Días de vinilo

Días de vinilo es una de esas comedias cuyos teaser y trailer entusiasman más que la película entera. La aparición de una mujer oriental (que además porta las siglas Y.O) en la vida de un doble de John Lennon, la convicción del individuo amargo que asegura tener sentido del humor, el juego de palabras desde (el premio) Pulitzer hasta (Kim) Bassinger, la intervención de Leonardo Sbaraglia como caricatura de sí mismo son los principales aciertos de la propuesta de Gabriel Nesci, que se articulan de maravilla en los cortos promocionales pero que se vuelven excepcionales en un guión redundante y demasiado inspirado, por momentos, en Alta fidelidad y, por momentos, en el programa (que el mismo director hizo para TV años atrás) Todos contra juan.

Como la serie que también protagonizó Gastón Pauls y la exitosa Graduados, este estreno del último jueves de septiembre se sube al tren de las historias protagonizadas por treintañeros/cuarentones cuya amistad les rinde tributo a los insuperables años ’70/’80 y revela claros síntomas del síndrome de Peter Pan. La elección de «You’re my best friend» de Queen para abrir y cerrar las desventuras de Damián, Luciano, Facundo y Marcelo sintetiza el doble tributo a un vínculo afectivo e histórico, y a una pubertad o adolescencia que muchos recordamos con nostalgia e incluso idealización.

La banda que lideró Freddie Mercury, los Beatles, Phil Collins, David Bowie, The Police son algunos de los nombres que conforman un tercer homenaje, en este caso a la música. Sobre todo a un tipo de música: al rock & pop anglosajón -a esta altura clásico- que Nesci distingue de los hits nacionales actuales, tan marketineros como inconsistentes y efímeros.

El protagonismo asignado a las canciones que ayudan a resistir las experiencias personales desgraciadas, a mejorar la performance de seducción, a expresar amor incondicional, a evaluar a un candidato a pareja estable remite indefectiblemente a Alta fidelidad. La escena en el negocio de discos de vinilo y el compilado que Luciano le regala a Karina son pruebas inconfundibles de la referencia al trabajo de Stephen Frears, con John Cusack.

El relato en primera persona a cargo de Damián, las vicisitudes en tanto guionista acomplejado, los diálogos desopliantes con un famoso que accede a tomarse el pelo a sí mismo (en este caso se trata del mencionado Sbaraglia), los papeles secundarios acordados a Alfredo Castellani y a Ezequiel Campa evocan sin dudas a Todos contra Juan. En este punto cabe preguntar si a Días de vinilo no le habría convenido el formato televisivo.

Dos son los mayores reproches que algunos espectadores le hacemos a esta película. El primero, una duración excesiva (debida, quizás, al prolongado episodio de sordera que sufre Luciano o a las subrayadas tribulaciones de Marcelo con su Yoko Ono colombiana). El segundo: el desnivel actoral (saltan a la vista las diferencias entre, por ejemplo, Maricel Álvarez y Emilia Attias).

Por suerte, los aciertos condensados en el teaser y el trailer compensan estos aspectos cuestionables y, en líneas generales, Días de vinilo se deja ver. Por otra parte, vale mencionar la suerte de antídoto que Nesci utiliza contra reseñas desfavorables, y que consiste en caracterizar a la crítica de arte/cine interpretada por Carolina Pelleritti como un ser frío, calculador, insensible.

La estrategia se parece a la que Roland Emmerich usó para 2012.