Sombras tenebrosas

Con perdón de los fanáticos de Tim Burton, Sombras tenebrosas representa una vuelta de página para quienes seguimos la filmografía del cineasta norteamericano sin las anteojeras de la incondicionalidad. A 24 años de su primer éxito -la insuperable Beetlejuice– y a 22 de la promisoria sociedad con Johnny Depp -en El joven manos de tijera-, una nueva ficción de estilo gótico y con el ya clásico actor fetiche a cargo del rol principal genera un efecto de déjà vu que ni el anuncio de homenaje a la serie homónima (desconocida por estos lares) consigue aplacar.

Las casi dos horas de duración agravan la sensación de repetición que supera los límites burtonianos. Por un lado, el último enfrentamiento entre el protagonista y su archi rival reedita, en general, tantos otros combates cinematográficos y televisivos entre seres sobrenaturales (citemos por ejemplo la catódica True blood) y, en particular, el memorable duelo entre Madeline Ashton y Helen Sharp en La muerte le sienta bien de Robert Zemeckis.

Por otro lado, Depp también se plagia a sí mismo (o, mejor dicho, al capitán Jack Sparrow) en la piel de un vampiro dieciochesco. La voz del pirata se hace presente en las escenas más graciosas: por ejemplo cuando Barnabas Collins asiste a la emisión catódica de un recital de Los Carpenter y le pide a la cantante Karen que salga de la pantalla del televisor, o cuando reconoce a Alice Cooper como la mujer más fea que alguna vez conoció.

Mucho más que Johnny, se lucen las secundarias Eva Green y Helena Bonham Carter. De hecho, ambas actrices también superan a (la en esta ocasión excesivamente encorsetada) Michelle Pfeiffer.

La reconstrucción mediática de los primeros años ’70 con la lúgubre y anacrónica mansión Collins como escenario central es, sin dudas, uno de los mayores aciertos de Burton y su equipo. De hecho, la primera mitad de Sombras… entretiene porque nos presenta un mundo y una historia que la televisión norteamericana inventó casi medio siglo atrás, y porque concentra los momentos más ocurrentes: aquéllos relacionados con el choque cultural que protagoniza quien vuelve a lo vida tras doscientos años de entierro.

Lamentablemente las observaciones que la nueva era provoca en el protagonista desaparecen a medida que avanza el film, y ceden paso a un relato más convencional, y por lo tanto previsible. La segunda mitad de Sombras tenebrosas se transforma entonces en una parodia de la mencionada True blood con un toque de Death becomes her.

De esta manera, la última de Burton parece concederles la razón a quienes alguna vez anunciaron el fin del cine a manos de la televisión. Por eso algunos espectadores consideramos que es oportuno dar una vuelta de página.