2016: Obama’s America, o el cine documental como operación de prensa electoral

A menos de tres meses de los comicios presidenciales en los Estados Unidos (que tendrán lugar el martes 6 de noviembre), resulta interesante navegar entre las noticias online de la industria cinematográfica norteamericana. Así es como en junio nos asomamos al escándalo político-mediático en torno a Zero Dark Thirty (ficción de Kathryn Bigelow y Mark Boal sobre la cacería de Osama Bin Laden), y ahora en agosto nos enteramos de la discusión -mucho menos altisonante- que provocó el lanzamiento de un documental anti Obama.

2016: Obama’s America se titula el largometraje distribuido por Rocky Mountain Pictures y cuyo estreno tuvo lugar el 13 de julio pasado en Texas (a partir de mañana 10 de agosto desembarcará en las salas del resto del país; éste es el cronograma). Aquí, el sitio del film sintetiza el propósito del trabajo (vislumbrar qué será de USA en los próximos cuatro años si don Barack es reelecto) y la trayectoria profesional del productor Gerald Molen (cuyo curriculum lista los exitazos Jurassic park, Twister, Días de trueno, Minority report, La lista de Schindler) y del director/conductor Dinesh D’Souza (nacido indio, en Mumbai, protagonista del american dream, asesor político de Ronald Reagan en la Casa Blanca, autor de The roots of Obama’s rage o Las raíces del odio de Obama y Letter to a young conservative o Carta a un joven conservador entre otros pretendidos bestsellers)*.

Un detalle al pasar… La página web no menciona al director y guionista John Sullivan, quizás por su escasa experiencia profesional.

El slogan de la película es «Lo amas. Lo odias. No lo conoces». La tercera oración anuncia la intención de mirar más allá, no sólo hacia el futuro (para anticipar lo que traerá una eventual reelección), sino hacia el pasado (para descubrir secretos que pretenden justificar el rechazo a un segundo mandato).

The Christian Post parece haber contribuido a la promoción del documental. En esta entrevista, Molen explica cómo terminó trabajando en el proyecto de D’Souza y expresa su opinión sobre la administración Obama: además de señalar el «problema de la deuda», se confiesa preocupado por el plan «de desarmar a los Estados Unidos» y «porque este gobierno apoya más la posición palestina que israelí». A pesar de «estar suscripto al partido republicano», el productor hollywoodense prefiere describirse como «independiente» y como «un halcón fiscalizador que vela por los valores conservadores».

En esta otra entrevista de la misma publicación, D’Souza es todavía más alarmista. «Obama pretende encoger a los Estados Unidos», sostiene. «Quiere reducir la impronta de nuestro país en el globo porque piensa que pisoteamos al mundo. Quiere redistribuir el dinero de los ricos a los pobres pero no hablamos de una redistribución nacional sino global: de las naciones ricas –EE.UU incluido– a las naciones pobres como México, Brasil, Colombia (nótese la falta de ¿ortografía o tipeo? del periodista Alex Murashko que escribe «Columbia»).

El director/conductor del largometraje admite la intención «de generar un debate sobre el futuro de América«, pero aclara que «nunca mencionamos la elección; de ninguna manera le decimos a la gente por quién votar». Asimismo confiesa haberse inspirado en «el desastre intelectual de Fahrenheit 9/11«: como la película de Michael Moore, ésta también «se estrena en pleno año electoral y cuestiona a un Presidente controvertido, que divide en dos al país».

Según informa The Hollywood Reporter, el documental recaudó más de 31 mil dólares -«cifra considerable para una producción independiente»- apenas dos días después del estreno texano. La publicación especializada también contó que el gerente de la sala donde tuvieron lugar las funciones recibió varios llamados telefónicos en contra de esta exhibición. El hombre les contestó «no hacemos películas; simplemente las proyectamos».

Desde el viernes pasado se encuentra disponible la reseña que la misma THR le dedica al documental. El crítico Stephen Farber elogia el comienzo del film en tanto «recapitulación justa, medida e informativa de la historia personal de Obama», pero cuestiona algunas decisiones editoriales, por ejemplo la secuencia del psiquiatra que señala la influencia «significativa» de un padre ausente. «¿Será tan así?», (se) pregunta el periodista.

Farber afirma que el largometraje «descarrila» en la última media hora «cuando abandona el género biográfico para especular sobre las convicciones anticolonialistas de Barack Obama padre» y la heredada «radicalización» del actual Primer Mandatario, decidido a «desmantelar los viejos valores norteamericanos». Prosigue el periodista: «para probar su tendencioso punto de vista, D’Souza menciona a Frank Marshall Davis, amigo del abuelo de Obama en Hawai y miembro del Partido Comunista, pero en ningún momento aclara que esta afiliación era perfectamente legal en los años ’40».

La reseña enumera otras evidencias discutibles. Por ejemplo, el hecho de que Obama haya asistido a una clase en la Universidad de Columbia con Edward Said, reconocido académico pro-palestino ya fallecido, probaría sus simpatías socialistas y sus reparos con respecto al Estado de Israel.

Siempre según Farber, D’Souza también ridiculiza al Presidente de los Estados Unidos cuando lo escracha balbuceando en la presentación del proyecto de asistencia médica universal. En cambio la cámara no muestra a los individuos provocadores que se colaron entre el público con el fin de perturbar la conferencia oficial (al parecer, hasta se habría editado el sonido para que el espectador no pueda escuchar los ruidos que desorientaron al Presidente).

Como The Hollywood Report, la revista Variety también descalifica la película. En este artículo, el periodista Joe Leydon la define como un «montaje alevoso de imágenes rápidas, dramatizaciones de episodios pretendidamente reales, entrevistas ultra guionadas y comentarios en primera persona que buscan retratar al jefe de Estado como un verdadero peligro producto de su filosofía socialista». También se refiere a la «cabalgata de teorías conspirativas, conjeturas psico-políticas y etiquetas incendiarias».

Son pocas las reseñas que defienden el trabajo de D’Souza. Por ejemplo, ésta publicada en Breitbart lo reivindica por hacer preguntas que los medios -o los agentes de prensa de la Casa Blanca- no admiten. Además acusa a los  demócratas y a la izquierda (si es que existe la izquierda en los Estados Unidos) de repudiar algo que ellos hicieron con George Bush Jr. y George Romney Jr.: desautorizarlos, incluso burlarlos por su historia familiar.

A miles de kilómetros de distancia, podemos imaginar que 2016: Obama’s America es menos un documental que una -más o menos discreta- operación de prensa electoral. El hallazgo vuelve a sugerir la existencia de ciertas coincidencias político-mediáticas entre los Estados Unidos y nuestra también dividida Argentina.

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* La bibliografía de D’Souza incluye otros títulos reveladores como Enemy at home: the cultural left and its responsibility for 9/11 (o El enemigo en casa: la izquierda cultural y su responsabilidad por el 11/9) y What’s so great about America? (o ¿Porqué los Estados Unidos son tan grandiosos?). Por otra parte, vale aclarar que 2016: Obama’s America es una adaptación cinematográfica del ya mencionado The roots of Obama’s rage y del último libro Obama’s America a secas.