¡Liberen a Mr. Bates!

Downton Abbey dista de perder protagonismo mediático tras la finalización de su segunda temporada, que en nuestra televisión por cable ocurrió semanas atrás. El anuncio de los candidatos a los premios Emmy -cuya 64ª entrega tendrá lugar el 23 de septiembre próximo- es una de las excusas más recientes para volver a hablar de la serie inglesa: las 16 nominaciones asignadas renovaron los elogios acumulados desde la primera (y mejor) parte*, y contribuyeron a difundir las filtraciones sobre la tercera (cuyo estreno internacional se producirá escalonadamente a partir del mismo septiembre).

La contratación de Shirley MacLaine para encarnar a la madre de la condesa de Grantham fue quizás la noticia más celebrada, no sólo por la incorporación en sí, sino por las expectativas que despierta el encuentro actoral con Maggie Smith. O, mejor dicho, los encontronazos en la ficción entre la aristocratísima Violet Crawley y su consuegra nueva-rica, además de norteamericana.

[Dicho sea de paso, ojalá la novedad no relegue demasiado a la prima Isobel, a cargo de la impecable Penelope Wilton.]

Otro anuncio despampanante data de marzo. En aquel momento, TV Line reveló «en exclusiva» la intención de producir una cuarta e incluso quinta temporada (por favor, no cometan ese error), y sostuvo que al menos cinco actores protagónicos ya habían firmado los contratos correspondientes.

También en marzo, The Mirror se tomó con solfa la eventual extensión de la serie e ironizó sobre «el drama detrás de escena». El tabloide inglés contó que Smith y Dan Stevens (Matthew en la ficción) todavía no firmaron nada -lo cual «les causa pánico» a los productores- y se refirió a la indecisión de Siobhan Finneran (Miss O’Brien) y Jessica Brown Findlay (Lady Sybil).

De las filtraciones y especulaciones que siguen proliferando desde entonces, Espectadores se queda con esta crónica que el blog televisivo de IMDb le dedicó a la conferencia de prensa realizada el sábado pasado para oficializar el lanzamiento de la tercera temporada. Sobre todo con la foto de Hugh Bonneville (cuesta reconocer al acartonado Robert Crawley) pelando una remera a favor del injustamente encarcelado John Bates.

El post también desliza pequeños detalles de la historia que se desarrollará en los años ’20 y ’21. Lógicamente, nada demasiado revelador pero con la dosis suficiente de intriga como para alimentar la curiosidad de los fanáticos.

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* Algunos televidentes coincidirán con el título del post que Sarah Huges publicó en el blog radial/catódico de The Guardian: «Downton ‘domina’ a pesar de sus defectos». Al menos para quien suscribe, la segunda temporada se desarrolló de una manera menos fluida (natural) que su predecesora, en parte porque ciertos conflictos surgieron y se resolvieron rápidamente, como una estrategia para mantener al público cautivo (por ejemplo, el flirteo del conde de Grantham con una mucama o la irrupción de la gripe española).