Nota mental sobre policía y poder punitivo, a diez años de la masacre de Avellaneda

El señalador que ilustra este post data del año ’80 u ’81. Lo encontré el domingo pasado, por casualidad, en un libro escolar de la época. Pensé en el sentido oportuno de esta aparición, a días de cumplirse diez años del hoy conmemorado asesinato de los militantes Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

También recordé los sentimientos contradictorios que la policía me inspiraba en tiempos de dictadura e infancia. El señalador, por un lado, y la famosa viñeta donde Mafalda descubre el “palito de abollar ideologías“, por el otro, sintetizan el encontronazo.

La contradicción desapareció con los años. Se impuso la mezcla de miedo, bronca, desprecio que me provocan los uniformados; se esfumó la ilusión de protección alimentada por la escuela, los medios y la módica campaña de marketing institucional que habrá diseñado el resucitado señalador. También con los años fui entendiendo que la policía es la punta del iceberg represivo, uno de los brazos armados de -en palabras de Raúl Eugenio Zaffaroni- “el poder punitivo“.

Un día como hoy, vale la pena repasar el análisis de este integrante de nuestra Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre los verdaderos agentes ejecutivos del Poder (nótese la inicial mayúscula) no sólo en la Argentina sino en el mundo globalizado. A continuación, algunos párrafos destacados.

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 Latinoamérica carece de un modelo propio de policía, democrático y adecuado a nuestras necesidades. Sobreviven prácticas del siglo XIX junto a segmentos tecnificados y algunas iniciativas ordenadoras, pero sin dejar el esquema  jerarquizado militarizado. Todo complicado con los innumerables tráficos globalizados y manifestaciones de criminalidad económica.

 El modelo vigente permite una violencia que por momentos alcanza límites de masacre: las ejecuciones sin proceso disfrazadas de enfrentamientos son una realidad policial, las detenciones sin otro objetivo que hacer estadística sólo reafirman la imagen negativa, el afán por mostrar eficacia lleva a la tortura y a la fabricación de hechos (desde la imputación a un inocente vulnerable hasta celadas montadas para ejecutar a varias personas). Todo depende del grado de deterioro institucional alcanzado.

 Este modelo no sólo lleva a una clarísima violación de derechos humanos de los más vulnerables de la sociedad. También lesiona los derechos humanos del propio personal policial, que sufre pésimas condiciones de trabajo. Para colmo de males, se ha profundizado la llamada “privatización de la seguridad”, con empresas que superan la capacidad de la policía estatal. Cuando los controles no son rígidos, estos servicios pueden derivar en actividades cercanas al pago de protección.

 El control de la exclusión social es otra funcionalidad preocupante en este modelo policial suicida. Producto potenciado por el irresponsable festival de mercado de fines del siglo XX, el excluido urbano se diferencia del explotado porque no forma parte del sistema. Es un ser humano descartable que se agolpa en las periferias urbanas y que es necesario controlar.

 Criminalizados, victimizados y policizados son seleccionados de los mismos sectores sociales. Los escuadrones de la muerte, los justicieros barriales, las muertes por tóxicos o para eliminar competidores en su distribución, la ejecución policial sin proceso, la victimización de habitantes del propio barrio y de policías son funcionales a una táctica de control.

 Esta serie de muertes configura una “masacre por goteo” que se diferencia de la “masacre masiva” (aquéllas que producen todas las muertes juntas). Es urgente definir nuevos modelos policiales, si es que realmente se quiere prevenir masacres de ambos tipos.

 El problema es que, por lo general, los políticos no tienen una idea clara de la cuestión policial. La limitación es grave, puesto que la policía es una institución imprescindible en la vida social moderna, y su descuido señala una falla de imprevisibles consecuencias políticas generales.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

8 thoughts on “Nota mental sobre policía y poder punitivo, a diez años de la masacre de Avellaneda

  1. Me debo la lectura del libro de “Zafa” (para los amigos ;P). A ver si este ultimo semestre puedo

  2. ¡Alan! ¡Qué bueno reecontrarte por acá!
    Hacete un lugarcito este semestre y “leete” a Zafa. Sus libros en general -y sobre todo La cuestión criminal– abre cabezas.

