El paro subterráneo, otra oportunidad para señalar nuestra inconducta ciudadana

Sin ánimo de discutir sobre responsabilidad política (en esta ocasión cada argentino elegirá acusar a la administración PRO, al gobierno nacional, a la empresa Metrovías y/o a los metrodelegados), prefiero despotricar contra nuestra inconducta ciudadana en circunstancias adversas como el paro de trabajadores del subte que desde el sábado pasado complica el transporte público en la Ciudad de Buenos Aires. Me refiero a la incapacidad de enfrentar nuestra sensación de orfandad colectiva con algo más que protestas/reclamos ociosos y el ejercicio del tradicional “sálvese quien pueda”.

Si nos sentimos dignos de una dirigencia proba (algunos dirán “suiza” o “sueca”), deberíamos empezar por superar la convicción de que “el ejemplo debe bajar de las altas esferas” (dejemos de asignarles un rol paterno o superyoico a nuestros gobernantes) y por conducirnos como una sociedad madura (¿”a la suiza/sueca”?). Si estamos seguros de que nuestros políticos y sindicalistas contravienen toda norma afín al interés común, demostremos entonces cuán distintos -mejores- somos los pobladores rasos.

El lunes pasado me tomó dos horas el viaje del trabajo a casa (entre Puerto Madero y Villa Urquiza), que rara vez supera los cuarenta minutos en circunstancias normales. El accidente ferroviario ocurrido en la estación de Retiro canceló las operaciones en los tres ramales de TBA y por lo tanto agravó las consecuencias de la medida de fuerza subterránea.

Sin embargo, ni esta desafortunada combinación de factores ni la desventura de viajar en dos colectivos abarrotados se comparan con la constatación de que, si la consigna “que se vayan todos (los políticos)” se hiciera realidad, quedaríamos el resto (¿los apolíticos?) y nadie notaría la diferencia.

Un solo ejemplo a modo ilustrativo… El mismo lunes, el segundo bondi que tomé perdió más de veinte minutos en atravesar el cruce entre las avenidas Triunvirato y Los Incas. Los semáforos no funcionaban, y ningún agente de tránsito o de la Metropolitana o de la Policía Federal ordenaba el tráfico. Los conductores de vehículos medían sus fuerzas para ver quién avanzaba primero; muy pocos peatones se atrevían a pisar la calle.

Un colectivero corajudo descendió de su unidad, se posicionó en la mencionada intersección y, mediante algunas señas, consiguió abrir dos vías de acceso. Sus colegas, los automovilistas, los motociclistas parecieron civilizarse hasta que el buen samaritano regresó a su puesto de trabajo: la lucha por el paso prioritario se reanudó inmediatamente.

Intentos como el de este colectivero son infrecuentes entre los argentinos de clase media para arriba. De hecho, nuestro manual idiosincrático recomienda sacar provecho de cualquier gesto bienintencionado o solidario: si algún idiota útil abandona su propio vehículo para ayudar a normalizar el tránsito, estemos bien atentos para meter la trompa de nuestro auto/moto en el primer resquicio abierto y atropellemos a quien le corresponda circular primero.

Rara vez los argentinos reconocemos nuestra conducta ¿irrespetuosa?, ¿mezquina?, ¿canalla? como ciudadanos. En general nos resulta más cómodo rasgarnos las vestiduras ante una dirigencia ineficiente y corrupta, a la que suponemos salida de quién sabe dónde, como si fuera un champignon exótico o una milicia extraterrestre. A esta altura no es nada original citar la observación atribuída a André Malraux -“los pueblos no tienen los gobiernos que merecen, sino aquéllos que se les parecen”- pero qué bien viene para cerrar este improvisado post sobre nuestra irresponsabilidad ciudadana.

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Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

5 thoughts on “El paro subterráneo, otra oportunidad para señalar nuestra inconducta ciudadana

  1. Adoro bS As para pasear, como todos los montevideanos, pero me asusta su gran magnitud, y una cosa que me llama mucho la atención es la seguidilla de accidentes ferroviarios en estos dos últimos años cosas que antes no se sentían en esa gran ciudad, nosotros desde nuestra aldea tenemos problemas de convivencia y gobernabilidad ni quiero pensar en una ciudad tan populosa y magnífica
    hasta siempre
    beatriz

  2. Y sí,María, la noción de “bien común” y la diferencia fundamental que existe entre ser sólo habitante y ser ciudadano de un país son categorías de pertenencia y convivencia que los argentinos no hemos incorporado aún. Lamentablemente.

  3. Creo que los problemas de convivencia ciudadana son habituales en las urbes muy pobladas, Beatriz. Pero también tengo la sensación de que los porteños somos especialistas en ignorar deliberadamente al prójimo. Esta característica idiosincrática se nota más en circunstancias adversas, y cuando va de la mano con la costumbre de señalar la paja en el ojo ajeno (en el ojo de la dirigencia, en este caso) sin la menor intención de autocrítica.

    Por las (pocas) veces que estuve en Montevideo, y por los (pocos) montevideanos que conozco, tengo la sensación de que hay menos locura del otro lado del Río de la Plata. Quizás tengas razón y la diferencia se deba a una cuestión de cantidad poblacional; yo tiendo a creer en el factor idiosincrático (una mezcla de elementos históricos y culturales que forjan nuestra personalidad social).

    En cuanto a la crisis ferroviaria, viene de larga data. Hay quienes señalan sus orígenes cuando la nacionalización en manos de Perón. Hay quienes sostienen que el desmantelamiento empezó tras la Revolución Libertadora. Lo cierto es que, desde uno u otro punto de partida, ningún gobierno se ocupó del tema (algunos continuaron adrede la destrucción del servicio).

    Si a más de medio siglo de políticas indiferentes o directamente adversas le sumamos un mayor flujo de usuarios y el lógico envejecimiento de los materiales, entonces es lógico que también aumenten todo tipo de problemas, incluidos los accidentes.

    Gracias por darte una vuelta por Espectadores, Beatriz. Un saludo desde este otro lado del charco.

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    Resalto la diferencia que señalás entre “habitante” y “ciudadano”, La Resistente. Como bien sugerís, la mayoría de los argentinos parece desconocerla. Gracias por el comentario.

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