Cuando los chanchos vuelen

Después de haber visto el inolvidable documental This is my life… Hebron, cuesta dejarse llevar por las ficciones que proponen una alegoría sobre el conflicto israelo-palestino en Medio Oriente. De ahí, quizás, la dificultad de apreciar íntegramente Cuando los chanchos vuelen, coproducción franco-alemana que nuestra cartelera porteña estrenó sin pena ni gloria a fines de agosto pasado, y que admite comparación con El árbol de lima, La novia siria, incluso con La visita de la banda (cuyo actor protagónico -Sasson Gabai o Gabay- también protagoniza la aquí comentada película de Sylvain Estibal). 

El título en castellano elegido para Le cochon de Gaza (El chancho de Gaza) refuerza la intención de expresar un deseo que se reconoce imposible: la reconciliación entre israelíes y palestinos. Tan inverosímil es este sueño como que un pescador atrape un cerdo vivo en sus redes sumergidas, como que un soldado israelí y una campesina palestina coincidan en (ad)mirar la misma telenovela brasileña, como que un terrorista suicida termine salvando su vida sin provocar grandes daños, como que chicos víctimas de explosiones sean eximios bailarines de breakdance a pesar de sus miembros amputados.

La escena que gira en torno a estos jóvenes tullidos es quizás la más vulnerable a las críticas de quienes les reprochan a este cine la retórica demagógica. Es cierto que al término del film Estibal peca de recurrir a una realidad incómoda (la existencia de chicos mutilados por el conflicto armado) para explicitar la apuesta utópica, pero parece excesivo calificar a esta fábula de «alegoría triplemente degradante«.

En todo caso, algunos espectadores le tuvimos más miedo a la serie de encuentros, rejas de por medio, entre el pescador Jafaar y la colona judía. De hecho, por un momento temimos asistir a una reedición de la sí indignante (y aquí comentadaEl niño con el pijama a rayas.   

Tal vez Cuando los chanchos vuelen valga menos por su condición alegórica que por las pinceladas de actualidad que reconocemos quienes seguimos de cerca el conflicto en Oriente Medio. Por ejemplo, el comentario del protagonista sobre el perímetro de pesca impuesto por Israel evoca este artículo de Juan Gelman, y la omnipresencia militar israelí en Gaza nos retrotrae al mencionado documental de Giulia Amati y Stephen Natanson.

Desde esta perspectiva, el largometraje de Estibal tiene el mérito de invitar a reflexionar sobre la convivencia de elementos absurdos y dramáticos en un enfrentamiento por ahora irresoluble. Por otra parte, la empatía que los espectadores sentimos hacia el protagonista y su esposa sugiere que el director francés es menos ambivalente de lo que algunos críticos le reprochan.