Adiós al Efecto Hobsbawm

Esta mañana, el anuncio de la muerte de Eric Hobsbawm fue colándose de a poco, primero en los medios británicos (aquí por ejemplo), luego en la prensa internacional. Sus admiradores lamentamos esta partida sin hacerle caso al (falso) consuelo de que el historiador nacido en Egipto y nacionalizado inglés tenía 95 años y estaba enfermo hacía tiempo.

Por esta misma emoción y por la resistencia a enfrentar la amarga realidad, Espectadores se refugia en dos viejos artículos, tal vez más interesantes que las notas necrológicas de rigor. Los detractores de Página/12 sabrán disculpar el atrevimiento de citar dos textos publicados en este diario argentino.

El primero es la biografía que el escritor Juan Forn publicó en julio de 2011 (para algunos lectores, valdrá más que las versiones de manual previstas para hoy). El segundo es la transcripción de la entrevista que Martín Granovsky hizo en marzo de 2009, y que muestra al historiador preocupado por la actualidad argentina de ese entonces (sobre todo por el conflicto del primer gobierno de Cristina Fernández con «el campo»).

Ambos textos tienen el tino de evitar palabras rimbombantes y academicismos. Transcribimos algunos párrafos y declaraciones para enfrentar la despedida inevitable y agradecer tanta lucidez y honestidad intelectual.

En pleno auge del pensamiento neoconservador, cuando se aseguraba que habíamos llegado al fin de la Historia, Hobsbawm dijo que lo que había terminado era el siglo veinte nomás y logró que se hiciera canónica su manera marxista de ver el siglo (cuyo inicio fijó en 1917, con la Revolución de Octubre y su cierre, en la caída de la URSS en 1989). Después de la caída de las Torres Gemelas en 2001, dijo algo que repitió cuando mataron a Bin Laden hace meses: «El mundo necesita más que nunca a los historiadores, especialmente a los escépticos».

Si el pasado es otro país, era de rigor que un expatriado múltiple como él se convirtiera en su historiador por antonomasia.

(…)

En sus memorias, en sus reportajes, en su Era de los extremos, Hobsbawm nos cuenta el siglo veinte como si el propio siglo hablara de sí mismo, en una de esas sobremesas de trasnoche en que de golpe llega la hora de la sinceridad más descarnada: el siglo habla y todos sentimos que habla de nosotros.

La única manera de que nos entre de verdad la Historia es entender que no es letra muerta, sino experiencia viva: que eso que pasó nos pasó a todos. Ése es el Efecto Hobsbawm para mí: alguien que sopla suavemente en nuestro oído y nos hace entender de golpe qué es el famoso viento de la Historia.

El viento de la Historia, de J. Forn.
Página/12, 22.07.11.

El mundo está complejo. No quiero caer en slogans, pero es indudable que el Consenso de Washington murió. La desregulación salvaje ya no sólo es mala: es imposible. Hay que reorganizar el sistema financiero internacional. Mi esperanza es que los líderes del mundo se den cuenta de que no se puede renegociar la situación para volver atrás sino que hay que rediseñar todo hacia el futuro.

(…)

A esta altura se necesita otro FMI absolutamente distinto, con otros principios, que no dependa sólo de los países más desarrollados y en el que una o dos personas toman las decisiones. Es muy importante lo que están proponiendo Brasil y la Argentina para cambiar el sistema actual. ¿Cómo están las relaciones entre ustedes?

– Muy bien.

Eso es muy importante. Manténganlas. Las buenas relaciones entre gobiernos como los de ustedes son muy importantes en medio de una crisis que también implica riesgos políticos.

«Además de injusto, el mercado absoluto es inviable«.
Casi una conversación entre Hobsbawm y Granovsky
Página/12, 29.03.09.