¡Larga vida a Quino!

El fin de semana pasado, Leda Valladares y Jorge Luz extendieron la lista de figuras talentosas que en 2012 la Parca autóctona se lleva sin descanso, en otra demostración de cholulismo exacerbado. Ante tantos homenajes post-mortem, que suenan tardíos en algunos casos, bien vale celebrar los ochenta años que Quino cumple hoy martes 17 de julio.

Joaquín Lavado y sus trabajos están tan presentes en nuestras vidas que los argentinos lo citamos con frecuencia: o bien nos inspiramos en algún personaje para describir rápidamente a alguien, o bien recordamos situaciones -incluso parlamentos completos- de sus variadas viñetas e historietas para ilustrar/respaldar nuestras propias observaciones.

En este sentido los bloggers también le debemos mucho al humorista gráfico mendocino. Por lo pronto, Espectadores lo mencionó o reprodujo algunos de sus trabajos en una decena de posts: aquí, por ejemplo, publicó una pequeña reseña dedicada a la versión animada de Mafalda; aquí imaginó la adultez de Susanita; aquí y aquí señaló la fisonomía quiniana/quinista de los actores españoles José Luis López Vázquez y Chus Lampreave; aquí invitó a reflexionar sobre la negacion del sufrimiento ajeno en el discurso reaccionario.

Las indiscutibles virtudes profesionales de Quino no alcanzan para comprender la condición masiva, casi universal, de su merecido éxito. En otras palabras, sorprende escuchar expresiones de admiración en boca de individuos con opiniones similares a los señorones que Don Joaquín pinta sin piedad: por algún motivo este tipo de lectores no reconoce como propia la condición insensible, en ocasiones canalla, de esos calvos gordos bien atildados y sus esposas a veces entradas en kilos, a veces estiradas (en más de un sentido).

Los fanáticos del humor gráfico argentino pensamos especialmente en este Maestro cuando fallecieron primero Fontanarrosa y luego Caloi. Lo abrazamos en esos momentos y volvemos a hacerlo hoy: para combatir el frío que provocan ciertas ausencias, y por supuesto para celebrar los primeros ochenta años de una vida que desconoce los límites del tiempo y la territorialidad.