También lloramos a Carlos Fuentes

No terminamos de reponernos de la muerte de Caloi, que la despiada Parca contraataca con otro guadañazo sorpresivo. Un par de horas atrás, los medios revelaron la identidad de la nueva víctima: Carlos Fuentes.

Otra vez la memoria biográfica se pone en marcha, y en esta ocasión evoca dos vínculos personales con el escritor mexicano: uno literario, gracias a la lectura de Las buenas conciencias en primer año del secundario, y otro cinematográfico a partir de la adaptación de Gringo viejo que Luis Puenzo dirigió y co-escribió con Aída Bortnik (la versión contó con el visto bueno del propio Fuentes, autor de la novela original).

Años más tarde, volví a pensar en el periodista Ambrose Bierce cuando leí a su colega y compatriota John Reed en México insurgente. Por su parte, el recuerdo de Jaime Ceballos aparece con más recurrencia, probablemente porque la experiencia de aquel adolescente con la (buena) conciencia burguesa sigue encontrando asidero en nuestro presente latinoamericano.

Carlos Fuentes fallece hoy, casi dos años después que su tocayo, colega, y conciudadano Carlos Monsiváis. Sin dudas, estas «estampas de medio siglo» de amistad ayudan a combatir la pena que la Parca refuerza en apenas diez días.