Siempre nos quedará París. El cine y la condición humana, de José Pablo Feinmann

En Siempre nos quedará París. El cine y la condición humana, José Pablo Feinmann reedita virtudes y defectos de El cine por asalto, libro donde también expresa su amor por el séptimo arte además de analizar películas y géneros en términos históricos, sociológicos, filosóficos. Como su antecesora, esta nueva publicación es una suerte de compendio: mientras aquélla reunió distintos artículos publicados en Página/12; ésta transcribe aproximaciones vertidas en el programa que el escritor condujo en la televisión pública: Cine ConTexto.

La principal virtud de este tercer libro cinéfilo -el primero fue Pasiones de celuloide– radica en el homenaje que surge del Feinmann espectador. Primero porque provoca mayor empatía en quienes también nos definimos como amantes de la pantalla grande desde que tenemos uso de razón. Segundo, porque los comentarios autorreferenciales son más digeribles en este plano que cuando el autor saca chapa de guionista y filósofo.

Las taras que encontramos en El cine por asalto -y que aquí también reaparecen- se originan básicamente en un discurso egocéntrico. Las reflexiones en torno al descubrimiento de un ensayo de Gilles Deleuze, la recreación de una conversación con Raúl Juliá durante el rodaje de Tango bar y el cuento inspirado en Psicosis (El grito de Janet) son los tres pasajes más elocuentes en este sentido: el primero porque revela un (discutible) sentimiento de superioridad intelectual; el segundo porque refleja cierta tendencia cholula (que solemos criticarles a Axel Kuschevatzky o a Catalina Dlugi); el relato breve como hipérbole del mencionado narcisismo.

La retórica ególatra también incluye una evidente intención provocadora, como cuando Feinmann reivindica a Woody Allen por encima de Ingmar Bergman. “No hay películas bergmanianas de Allen -escribe en la página 120- sólo hay películas de Allen. ¿O acaso hay películas allenianas de Bergman? Allen tiene obsesiones que coinciden con las de Bergman (…) pero creo que el neoyorkino es un cineasta francamente superior al sueco y sus películas, al menos a mí, me agradan mucho más, porque acude a menos símbolos y más acciones. No necesitamos ver a un caballero jugando con la muerte al ajedrez, sino que la muerte está presente en acciones dramáticas”.

Don José Pablo les presta muy poca atención al cine europeo y al latinoamericano, incluso al nuestro. Su objeto de estudio es, sobre todo, la producción made in Hollywood del siglo XX. Sin dudas, ésta es otra fuente de desencanto para los lectores que sentimos debilidad por las películas hechas en el viejo continente y en nuestra patria chica y grande.

Dicho todo esto, el libro que Capital Intelectual editó el año pasado, y que ya va por su segunda reimpresión de dos mil ejemplares, vale por algunos análisis interesantes. Por ejemplo, el segundo capítulo dedicado a “la bandera del imperio” y atento a una posible comparación entre Lo que el viento se llevó y La conspiración, o el decimotercero sobre las películas malditas, o el capítulo 21 sobre la cuestión moral en la kantiana A la hora señalada.

Por suerte, Siempre nos quedará París… presenta una segunda virtud, ligada a su condición de “compendio” y por lo tanto a la invitación una lectura ocasional, salteada y/o desordenada. De esta manera, es posible darles prioridad a los textos escritos por el Feinmann espectador y relegar aquéllos donde la autorreferencia excesiva empaña la expresión más noble del amor cinéfilo.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

2 thoughts on “Siempre nos quedará París. El cine y la condición humana, de José Pablo Feinmann

  1. María, ¿no te parece que José Pablo Feinmann escribe mucho? Su ritmo de publicación es apabullante, y me parece que la cantidad de sus escritos, últimamente, conspira contra la calidad de los mismos. Lo digo con pena, porque admiro a Feinmann. Lo he leído bastante y hasta he asistido a muchas de sus clases en el Centro Psicoanalítico Argentino. Pero bueno, a no deprimirnos, seguramente volverá a maravillarnos con otro buen libro. Y si no lo logra, bueno, siempre nos quedará “Filosofía y nación” o “La sangre derramada”.

  2. Es posible, Damián, aunque Siempre nos quedará París es la transcripción de intervenciones televisivas (según el prólogo escrito por el mismo Feinmann, Germán Ferrari se encargó de darles forma a la conversión de los audios), y El cine por asalto también es un compliado, pero de artículos periodísticos. Con esto quiero decir que estos libros no son producciones originales; por eso no sé si está escribiendo mucho más que las contratapas para Página/12.

    Debo confesar que mantengo una relación de amor-odio con don José Pablo. Comparto la mayoría de sus análisis, admiro algunos de sus textos, pero con el tiempo empezó a molestarme cada vez más su discurso autorreferencial, la sensación de que necesita demostrar cuánto sabe, cuánto ha dicho o escrito ya.

    También me irrita un poco que se autoproclame “filósofo”. No sé… Este título me remite a cráneos como Michel Foucault, por poner un ejemplo más o menos contemporáneo. No estoy tan segura de que Feinmann esté a esa altura (pienso lo mismo de Tomás Abraham, ubicado en las antípodas ideológicas).

    Dicho esto, leo a (este) Feinmann cada vez que tengo oportunidad, y, como vos, apuesto a que vuelva a publicar algo destacable.

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