Historias argentinas

Además de ver Tierra de los padres, los interesados en abordar el pasado de nuestro país más allá de las versiones oficiales harán bien en sintonizar Historias argentinas, ciclo que Mario Pacho O’ Donnell conduce los sábados a las 21 en la televisión pública, justo después de Disparos en la biblioteca. Como el docudrama protagonizado por Juan Sasturain, esta propuesta también empezó el 30 de junio. Su primera entrega extendió el contexto de mayo de 1810 y julio de 1816 a sucesos y personajes rara vez tratados por nuestros manuales escolares; también le dedicó una sección especial a la figura de Manuel Belgrano.

El programa utiliza un formato entre periodístico y pedagógico. El tratamiento de cada tema consta de dos partes: un primer informe cuyas imágenes y voz en off sintetizan las enseñanzas difundidas en las aulas y en medios de comunicación (la pieza dedicada al 25 de mayo incluyó extractos de esta película muda de Mario Gallo), y luego una suerte de contrapropuesta que O’Donnell comenta/lee ante cámara, sentado detrás de un escritorio.

En este punto cabe destacar las palabras del conductor cuando presentó el ciclo y aclaró su postura editorial, centrada «en los procesos populares» y en una perspectiva «federalista». Dicho de otro modo, nadie podrá acusar a Don Pacho de ocultar su intención revisionista.

Por lo menos dos entrevistas en el piso enriquecen la contraposición entre el informe y la columna de opinión. En el primer capítulo, O’Donnell charló primero con la historiadora Araceli Bellota, que entre otras cosas reivindicó el rol de la mujer en tiempos de lucha independentista, y hacia el final con Pablo Rago a propósito de su trabajo en el film Belgrano.

Al parecer, el periodista Jorge Fernández Díaz y Rodrigo de la Serna serán los invitados a la emisión del sábado próximo, que estará dedicada a la figura de José de San Martín. Evidentemente el actor fue convocado para contar su experiencia como protagonista de Revolución. El cruce de los Andes.

Algunos televidentes encontrarán un tanto anacrónica la exposición detrás del escritorio. Incluso habrá quienes sufran ante algunos tics de Pacho: por ejemplo cuando no sabe qué hacer con los anteojos y se los pone y saca a repetición, o cuando carraspea ante cámara sin discreción.

Paciencia… Los reparos que puedan provocar la escenografía y el escaso carisma catódico del conductor desaparecen a medida que descubrimos otra manera de reconstruir el pasado -y entender el presente- de nuestro país.