    PD. No te olvides de que Espectadores ofrece aquí los pdf de todos los capítulos, además de una entrevista exclusiva. 😉

  3. Increíble que me recuerdes! Me siento querido y escuchado! 😛
    Me cuesta horrores leer en pdf… No puedo dejar el formato de libro. Pero ya me pongo a leer la entrevista.

  4. Tenés razón, Alan: nada como el libro (en el peor de los casos las fotocopias) que podemos tocar, subrayar, atesorar.

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    PD. Espectadores recuerda -porque tiene muy presente- a sus lectores, sobre todo a aquéllos que intervienen con buena onda (ojo, a los mala onda también 😛 ).

  5. Qué tema difícil y delicado, también tomando en cuenta lo que está pasando en Bolivia en este momento con la policía.
    Uno quisiera poder oir voces sabias como la de Zaffaroni debatiendo con profundidad estos temas, en vez de las noticias tendenciosas de los medios y los arengadores que piden mano dura como solución mágica.
    Por otro lado (como bien lo dice uno de los puntos de tu resumen) gran parte del personal policial también es victima del mismo sistema perverso.
    Nunca entendí detalles como que la Policía es una “agencia”, o que los agentes tengan que comprar con su plata el arma reglamentaria.
    Ojalá alguien entendido en el tema me lo explique, pero con una visión integral del tema.

  6. Aberel, tal vez también te interesen estos pasajes escritos por el Dr. Zaffaroni en La cuestión criminal.

    “En el siglo XIX, cuando nuestros países se organizaron más o menos precariamente, las autoridades políticas pactaron con las agencias policiales la concesión de áreas de recaudación autónoma a cambio del control de las mayorías como garantía de gobernabilidad. Sin ocuparse de los medios que éstas utilizaban, las autoridades políticas habilitaron toda forma de violencia, siempre que recayese sobre las clases subalternas y los disidentes.

    A medida que avanzó el siglo XX, este modelo de policía asumió formas más complejas como resultado de los movimientos de ampliación de ciudadanía. No obstante, se mantuvo con variables más o menos técnicas y acomodándose a las nuevas condiciones sociales.

    (…)

    El modelo policial actual sirvió para una sociedad estratificada y oligárquica, pero hoy es suicida. Pierde eficacia preventiva, se le descontrolan mandos medios, pierde el control interno cuando los problemas exceden cierta dimensión. El reclutamiento indiscriminado no hace más que aumentar los males.

    Cuando las situaciones de violencia se vuelven insostenibles por la repercusión pública y no basta con entregar a algún ejecutor, el político releva las cúpulas pero el modelo continúa vigente y se reproduce. Por su parte, la criminología mediática oscila: según los momentos políticos se hace eco del discurso policial que atribuye el fracaso a las garantías penales, o responsabiliza a la corrupción o ineficacia policial”.

  7. Interesante de verdad. También sería bueno saber si Zaffaroni tiene alguna propuesta alternativa al modelo policial actual.

  8. Creiamos mucho q las polìticas inclusivas disminuirìan indices delictivos .Creìamos muchos q mejorando las escuelas de policìas los policìas serian mejores .Creiamos muchos q más policìa en la calle alcanzarìa para atemorizar a delicuentes
    Màs càmaras ,mas gendarmes ,mas polis ,màs mòviles .
    Un mapa del delito q muestra zonas q se deben cuidar màs.
    Intentos de desbaratar corrupciòn policial
    Programas q muestran q hay gente laburando en todos los sectores aùn en los señalados como peligrosos
    Se hacen cosas
    Nada alcanza
    No se ven mejoras notables Es triste ver q algo se escapa al análisis Tal vez la justicia no acompaña este intento ?
    Es un tema muy complejo

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