¡Magdalena, más rigurosidad!

La denuncia contra la presunta manipulación del prólogo de la octava edición del Nunca Más alimenta la sospecha que algunos oyentes de Magdalena Tempranísimo -sin dudas una ínfima minoría- rumiamos hace tiempo: la Sra. Ruiz Guiñazú se aparta cada vez más del ejercicio periodístico riguroso. Esta suerte de alejamiento llama la atención en una profesional de trayectoria que además sigue defendiendo los principios de la prensa seria, objetiva, neutral, independiente.

Ayer lunes, Magdalena aprovechó su espacio en AM Continental para reforzar la indignación expresada en la columna de opinión «Robar a los muertos«, que el diario La Nación publicó esa misma mañana y que Eudeba contestó horas más tarde (la versión más extensa de la respuesta figura en InfoNews). Hoy, en tanto conductora radial, insistió en acusar al kirchnerismo de haber borrado la firma de Ernesto Sábato del prólogo original, y de confundir el informe de la Conadep con un «programa» de vigencia actual.

Ruiz Guiñazú ignoró olímpicamente el PDF que Eudeba difundió para probar la ausencia de firmas en el prólogo de la primera edición del Nunca Más. En cambio, eligió citar el link a esta página web «donde la versión digital del prólogo en cuestión no sólo lleva la rúbrica del escritor argentino sino su foto».

Evidentemente Magdalena es poco ducha con Internet. De lo contrario, se habría dado cuenta de que la página en cuestión pertenece a una revista virtual, Derechos Humanos, que -como tal- admite la edición e ilustración de sus contenidos. En otras palabras, la publicación de la firma y la(s) foto(s) en esta mera transcripción (a no confundir con «versión digital») es exclusiva responsabilidad de quien llevó adelante esa pequeña publicación online.

En su programa de esta mañana, la periodista leyó la última frase del segundo prólogo agregado en 2006 («El Nunca Más es un vasto programa a realizar por el Estado nacional, por las provincias y municipios y por la sociedad argentina en su conjunto, si queremos construir una Nación realmente integrada y un país más justo y más humano para todos») para probar la apropiación kirchnerista del trabajo que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas realizó en 1984, bajo la Presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín.

Por respeto a la ecuanimidad profesional que tanto reivindica, Magdalena debería haber leído el segundo párrafo del mismo segundo prólogo, que desmiente la presunta intención negacionista de la administración K. Atención por favor: «A partir del restablecimiento de las instituciones constitucionales, el 10 de diciembre de 1983, hubo grandes hitos como el informe de la Conadep, que hoy vuelve a reeditarse, y el juicio a los integrantes de las tres primeras juntas militares, entre otros procesos judiciales».

Es más, el párrafo finaliza con la siguiente última frase que reconstruye sintéticamente el período de transición entre la presentación de aquel primer informe y la decisión de reeditarlo (no sólo con un segundo prólogo sino con dos tomos complementarios): «Hubo también pronunciados retrocesos como las llamadas leyes de Punto Final y de Obediencia Debida y los indultos presidenciales a condenados y procesados por la justicia federal».

En su encendido refuerzo radial del texto publicado en La Nación, Ruiz Guiñazú (se) preguntó «porqué los kirchneristas no se ocupan del terrorismo de Estado en tiempos de la triple A». Como en otras oportunidades, la periodista utilizó la expresión «huevo de la serpiente» para referirse a los gobiernos de Juan e Isabel Perón, cuyo accionar represivo preparó el terreno para el advenimiento de la última dictadura militar y su guerra sucia.

Al margen de cuán discutible sea esta apreciación histórica (para algunos, el huevo de la serpiente fue puesto mucho antes, tal vez cuando la llamada «década infame» o cuando la Revolución Libertadora del ’55), cabe volver a señalar cuán desinformada se encuentra Magdalena. De hecho, los mencionados anexos que incorporó la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación incluyen datos sobre la represión ilegal perpetrada por gobiernos anteriores a 1976 (dicho sea de paso, esta nota del diario Perfil forma parte de la cobertura general que nuestro periodismo gráfico le dedicó al asunto).

En su programa de ayer lunes, Magdalena entabló una conversación telefónica con Graciela Fernández Meijide para comentar el «atropello a la memoria» que supone la octava edición del Nunca Más. Quien fuera secretaria de la Conadep criticó la «intencionalidad política» de la reediciones a partir de 2006; cabe preguntar si utilizaría la misma expresión para definir la denuncia mediática de una práctica censora -o tergiversadora- inexistente.

Con toda razón, alguien señalará que la polémica en torno a los dos prólogos del Nunca Más se renueva cada tanto desde aquella presentación de la nueva versión en la Feria de libro de 2006. Uno de los episodios más lamentables ocurrió a mediados de 2009 cuando el cruce de palabras entre la mencionada Fernández Meijide y el este año fallecido Luis Eduardo Duhalde.

Algún lector memorioso también recordará este comunicado que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación hizo circular en febrero pasado para desmentir «versiones difundidas por portales de noticias inescrupulosos y otros pseudo comunicadores sociales, entre ellos Magdalena Ruiz Guiñazú».

Dados estos antecedentes, tal vez habría convenido que la conductora de Magdalena Tempranísimo intentara entrevistar a alguna autoridad de Eudeba para consultar sobre la firma de Sábato, y a algún especialista en normas y procedimientos relativos a la (re)publicación de obras impresas en general y, mejor aún, de informes públicos en particular. A lo mejor así, la Sra. Ruiz Guiñazú habría podido presentar argumentos (más) sólidos a la hora de volver a expresar su enérgico rechazo a la -ahora octava- reedición del Nunca Más.

De paso, habría demostrado que sigue ejerciendo el periodismo con honestidad intelectual y riguroso profesionalismo. Para satisfacción de sus oyentes fieles y de quienes la escuchamos desde el disenso.