiento indigna a algunos espectadores, cuesta muy poco imaginar las úlceras que provocará en los pequeños productores y distribuidores empeñados en colocar su film.

Otra vez, el público raso imagina que las grandes productoras/distribuidoras tienen menos problemas a la hora de garantizarles a sus títulos las mejores condiciones de exhibición. Los riesgos de úlcera serán inferiores.

L’exercice de l’Etat (éste es el título original de la película de Pierre Schöller) participó del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata del año pasado (donde ganó el premio Astor de plata por la actuación del protagónico Olivier Gourmet) y de la cuarta edición del ciclo Les Avant-Premières en marzo pasado. Es una pena que el circuito comercial siga dilatando el estreno de un thriller político atípico, en parte porque invita a reflexionar sobre la gestión pública más allá del desempeño de un solo funcionario.

De hecho, uno de los grandes aciertos de esta coproducción franco-belga consiste en evitar el retrato personalista del poder, y en mostrar que el “ejercicio del Estado” compromete no sólo a los políticos y sus asesores, sino también a los empresarios: por ejemplo, a aquéllos al frente de los medios de comunicación y aquéllos embarcados en alguna iniciativa privatizadora.

En este sentido, Schöller da un pasito más que George Clooney con The Ides of March o Secretos de Estado (ojo con la posible confusión de títulos). El actor norteamericano devenido en director ambienta su aproximación a la clase política en plena campaña electoral, es decir en la instancia previa al ejercicio de la gestión pública. Su cámara privilegia entonces la elaboración del discurso y la conducta proselitistas, y por lo tanto el vínculo con el poder mediático. En cambio brilla por su ausencia el sector empresarial.

Sin dudas, otro anzuelo de El ministro es la actuación del mencionado Gourmet. De hecho, también da bronca que las sucesivas postergaciones en el cronograma de estrenos cinematográficos porteños dilaten además el ansiado reencuentro con el actor fetiche de los hermanos Dardenne.