Una cita, una fiesta y un gato negro

A menos que el cronograma de estrenos cambie a último momento, mañana jueves 24 arribará a la cartelera porteña Una cita, una fiesta y un gato negro. La presentación en esta fecha significa todo un desafío, ya que en principio coincidirá con el desembarco de tres títulos potentes que cubren los distintos gustos de nuestro público: híper comercial en el caso de Hombres de negro 3, con debilidad por la industria british por parte de El exótico hotel Marigold, y atento al cine de autor en el caso de Le Havre de Aki Kaurismäki.

Si cabe referirise a una «competencia», ésta será muy cruel. Por lo pronto, la película argentina corre con gran desventaja, o más precisamente con un guión que parece atrasar décadas, como inspirado en las comedias ñoñas de los años ’70 (por ejemplo en aquéllas dirigidas por Enrique Carreras). Tanto es así que ni siquiera el empeño de Julieta Cardinali y Leonora Balcarce consigue erradicar este desafortunado efecto anacrónico. 

Sin ir tan lejos en el tiempo, la opera prima de Ana Halabe evoca La suerte está echada de Sebastián Borensztein. Aquel largometraje de 2005 también se propuso bromear sobre la figura del jettatore pero con un humor algo más osado. Otra curiosidad cinematográfica: bajo las órdenes del hijo de Tato, Cardinali encarnó un rol secundario y Marcelo Mazzarello (que interviene brevemente en Una cita…) compartió protagonismo con Gastón Pauls, cuyo hermano Nicolás actúa en el largometraje aquí comentado.

Al margen de posibles comparaciones, el mayor desacierto de este estreno nacional es la insistencia en una moraleja sobre los riegos de proyectar fallas propias en los demás (o, pero aún, en un mismo chivo expiatorio) y sobre la importancia de la amistad para la psicología femenina. La crónica del reencuentro entre Gabriela y Felisa es tan convencional y redundante que depara muy pocas sorpresas en los planos narrativo y actoral.

Como Cardinali y Balcarce, el resto del elenco tampoco consigue lucirse. Por enésima vez, Rita Cortese interpreta a una mujer sensata y confidente; Fernán Mirás a un marido devoto; Roberto Carnaghi a un inescrupuloso simpático; Nicolás Pauls a un galancete informal… y siguen los estereotipos. La única que se luce, en un papel chiquitito, es Vivian El Jaber (¿qué realizador se animará a proponerle un rol protagónico a esta ex Cha cha cha?).

Antes de terminar, cabe destacar que Halabe compuso la música original de su primer película, además de co-escribirla, co-producirla y dirigirla. Seguro tanto esfuerzo rinde mejores frutos en un segundo intento.