Día del Periodista, versión 2012. Por un reconocimiento libre de sacralización

A principios de mayo Daniel Santoro denuncia en Clarín, diario donde trabaja, la campaña de desprestigio que la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) promovió en su contra. Walter Goobar redacta este completo informe para la revista Veintitrés.

Invitada días atrás al programa Palabras más, palabras menos, María O’Donnell se indigna ante un gobierno empecinado en negar la existencia «de un periodismo independiente». Antes, Jorge Lanata lidera la protesta «Queremos preguntar» (en las conferencias de prensa que brinda el gobierno nacional), slogan también presente -y cuestionado- en la entrega de premios Martín Fierro.

Semanas después, el conductor de Periodismo para todos denuncia en una carta abierta a Cristina Kirchner su condición de «desaparecido» en la «reescritura (presidencial) de la historia de Página/12», que festejó su primer cuarto de siglo. Por las dudas, niega de antemano que su misiva tenga intención política.

Entre fines de mayo y principios de junio, la Corte Suprema de Justicia de la Nación precisa el plazo de vigencia de la medida que suspendió el artículo 161 de la Ley de Medios (esto significa que en diciembre vence el plazo de la desinversión exigida) y ordena a la provincia de San Luis que «se abstenga» de aplicar una normativa provincial de regulación de servicios audiovisuales y de «concretar cualquier otro acto relacionado con la radiodifusión que requiera la conformidad de la autoridad nacional y no cuente con ella».

Alfredo González Luenzo, designado nuevo director de C5N, aclara en esta entrevista que el canal de noticias no se convertirá en otro 678, pero que sí albergará voces «con un sentido de pertenencia a la Nación, intereses genuinos de la Patria». Recordemos que la emisora cambió de manos a fines de abril cuando la transacción comercial entre Daniel Hadad y el Grupo Indalo.

Distintos colectivos de prensa organizan para hoy a las 13 una manifestación en la esquina porteña de Callao y Santa Fe con el fin de repudiar las agresiones a movileros de 678 por parte de un grupo de caceroleros y a trabajadores de otros medios en la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas por parte de una patota presuntamente vinculada con el intendente Jesús Cariglino (anoche algunos twitteros difundieron un anuncio de paro por parte de los empleados de Télam «hasta que la dirección fije posición» sobre este segundo episodio).

Los sindicatos de prensa también anuncian una quita de firmas para denunciar al grupo Clarín por incumplir el acuerdo paritario homologado por el Ministerio de Trabajo y firmado por AEDBA, los delegados de cada diario y la UTPBA. En este contexto, el periodista Diego Pietrafesa se solidariza aquí con Ricardo Jugnghanns. Por las dudas, cabe recordar que el editor del noticiero de Canal 13 fue despedido «hace tres años y medio, acusado del peor delito que para ciertas empresas un trabajador puede cometer: ser delegado gremial».

A las 14 habrá otro acto, esta vez para exigir la inmediata reposición del programa Leña al fuego que el periodista Herman Schiller conducía en Radio de la Ciudad. El ciclo fue levantado por las nuevas autoridades macristas de la emisora, Carlos Ares y Baltasar Jaramillo (vale la pena releer este artículo de Osvaldo Bayer).

También para hoy jueves está prevista la entrega del premio Pluma de Honor, instituido por la Academia Nacional de Periodismo, al director del diario La Nación, Bartolomé Luis Mitre. La ceremonia tendrá lugar esta tarde en el museo que -oh casualidad- lleva el mismo apellido.

Casi una semana antes, Clarín celebra la designación de Ricardo Kirschbaum como presidente de la Global Editors Network. En su discurso de agradecimiento, el editor general del matutino se compromete, entre otras cosas, a reafirmar «los derechos y reglas básicas del periodismo».

Cuesta enumerar todas las menciones autorreferenciales del periodismo argentino -o mejor dicho porteño- difundidas en el transcurso de los últimos diez, quince días. Éste es apenas un intento de síntesis que seguro deja afuera, por omisión involuntaria y/o crasa ignorancia, algún episodio significativo (se me ocurre ahora la marcha atrás con los despidos en Perfil).

Aún con sus eventuales limitaciones, esta recopilación de datos bien vale como muestra del contexto que acompaña la conmemoración del Día del Periodista en nuestro país. Por lo visto y al margen de algunas excepciones, nuestros hombres y mujeres de prensa siguen pareciendo más afines al ejercicio retórico que al autocrítico. También da la sensación de que perduran las divisiones -cuando no enfrentamientos- irreconciliables: el antagonismo cambia de etiquetas (neutralidad vs. parcialidad; profesionalismo vs. militancia; información vs. relato) pero se mantiene constante.

Por último, la dimensión sindical de nuestros medios gana visibilidad aunque rara vez trasciende los espacios alternativos. La conducta corporativa se nota especialmente en el silencio de las firmas y voces consagradas.

Hoy se cumplen 202 años desde la fundación de La Gazeta de Buenos Ayres, primer periódico de nuestra etapa independentista, y 74 desde la designación del 7 de junio como «el Día del Periodista«. A esta altura nadie puede negar que cronistas, editorialistas, publicistas, empresarios, sindicalistas, lectores, oyentes, televidentes celebran el ejercicio profesional que entienden (en ocasiones comparten), respetan y defienden.

A lo mejor, asumir la condición parcial, subjetiva y/o comprometida de este reconocimiento es otro paso hacia la saludable desacralización del oficio. Podríamos empezar desde el principio, con la instauración de esta fecha.